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Colon » El Entre Rios
Fecha: 31/08/2025 09:30
La máxima del título, atribuida tanto a Napoleón Bonaparte como a Sun Tzu, no pierde vigencia, aunque pocas veces encuentra prudentes que la apliquen. La popularidad del presidente Milei y su gobierno parece haber comenzado a flaquear, por una serie de errores propios. Lejos de dejar al Gobierno persistir en su error, sus adversarios dan validez, en no pocas ocasiones, a la cualidad de “orcos” que les atribuye el Presidente. El Índice de Confianza en el Gobierno elaborado por la consultora Poliarquía para la Universidad Torcuato di Tella mostró en julio una caída mensual de 13,6% en la imagen del gobierno. El valor de 42,4% que dio el estudio es el menor para la administración Milei. El dato corresponde a la percepción de la ciudadanía durante la encuesta de agosto, antes de darse a conocer los audios del caso Discapacidad. ¿Qué pasó? Las dos áreas en que más flaqueó la imagen del gobierno son “Capacidad para resolver los problemas del país” (-14,6%) y “Preocupación por el interés general” (-18,2%). En el primer punto todavía mantiene un nivel de aprobación cercano a 50%; en el segundo, de apenas 35%. ¿Qué nos dicen estas cifras? Por un lado, sugieren que el programa del Gobierno para resolver los problemas de la economía todavía es bastante confiable. Es probable que la caída mensual se deba a la devaluación del peso durante el mes de julio, y el temor de que ese movimiento del tipo de cambio vaya a repercutir sobre la inflación. También es probable que parte de la percepción se deba a los fracasos del Gobierno en el Congreso, que amenazan su programa económico. Que el movimiento del dólar no se traslade a precios podría ayudar a que el Gobierno recupere parte del terreno perdido. Si La Libertad Avanza tiene un buen desempeño electoral, probablemente recupere todo. Por el otro lado, la percepción de que el Gobierno poco se preocupa por el interés general es un problema de más compleja resolución. Ganar es la prioridad para la administración, que juega muy fuerte tanto en la lista de candidatos como en la economía. Tener a ministros que han cumplido bien su trabajo (como Bullrich y Petri) supone un costo alto para una gestión que no tiene muchos suplentes. Intervenir como se interviene en la economía para evitar que se mueva el tipo de cambio antes de las elecciones, por el efecto que ello podría tener sobre la inflación y luego sobre la imagen gubernamental, supone un costo en materia monetaria y de nivel de actividad. Tasas de interés altísimas no son inocuos, por muy poco que duren. La sensación de fragilidad (el propio Gobierno reconoce que es “hasta las elecciones”), es fuerte y las expectativas de corrección altas. El corolario de todo esto es que tanto interés por la política hace más complejo distinguir al Gobierno de “la casta”. Las sospechas de corrupción en los casos $Libra y Discapacidad sólo alimentan esa sensación de que, al menos en materia política, no hemos cambiado tanto. Bastó con un par de errores bien remarcados para que la imagen del Gobierno cayera con fuerza. Los titubeos a la hora de explicar y reaccionar reforzaron la sensación de error. Pero muchas veces el instinto juega en contra: los piedrazos en Lomas de Zamora, los aprietes en la Facultad de Derecho y el hostigamiento en Corrientes, deben haber aliviado al Gobierno. Lejos de amilanarse, aumentó su caudal de actos. Poner la otra mejilla impulsa a sus adversarios, poco afectos a la prudencia y la espera paciente, a incurrir en errores propios y hacer, quizás, que la gente olvide, e incluso perdone, los errores del Gobierno. Fuente: El Entre Ríos
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