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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 28/08/2025 18:59
En nogales y avellanos del Valle Inferior, la mecanización de la poda mostró mejoras en la luz, la brotación y la producción de frutos (inta) En el paisaje del Valle Inferior del Río Negro, donde las plantaciones de nogales y avellanos se expanden junto al río, un grupo de técnicos del INTA Viedma y productores de la zona decidió probar una innovación: la primera podadora mecánica de discos de la región. El objetivo no era menor. Se buscaba mejorar el manejo de los cultivos y entender cómo esta tecnología podía influir en la vida de cada árbol, desde los brotes hasta los frutos. “La poda es una práctica agronómica central, porque equilibra el crecimiento con la producción y mejora la entrada de luz en la copa”, explicó Gastón Fuente, investigador del Grupo de Fruticultura del INTA. Pero lograrlo no siempre es sencillo. El trabajo manual demanda tiempo, mano de obra calificada y paciencia, algo cada vez más difícil de conseguir en plantaciones de gran porte. La poda es una práctica agronómica central, porque equilibra el crecimiento con la producción y mejora la entrada de luz en la copa (inta) La llegada de la podadora Para enfrentar esa limitación, los productores sumaron una máquina equipada con cinco discos de 50 centímetros de diámetro. El ensayo comenzó en 2023 en dos campos: un lote de avellanos de la variedad Tonda di Giffoni y otro de nogales Chandler. Ese invierno se hicieron los primeros cortes laterales en árboles de gran tamaño. Luego se midió todo: desde el diámetro de los cortes hasta el largo de los nuevos brotes, la cantidad de flores y el cuaje de los frutos. Era el puntapié inicial para conocer cómo respondían los árboles a la intervención mecánica. Los árboles respondieron El resultado fue alentador. Cada punto de corte generó entre 1 y 6 brotes. En nogal, esos brotes alcanzaron un promedio de 123 centímetros; en avellano, 65 centímetros. La relación fue clara: a mayor diámetro de corte, mayor vigor en el brote. En los avellanos, más de la mitad de los brotes produjo inflorescencias femeninas —glomérulos—, sobre todo en cortes de entre 2 y 3 centímetros. En cuanto a frutos, un 24 % de los brotes mostró cuaje, con mejores resultados en cortes más pequeños. En los nogales, la experiencia continuó al invierno siguiente con una poda manual que ayudó a seleccionar los brotes mejor posicionados. El resultado se vio al verano siguiente: el 92 % de los brotes analizados portaba al menos cuatro frutos, confirmando que los más largos eran también los más productivos. Claves para un buen uso La experiencia también dejó aprendizajes. Según Fuente, antes de incorporar la mecanización conviene revisar la estructura de los árboles, porque en sistemas sin poda previa los cortes pueden ser más severos y generar un exceso de rebrotes. Por eso, el investigador recomienda avanzar de manera progresiva, combinando podas manuales y mecánicas en los primeros años. También aconseja mantener calles de al menos un metro libres de ramas, para que la luz y el aire circulen mejor. Los cortes, inicialmente perpendiculares al suelo, pueden ajustarse con el tiempo según la respuesta de cada cultivo. Además, el monitoreo anual de la brotación y la fructificación es indispensable para ajustar la frecuencia de las intervenciones. Y no menos importante, la capacitación técnica del personal: interpretar el vigor de las plantas y operar la maquinaria de manera adecuada resulta fundamental para tomar decisiones correctas en el campo. Una herramienta que suma El ensayo del INTA en Río Negro deja en claro que la poda mecánica, aplicada con criterio, puede convertirse en una aliada estratégica para los productores de frutos secos. En avellanos, ciertos cortes favorecen la formación de flores y frutos. En nogales, los brotes más largos se traducen en mayor carga frutal. La mecanización no reemplaza del todo a la poda manual, pero sí ayuda a ganar eficiencia, a aprovechar mejor el tiempo en el campo y a aliviar la presión que genera la falta de mano de obra. Fuente: Inta
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