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  • A 18 años del crimen de Rosana Galliano: la llamada que fue una trampa mortal y un asesino que sigue libre

    » TN

    Fecha: 16/01/2026 05:40

    El 16 de enero de 2008, cuando el calor de la noche caía sobre el barrio El Remanso, en Pilar, la vida de Rosana Galliano se apagó de forma violenta. Tenía 29 años, dos hijos pequeños y fue asesinada a balazos en la puerta de su casa. Lo que en un primer momento pareció un caso de inseguridad más, pronto dejó al descubierto una trama siniestra: el crimen había sido cuidadosamente planificado por el exmarido de la víctima, José Arce, y su suegra, Elsa, quienes terminarían condenados a prisión perpetua. Leé también: Las esquirlas del crimen de Rosana Galliano persisten: Los hijos no reconocen lo que hizo el padre" El papá de Rosana, Reinaldo Galliano, fue uno de los testigos clave en el juicio. Psicológicamente la mató primero, mi hija tenía la mente bloqueada en el último tiempo, relató. En una nota con TN, fue más allá: Los primeros dos años (Arce) era una seda. Fueron dos años de luna de miel prácticamente. Después se sacó la capa de cordero y apareció el diablo. El maldito. La historia, un llamado y la emboscada fatal Rosana y Arce se conocieron en 2005, cuando él volvió a la Argentina después de vivir tres décadas en Estados Unidos. Él le llevaba 30 años pero el flechazo fue inmediato. A los siete meses se casaron y tuvieron dos hijos. Igual de súbito fue también el final de aquella relación, que se volvió un infierno y para la primavera de 2006 ya se había quebrado. Ella lo denunció por violencia familiar y consiguió una perimetral que le prohibía acercarse a menos de 300 metros. Sin embargo, seguían casados porque Arce se negaba a firmar el divorcio. En el medio, una disputa por la división de bienes que rondaba los 700 mil dólares. Así llegó el fatídico 16 de enero de 2008. Los chicos habían pasado el día con su papá. Eran las 22.15 cuando Arce llamó a Rosana para avisarle que el mayor tenía fiebre. Mirá, el nene está con 39 grados, le dijo. Sabía que en la casa de ella la señal era mala y que para hablar había que salir al jardín. Lo que Rosana no sabía era que esa llamada era una trampa. Cuando salió para poder hablar, la esperaban con un arma calibre 11.25. Le dispararon cuatro veces: los primeros tiros en la espalda, uno en el hombro derecho y el último en el brazo izquierdo. En el interior de la casa de El Remanso, donde habían cenado un rato antes, Mónica Galliano, hermana de Rosana, escuchó las detonaciones y un grito desgarrador. Corrí a la puerta, le estaban disparando y la violencia de los proyectiles hizo que cayera dentro de la casa. Ahí comenzó la locura, la desesperación, no sabía qué hacer mientras veía a mi hermana desangrándose a mis pies, relató en una entrevista con los medios. Rosana murió prácticamente en el acto, y ella jamás pudo olvidar esa escena. Juicio, condena y una verdad a medias Desde el primer momento, la familia Galliano estuvo convencida de que Arce había encargado el crimen, con la complicidad de su madre, Elsa Aguilar. El viudo, en cambio, siempre negó todo y llegó a decir: Yo la amé, la adoré. Mi único pecado fue cuidarla. El avance de la investigación le dio la razón a los familiares y el 21 de abril de 2009, en medio de un móvil en vivo con TN, la policía detuvo al viudo y a su mamá. Señor Arce, ¡por favor!, lo llamaron con un megáfono. Él, imperturbable, le explicó entonces al periodista que tenía que irse con ellos (los policías). Cuando salga, los veo de vuelta, aclaró con optimismo. El juicio demoró casi seis años. En noviembre de 2013, el Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 de Campana condenó a Arce y a su madre a prisión perpetua por homicidio triplemente calificado por el vínculo, por alevosía y por concurso premeditado de dos o más personas. Según la Justicia, Arce y su madre le habían pagado 10 mil dólares a dos empleados, los hermanos Gabriel y Pablo Leguizamón, para que asesinaran a Rosana. El móvil de aquel ataque, con ribetes de crimen organizado, fue un conflicto económico por la división de bienes. Era claro que Arce no podía ni quería hacerse cargo de la ejecución y también que para ello contaba con la excelente disposición de su madre y su dinero, argumentaron los jueces. El fallo resaltó que ambos tenían sólidos motivos para matar a la víctima y que él incluso lo había anunciado. Además, contaban con testimonios de familiares y amigos de Rosana que daban cuenta de la violenta separación que había vivido. Sin embargo, las pruebas no alcanzaron para condenar a los hermanos Leguizamón y los dos fueron absueltos. Nunca se logró determinar quién ejecutó el crimen de Rosana Galliano. Una familia marcada para siempre Pese a la condena, Arce y su madre no pasaron mucho tiempo en la cárcel. La defensa logró que les otorgaran el beneficio de la prisión domiciliaria. Pero además, la Justicia tomó otra decisión que la familia Galliano nunca pudo entender: los hijos de Rosana siguieron viviendo en la misma casa donde mataron a su mamá, junto a su papá y su abuela, ambos con prisión domiciliaria. El 24 de noviembre de 2018, José Arce murió en el Hospital Sanguinetti de Pilar tras sufrir un ACV. Un año después, falleció su madre. Recién en ese momento la familia de la víctima consiguió la custodia de Gerónimo y Nehuén, después de casi una década de lucha. A 18 años del crimen de Rosana Galliano, el caso sigue siendo un símbolo del horror de la violencia de género y de la impunidad. Es que, si bien los instigadores fueron condenados, la Justicia nunca pudo determinar quién apretó el gatillo. Cada aniversario nos lleva a ese mismo momento trágico, confió en otra entrevista Mónica Galliano, hermana de la víctima. Es mucho tiempo y a la vez es nada, reflexionó con pesar su otro hermano, Oscar, en una nota con este medio en 2022. El dolor para ellos sigue intacto.

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