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Parana » Lasexta
Fecha: 08/01/2026 20:00
Resumen IA supervisado Donald Trump busca ampliar su control económico a través de estrategias geopolíticas, con Venezuela y Groenlandia como objetivos principales. En Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro, EE.UU. planea controlar la distribución mundial de petróleo venezolano, abriendo el mercado a empresas estadounidenses y buscando influir en los precios globales. Aunque EE.UU. no necesita el crudo venezolano, el control del suministro sirve para dominar el país. Además, Trump quiere que Venezuela solo gaste sus ingresos en productos estadounidenses. En Groenlandia, Trump considera su adquisición por su valor estratégico, incluso contemplando la opción militar. Paralelamente, EE.UU. planea bloquear las exportaciones de petróleo venezolano a China y Cuba, presionando especialmente a esta última en su crisis actual. * Resumen supervisado por periodistas. Cada movimiento de Donald Trump busca hacer negocio y más negocio. El presidente estadounidense ya no esconde sus ambiciones, que se han vuelto a hacer patentes en su último objetivo: Venezuela. El gobierno estadounidense no solo justifica la intervención militar en términos de seguridad, sino que también la enmarca explícitamente en un proyecto de control económico, principalmente a través de los recursos petroleros de Venezuela. Tras la captura de Nicolás Maduro y su sustitución por la también líder chavista, Delcy Rodríguez, la Casa Blanca tiene la intención de controlar la distribución de los productos de crudo venezolanos a nivel mundial. Además de aplicar un embargo petrolero ya existente, el Departamento de Energía dice que el "único petróleo transportado dentro y fuera de Venezuela" será a través de canales aprobados por la ley estadounidense y los intereses de Estados Unidos. En este sentido, aspira a abrir el mercado a empresas estadounidenses que llevan años sin operar allí. Tal control sobre las mayores reservas probadas de crudo del mundo, podría darle un dominio sobre el suministro petrolero mundial capaz de influir en los precios. Concretamente, quiere conseguir una bajada del precio del barril de los 56 dólares actuales hasta los 50. La ganancia, además, es doble. Ya que el miércoles Trump anunció que el dinero que Venezuela obtenga por esos barriles lo podrá gastar, únicamente, en productos de Estados Unidos. Cabe recordar que EEUU no necesita el petróleo venezolano, ya que es mucho menos rentable que el que ya producen o importan de otros países. Sin embargo, es control es la excusa perfecta para dominar el país. Tras el ataque, Trump ya aseguró a Delcy que Estados Unidos "gobernará" Venezuela. Una situación que, como advirtió el miércoles el secretario de Energía, Chris Wright, se mantendrá durante un tiempo "indefinido". Ambiciones en Groenlandia La Administración Trump tampoco esconde que quiere hacerse con Groenlandia, un territorio muy relevante por su valor estratégico y de recursos. Como todas las medidas que toma Trump, las justifica en su importancia para la seguridad nacional y, aunque lo ha dicho más veces, tras la operación en Venezuela parece más dispuesto a conseguirlo. Y no descarta la vía militar. Tal y como ha confirmado la Casa Blanca, esa opción "está sobre la mesa". El secretario de Estado, Marco Rubio, ha evitado pronunciarse sobre los planes concretos de su gobierno, el miércoles declaró que "el presidente mantiene la opción Pero preferimos resolverlo de otra manera, como también lo hubiéramos preferido en Venezuela" y anunció que mantendrá una reunión con Dinamarca la semana que viene. Según 'Bloomberg', funcionarios estadounidenses ya están buscando acuerdos comerciales con diplomáticos daneses y groenlandeses, de cara a ese próximo encuentro. Otros países en la lista de Trump están también muy relacionados con Venezuela: China y Cuba. Estados Unidos les bloqueará las exportaciones de petróleo venezolano. Aunque Pekín no lo sufrirá, el cierre del suministro a Cuba ahogará todavía más a la isla, que ya está inmersa en una profunda crisis. Así, Venezuela se presenta como la llave para la gran ambición política de Marco Rubio: acabar con el régimen castrista.
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