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» La Nacion
Fecha: 28/02/2026 01:22
El Teatro Empire: la joya centenaria que fue auditorio de radio, sala de cine arte y templo del desnudo Con su estilo art decó, una fabulosa cúpula y sus murales, albergó a orquestas típicas, grandes actores y películas de culto; una sala que avanza rumbo al siglo de historia - 9 minutos de lectura' Cambiando la piel de acuerdo con la época y las circunstancias, supo funcionar de muchas formas: ha sido el salón de espectáculos de un sindicato, el auditorio de una radio, una sala de teatro, de conciertos y de cine de autor. Refugio de grandes artistas y de visitas internacionales -una lista mínima incluye a Tito Schipa, Miguel de Molina y Joaquín Rodrigo- superó dos veces el cierre y renació con nuevas propuestas. En las últimas décadas fue la casa de la célebre obra La lección de anatomía. Hoy, combina múltiples actividades y se consolida como un espacio de ópera de cámara. Como una pirueta del destino, logró gambetear los vaivenes de su ubicación en Hipólito Yrigoyen 1934, a pasos del Congreso de la Nación, mucho más cerca de la ebullición del clima político que de la geografía del teatro comercial de la Avenida Corrientes o del circuito off de Almagro. Para sortear las dificultades y construir su propia épica, fue fundamental el valor patrimonial: construido en 1934 por el reconocido arquitecto Jorge Sabaté, se destaca por su estilo art decó, con un techo escalonado que culmina en una magnífica cúpula que favorece la acústica de la sala diseñada para 300 espectadores. Otros elementos distintivos son los tres murales construidos sobre paredes plateadas a la hoja y un foso de orquesta que fue recuperado una década atrás. En el exhaustivo libro Las voces del Teatro Empire (editado por Eudeba y Proteatro), la actriz e investigadora Ana María Rozzi de Bergel rescata un dato que refleja cómo el teatro era percibido por la comunidad: hace décadas se lo denominaba la pequeña bombonería, por la bella forma ovalada y diminuta para el estándar del momento, y en los anuncios de los programas de mano se lo definía como teatro íntimo. También trae a colación una viñeta de época: el nombre Empire -que se pronunciaba Ampir originalmente- era un guiño al glamour que tenía el idioma francés en el país, aunque con los años la palabra se argentinizó para transformarse en Empir, con el acento en la última sílaba. Como sea, el paso del tiempo no le jugó en contra a la sala. Nada pudo acallar sus voces de radio, cine y teatro, ni su música y canto, ni el silencioso mensaje de los mimos, ni el zapateo o el suave desliz de sus bailarines. Sobrevivió a los avatares de la historia argentina, escribe la autora. A través del tiempo La pequeña bombonería tiene una larga vida. Forma parte del imponente edificio de cuatro pisos y subsuelo que fue fundado como la sede del sindicato de trabajadores ferroviarios de La Fraternidad. La amplia programación de la inauguración, en 1934, refleja el rumbo que tomaría el teatro en sus inicios: contó con la participación de actores, poetas, recitadores, músicos, bailarines y grandes figuras de la época como la cancionista Azucena Maizani. Bautizado como Teatro Moderno, en la apertura fue gestionado por el propio sindicato, pero en 1937 dio el primer golpe de timón, al convertirse en el auditorio de Radio Belgrano, que en su época de gloria bajo el faro de Jaime Yankelevich le disputaba la audiencia a otro peso pesado: Radio El Mundo. En el momento de esplendor del tango, las principales orquestas típicas se presentaban en vivo en los auditorios de las emisoras. El fenómeno de los bailables en la radio era tan masivo que muchas veces provocaba cortes el tránsito. El Salón Teatro Auditorium de Radio Belgrano formó parte del auge: por la sala pasaron las orquestas de Osvaldo Fresedo y Francisco Canaro, y los cantores Alberto Castillo y Charlo. Las competencias de cantantes, los radioteatros y los concursos de actores también animaban la grilla. En el programa Diarios de cine fueron elegidas dos precoces actrices de 13 años, las gemelas Martínez, para su fugaz debut cinematográfico en Hay que educar a Niní, con Niní Marshall. Con los años se convertirían en Mirtha y Silvia Legrand. En 1944 el auditorio de radio devino en sala de teatro. La nueva vuelta de tuerca llegó con cambio de nombre: pasó a llamarse Teatro Empire, con el cual se lo conoce hasta la actualidad. A través de un acuerdo del sindicato con el empresario José Torres Cirera, se inició una etapa teatral que continuó durante treinta años. Durante este período se presentaron grandes actores como Luis Sandrini, Ernesto Bianco, Luisa Vehil, Osvaldo Miranda, Duilio Marzio, Alfredo Alcón, Delia Garcés, Osvaldo Bonet, María Rosa Gallo. A propósito de Sandrini, su paso por el teatro es mucho más que una referencia: en gratitud al teatro, el actor -quien, en sus ratos libre, se