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Victoria » Diario Victoria
Fecha: 30/08/2025 17:12
Los tubos de hierro de la draga se sumergen y bajan desde la superficie hacia las profundidades del río Paraná. El cabezal de cuatro metros de ancho llega al fondo. Los colmillos de acero, intercalados con conductos que inyectan agua, remueven el lecho natural de arena, barro, arcilla o limo. Una bomba gigante succiona desde arriba del barco. El “impeller” es una turbina que gira a 200 revoluciones por minuto. Tiene 1,80 metros de diámetro y chupa sin parar: una pelopincho de tres mil litros por segundo. Al mismo tiempo, esa hélice tritura. Demuele casi todo pero a veces algo sobrevive y sube a la superficie: una cadena de hierro o un viejo proyectil de mortero, como ocurrió el año pasado en La Plata y eso activó un protocolo de explosivos. Estamos en Ramallo, el Paraná inferior. La boya verde indica el kilómetro 324,5 del canal. La distancia toma, cuando no, a Buenos Aires como referencia. Son cien kilómetros aguas abajo de Rosario. Acá, con su dentadura de pala mecánica, el cabezal de la draga remueve el suelo y los sedimentos con agua trepan por los conductos hacia la cántara superior, en el centro del barco. Es un piletón, o “hopper”, de 42 metros de ancho y 17 de largo. Recibe la marea marrón que emerge como cascadas verticales u horizontales. La sensación del alud es extraña. Parece una catástrofe controlada entre turbinas y conductos cruzados. En 50 minutos, el depósito se llena. Esta draga de succión por arrastre, la «Afonso de Albuquerque» de la empresa belga Jan De Nul, tiene capacidad para 3.500 metros cúbicos pero después de drenar el agua quedan 2.400 netos. Terminado ese paso, el capitán Nahuel Márquez, argentino como 15 de los 17 tripulantes, da la orden y el barco gira lento, con mucha sensibilidad. No se escuchan ruidos desde la sala de mando. Tiene tres motores (dos en popa y uno en proa) que le permiten virar a los costados, como si fuera una aspiradora gigante maleable en 360º. Cuando draga, el barco diseñado en Bélgica y fabricado en China en 2018 se mueve a 0,6 nudos hacia adelante. Para desplazarse de un lugar a otro, acelera a 3 o 4 nudos. En un radar, el primer oficial observa las zonas con sedimento que debe succionar. En la pantalla se ve el rastro del lugar por donde ya pasó: en medio de pixeles grises de distinta tonalidad hay una franja oscura que indica mayor profundidad; un camino abierto a casi 12 metros (34 pies más dos de seguridad) para los buques de mayor calado. En otro monitor, hay una carta de navegación. El río, frente a Ramallo, se abre en dos canales y una isla (Las Hermanas) queda en el medio. En este punto, existe un conflicto judicial porque ambientalistas se oponen a que se drague del lado de la costa sin estudios de impacto ambiental que midan el riesgo de modificar la traza original. Exigen que los barcos naveguen por el otro brazo, hacia el Delta, que es la ruta tradicional. Los vecinos de Ramallo y amantes del río llegaron a hacer un piquete náutico en el verano de 2022 sobre ese brazo. La Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas (AAdeAA) presentó una medida cautelar ante la Justicia Federal para frenar esos trabajos. Hace unas semanas, la Cámara de Apelaciones de Rosario le pidió a los organismos del Estado responsables que informen cuáles son los análisis realizados en esa zona pero aún no definió el pedido de fondo (de suspender el dragado). El capitán de «Afonso de Albuquerque» se limita a cumplir lo que los mapas le indican. La zona de descarga está delimitada por una línea roja en el mapa. Es hacia la costa. Del fondo de la estructura de 90 metros de largo se abren tres compuertas. Las 2.400 toneladas de arena y algo de barro, ya escurridas, empiezan a caer. Más que caída es un efecto de arena movediza que cede desde el centro, donde giran unas aspas. Al final del proceso, se activan los “jet waters” o chorros de agua a toda potencia que invaden la tolva y limpian los restos. Son cuatro pasos: ir hasta la zona, dragar, desplazarse hasta el área de descarga y vaciar el “hopper”. Todo el ciclo dura entre dos y tres horas. Solo en 2023, se dragaron 