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Cocina
TN 01/05/2026 15:16 4 min de lectura

Pasta frola de membrillo: tradición Argentina, historia en cada bocado

Una receta clásica que atraviesa generaciones y fronteras: de la memoria íntima a las mesas argentinas, esta versión resignifica un ícono con historia, técnica y sabor.

Pasta frola de membrillo: tradición Argentina, historia en cada bocado
Foto: TN

Cada primero de mayo tiene, en la Argentina, una densidad simbólica particular: es el día en que se honra el trabajo y también la fecha en que se sancionó la Constitución Nacional Argentina de 1853, piedra fundacional de un país que hizo de la mezcla su identidad más fértil y al que hoy llamo hogar. En ese espíritu el de las manos que amasan y las historias que se entrelazan aparece esta pasta frola, que en mi infancia mexicana tenía otro nombre y otro pulso: era, sencillamente, una tartaleta de guayaba. En mi casa no hablábamos de dulce, sino de ate, una palabra que hunde sus raíces en el náhuatlatl, agua, y que con el tiempo terminó nombrando esas pastas de fruta cocidas lentamente hasta volverse memoria sólida, herencia viva de una tradición que atraviesa siglos.

La propia pasta frola, tal como la conocemos hoy en la Argentina, tiene también una historia de cruces y viajes: su nombre deriva del italianopasta frolla, una masa dulce y quebradiza que llegó con la inmigración europea y que aquí encontró en el membrillo fruto profundamente arraigado en la tradición española su expresión más popular. Así, entre influencias italianas y herencias ibéricas, este clásico se volvió un emblema de las mesas argentinas, presente en panaderías, confiterías y hogares por igual.

Años después, en Buenos Aires, esa memoria encontró otra tradición y decidió dialogar con ella. Cambié el ate de guayaba por el dulce de membrillo ese corazón indiscutido de las grandes confiterías argentinas, perfumé la masa con ralladura de limón y dejé que un toque de oporto aportara profundidad y carácter. Así nació esta versión: un puente entre dos culturas, entre la infancia y el presente, entre lo heredado y lo aprendido. Una frola que celebra el trabajo, la historia y el gusto por hacer de lo propio algo compartido. Porque creo que hay pocas cosas tan argentinas como una pasta frola. Y hoy quiero celebrar este simple pero delicioso postre lleno de historia. ¡Viva la Argentina!

Receta

Para un molde redondo de 24 cm

Ingredientes

Para la masa

200 gramos de manteca fría en cubos

120 gramos de azúcar impalpable

300 gramos de harina 0000

1 cucharada de polvo para hornear

1 pizca generosa de sal

Ralladura de 1 limón

2 yemas

1 huevo

1 cdita. de vainilla

Para el relleno

500 gramos de dulce de membrillo

2 cucharadas de agua caliente

2 cucharadas de Oporto

1 cdita. de jugo de limón

Procedimiento

- En un bowl, colocar la harina junto con la manteca fría y trabajar con los dedos hasta obtener una textura de arena (arenado).

- Agregar el azúcar impalpable, la sal y la ralladura de limón, mezclando ligeramente.

- Incorporar el huevo, las yemas y la vainilla, uniendo apenas hasta formar una masa. No amasar, solo integrar, para mantener una textura tierna.

- Colocar la masa directamente en el molde de 24 cm y fonsar a mano: presionar primero la base y luego subir hacia los bordes. La base debe quedar de unos 4 a 5 mm de grosor y los bordes apenas más gruesos. Emparejar con los dedos y pinchar suavemente la base si se desea.

- Llevar el molde a la heladera durante al menos 30 minutos para que la masa se enfríe y mantenga su forma durante la cocción.

- Para el relleno, cortar el dulce de membrillo en cubos y agregar el agua caliente. Pisar o calentar suavemente hasta que se ablande. Retirar del fuego, incorporar el Oporto y el jugo de limón, y mezclar hasta obtener una textura cremosa, espesa y brillante.

- Colocar el relleno frío o apenas tibio sobre la base. Con la masa restante, formar tiras con las manos y disponerlas en forma de enrejado sobre la superficie. Llevar nuevamente a la heladera entre 10 y 15 minutos antes de hornear, si es posible.

- Precalentar el horno a 170175°C y hornear durante 40 a 45 minutos, hasta que la superficie esté dorada, la base bien cocida y los bordes firmes pero no secos.

- Retirar del horno y dejar enfriar completamente, al menos 2 horas, antes de cortar y servir.

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