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Fecha: 20/03/2025 22:47
Evangelio de hoy – Pildorasdefe.net Jueves, 20 de marzo, 2025 Lecturas completas: Clic aquí y reflexiona Maria, Comparte el Evangelio a través de los botones de compartir y que el amor de Dios llegue a más personas. Dios te pague Facebook Twitter Telegram Whatsapp Oración de preparación Señor, hoy, tu Palabra me recuerda la historia del rico y Lázaro, un llamado urgente a vivir con un corazón desprendido y atento al sufrimiento de los demás. No quiero pasar de largo ante el dolor ajeno. Que nunca olvide que el verdadero tesoro no está en las riquezas ni en los privilegios, sino en vivir según tu voluntad. Amén. (Qriswell Quero, Pildorasdefe.net) Maria, disfruta de un tiempo de paz en la mañana con la Oración del Día, para ponerte en la Presencia de Dios. Haz clic en el siguiente botón: Clic aquí para Orar Celebración de hoy San Daniel: Joven profeta del Antiguo Testamento San Daniel fue un joven profeta muy fiel a Dios, a quien le fueron reveladas muchas profecías: poseía el don de Sabiduría y sobrevivió al foso de los leones Coronilla a la Misericordia Coronilla a la Divina Misericordia de Hoy Jueves y Consagración Por la Sagrada Eucaristía, Cuerpo y Sangre de Cristo, rogamos por nuestra santidad y crecimiento en la fe. Oramos por tus intenciones Lecturas del día Maria, hoy se nos presenta la parábola del rico y el pobre Lázaro, un relato que confronta nuestra manera de vivir y de relacionarnos con los demás. Presta atención a las lecturas de hoy. Jeremías 17,5-10. Así habla el Señor: «¡Maldito el hombre que confía en el hombre y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del Señor! Él es como un matorral en la estepa que no ve llegar la felicidad; habita en la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhóspita. ¡Bendito el hombre que confía en el Señor y en él tiene puesta su confianza! Él es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto. Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo? Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino las entrañas, para dar a cada uno según su conducta, según el fruto de sus acciones». Salmo 1: Dichosos los que esperan en el Señor. (R) Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni anda por el camino de los pecadores, ni se sienta en compañía de los insolentes, sino que se deleita en la ley del Señor y medita en su ley día y noche. /R. Es como un árbol plantado cerca de corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo y cuyas hojas nunca se marchitan. Todo lo que hace, prospera. /R. No así los impíos; son como la paja que el viento se lleva. Porque el Señor vela por el camino de los justos, pero el camino de los impíos se desvanece. /R. Lucas 16,19-31. En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: «Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiado de llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas. Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Murió también el rico, y lo enterraron. Estaba este en el lugar de castigo, en medio de los tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abrahán y a Lázaro junto con él. Entonces gritó: «Padre Abrahán, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas». Pero Abrahán le contestó: «Hijo, recuerda que en vida recibiste bienes y Lázaro, males. Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormento. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá. El rico insistió: «Te ruego, entonces, padre Abrahán, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ello en este lugar de tormentos». Abrahán le dijo: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen». Pero el rico replicó: «No, padre Abrahán. Si un muerto va a decírselo, se arrepentirán». Abrahán repuso: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto» Palabra del Señor.
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