desempeñaba como ebanista- le regaló sillones fabricados por él que han formado parte del patrimonio de la sala. Fiel a su zigzagueante trayecto, el Empire tuvo una nueva transformación en la década de 1970, casi como un espejo de los vaivenes del país. Después de permanecer cerrado un año, empezó a funcionar como cine y teatro a la vez, programado por Vicente Vigo, legendario distribuidor de películas, pionero al estrenar cintas de Andrzej Wajda, Wim Wenders y Pier Paolo Pasolini en la Argentina, sin dejar de lado el teatro, con hitos como la obra El Bululú, con José María Vilches. En los años 80, llegó a programar otra figura fundamental, Alberto Kipnis, quien había impulsado el circuito de películas de culto de Federico Fellini, Michelangelo Antonioni, François Truffaut y Leonardo Favio en las salas de la ele de Avenida Corrientes: Lorraine, Losuar, Loire y Lorange. En otra de sus facetas, el Empire también fue un emblema de cine arte. Y en el 2000 también Hoy, con los pisos marmolados, un elegante mobiliario y la estética vintage, el hall del Teatro Empire parece salido de una máquina del tiempo. Un mural realizado en homenaje a los trabajadores de La Fraternidad decora una de sus paredes. En otra, destacan los gigantes retratos en blanco y negro tomados por la fotógrafa Annemarie Heinrich de dos figuras icónicas del Empire y referentes de la escena teatral independiente: Carlos Mathus y Antonio Leiva. Mathus, fundador del grupo TIM Teatro (Teatro Independiente del Magisterio) de Rosario, autor y director de La lección de anatomía y creador de una vasta producción de títulos de teatro, ópera, danza y shows musicales, se hizo cargo de la sala en 1997 junto a Leiva, miembro del primer elenco de La lección..., además de director y régisseur. Ambos estuvieron al frente de la programación hasta sus últimos días de vida, en 2017 y 2024, respectivamente, logrando recuperar el esplendor edilicio y artístico. La tercera pieza clave de esta historia es César Mathus, quien continúa con el legado al frente del teatro. Llegó como parte del equipo en 1997 con solo 18 años y se fue afirmando con las décadas. Aunque su nombre real es César González, su vínculo con Carlos y Antonio fue tan fuerte que adoptó el apellido Mathus. No soy hijo biológico, pero siempre me sentí como un hijo político de corazón. Ellos fueron mi familia durante casi 30 años. Desde chico empezaron a llamarme César Mathus y así quedó, explica. Dedicado a la gestión cultural, formó parte del directorio de Proteatro y fue coordinador de gestión del Instituto del Teatro, pero su carrera está enlazada a esta sala. A sus 46 años, se lo escucha apasionado cada vez que habla de ella y ha sido un cancerbero de esta porción de patrimonio cultural del país. A lo largo del tiempo intenté crear una memoria histórica del teatro. Fui comprando en internet fotografías y antiguos programas de mano, y también busqué información para construir el archivo. Cuando empezamos a gestionarlo, no teníamos nada de nada. Durante las últimas décadas, el teatro recuperó el foso de orquesta, se hicieron a nuevo los camarines, se restauraron la cúpula y los tres murales pintados por Adolfo Montero y Octavio Ortolani y actualmente se están retapizando las butacas. En paralelo, el Empire se convirtió en la casa de La lección de anatomía, la obra emblemática de Carlos Mathus creada hace más de medio siglo, en 1972. Símbolo de la transgresión por los desnudos y por su poética disruptiva, empezó ofreciéndose en el marco de un congreso médico y terminó como clásico de la cartelera teatral. La obra, que ahora está dirigida por Yamila Gallione, constituye uno de los puntos fuertes de cada temporada. Si hemos podido llevar adelante una gestión durante 30 años, también se lo debemos a La lección que tiene una vigencia enorme y que el público continúa eligiendo. Sostener la obra es mantener el legado. En cuanto a la programación para 2026, habrá propuestas de múltiples disciplinas. Desde conciertos de Liliana Felipe a obras teatrales, espectáculos de danza, performances, proyección de películas y cruces de géneros. Pero, por sobre todas las cosas, se pondrá el acento en el desarrollo de la ópera de cámara y en las nuevas corrientes de la ópera experimental, a través de la convocatoria de figuras como Santiago Chotsourian, Emilio Urdapilleta, Gerardo Cardozo y Pablo Foladori. Para César Mathus, hoy el verdadero desafío es armar una programación que genere la fidelidad del espectador. No existen salas buenas o malas en función de su ubicación. Nosotros estamos consolidando el Empire como un teatro de ópera de cámara, fortaleciendo cada propuesta. Con tanta historia, este teatro sigue vivo y mira al futuro cada vez que produce, tiene una apertura con el público y es habitado. Esa es mi mayor felicidad. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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