13.819.987 metros cúbicos, según datos nacionales oficiales. Son cuatro mil veces este procedimiento. La draga es una máquina flotante con una tripulación de 17 personas que trabajan en dos turnos. Están embarcados, tienen camarotes y comedor con cocinero. Cada 21 días cambia el equipo completo. Ese engranaje, vital para el sistema agroexportador que usa al Paraná como una Vía Navegable Troncal (VNT) y por donde salen 4.500 buques al año, nunca se detiene. Dos miradas sobre el impacto ambiental La licitación para renovar la concesión del dragado y balizamiento de casi 1.600 kilómetros del río en Argentina genera tensiones entre los distintos actores e intereses en juego. Las empresas pretenden quedarse con el negocio de unos 400 millones de dólares de facturación anual. Entre ellas, la belga Jan De Nul que tuvo a su cargo la concesión entre 1995 y 2021 como “Hidrovía SA”, y desde entonces opera como subcontratada por el Estado. Todo el proceso tiene un punto débil: no cuenta con un estudio ambiental que defina –antes de licitar– cuáles serán los impactos de aumentar la profundidad del calado (en el pliego anterior suspendido era de 42 pies), en qué lugares, con qué controles o cuál es el efecto de cambiar la traza, entre otros puntos sensibles. La idea de este Gobierno nacional es primero concesionar a un privado, que el ganador haga su propio informe y después avance con las obras. «Esta intervención de enorme artificialización del río, tendría un impacto en el sistema de humedales y sus comunidades muy negativo, en razón de modificar aún más y radicalmente el escurrimiento, en definitiva, el régimen hídrico del río”, señalaron los abogados especializados en un informe sobre “Regresiones Ambientales”. La denuncia reprocha la “ausencia de estudios de impacto ambiental acumulativos y evaluación estratégica en el río Paraná”. Juan Allegrino es oceanógrafo y titular del departamento ambiental de la “Compañía Sudamericana de Dragados” (Jan De Nul). Dice que el debate no es “dragado sí o no” sino cómo hacer un “dragado sostenible” con equilibrio entre lo económico, lo ambiental y lo social (recreación y pesca). Allegrino asegura que el dragado se concentra en una franja de 110 metros de ancho en el Paraná Inferior, sobre un total de 800 a mil metros de amplitud, “no contamina ni genera erosión en las costas, salvo en alguna zona estrecha”. “Es falso que no hay controles o que el río está todo contaminado”, responde a Rosario3 sobre distintos cuestionamientos de agrupaciones ecologistas. “Nosotros aplicamos protocolos y monitoreos que van más allá del mínimo exigido, usando las mejores prácticas internacionales para el dragado de mantenimiento de la VNT”, señala. “El dragado no introduce contaminantes: moviliza sedimentos preexistentes”, dice el técnico y agrega que realizan “campañas anuales” de monitoreo de agua y de sedimentos. Si bien los informes son remitidos a la Agencia Nacional de Puertos y Navegación (Anpyn), ex AGP, cuenta que los últimos de 2024 tomaron 125 muestras de sedimentos y 150 de agua, desde Confluencia en Corrientes hasta Punta Indio en el Río de la Plata. “Los sedimentos resultaron de libre disposición, clase 0, según la Nota de Evaluación de Aguas de Holanda (1994), es decir que se pueden descargar en aguas abiertas sin restricciones”, afirma. En las muestras de agua, encontraron presencia de metales como cobre (Cu), plomo (Pb) y zinc (Zn) y amonio “puntuales y no generalizables al conjunto del río, consistentes con aportes antrópicos difusos”. Siempre según Allegrino, existe en el manejo de la empresa un Plan de Gestión Ambiental (PGA) que es de 2007, se actualiza y es supervisado por un equipo auditor del Estado nacional. Para Fabián Maggi, integrante de la Asociación de Abogados Ambientalistas, es “inadmisible” que continúen las tareas de dragado en el Paraná sin una evaluación seria y completa, entre otros argumentos presentados en el último informe de la asociación. El abogado afirmó que el estudio que se reclama tiene un alcance mayor y no puede ser reemplazado por un monitoreo de la empresa, un análisis de laboratorio o un plan de gestión.
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