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    Fecha: 31/08/2025 09:15

    El escándalo en la Agencia Nacional de Discapacidad despejó la niebla y mostró lo que había detrás del discurso libertario: crueldad, negocios y complicidades. Mientras muchos callan, Oscar Herrera Ahuad aparece como el único dirigente que mantuvo coherencia y que hoy, con los hechos a la vista, queda confirmado en su visión crítica hacia Javier Milei. Miguel de Unamuno escribió en Niebla que muchas veces la realidad se presenta envuelta en velos que impiden distinguir con claridad lo que de verdad está enfrente. Solo cuando la bruma se disipa, el paisaje aparece en toda su dimensión. Algo similar ocurre en la política: los escándalos, aunque dolorosos y hasta repulsivos, muchas veces sirven para despejar la neblina y mostrar las verdades que se intentaban ocultar. El caso de corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) vino a poner blanco sobre negro. No solo expuso la degradación moral del gobierno de Javier Milei y de La Libertad Avanza, sino que también dejó al desnudo la actitud de muchos de sus seguidores locales, que ayer se apuraban por sacarse una foto con el presidente y hoy callan con un silencio tan estridente como cómplice. Entre ellos, Martín Arjol y los Puerta —Ramón y Pedro—, quienes en otros tiempos buscaban cercanía con Milei y ahora miran hacia otro lado, incapaces de dar explicaciones a los misioneros. En este escenario, la política provincial encontró un punto de claridad. Porque si hay alguien que nunca confundió su lugar frente al libertarismo, ese es Oscar Herrera Ahuad, candidato a diputado nacional por el Frente Renovador Neo. Desde la irrupción de Milei en la vida pública, Herrera Ahuad se mostró distante y crítico de sus ideas. No existe en su archivo una sola declaración de elogio hacia el presidente. Su postura fue siempre firme, sin titubeos. Esa coherencia se trasladó al Frente Renovador, que ya demostró con votos en el Congreso que está plantado en la vereda de enfrente del mileísmo. Esta semana, el vicegobernador Lucas Romero Spinelli reforzó esa posición al anunciar que Misiones recurrirá a la justicia federal para frenar las auditorías a beneficiarios de pensiones no contributivas, que en medio de irregularidades, dejaron sin el beneficio a más de 10 mil misioneros, que para completar el panorama oscuro, fueron sometidos al desprecio de la Nación, que tercerizó el servicio y obligó a ancianos y enfermos a largas filas y demoras. La imagen más cruel de esa decisión fue la de una mujer de San Ignacio que sufrió un ACV esperando bajo el sol para que alguien certificara su condición. Ese destrato revela la incapacidad y la falta de humanidad del gobierno de Milei, tanto como la cobardía de sus seguidores locales –Diego Hartfield y Adrián Núñez, entre otros- que prefieren callar antes que advertirle lo inaceptable de semejantes medidas. Cuando la niebla se disipa, todo se ve con claridad. Y queda a la vista que mientras otros juegan a la conveniencia, Oscar Herrera Ahuad se planta con la bandera de la salud pública. Porque sabe, como médico, que detrás de cada número, de cada auditoría, de cada plan recortado, hay una vida real que se juega. Esa certeza lo acompaña hoy en cada recorrida por la provincia, con la convicción de que defender a los más vulnerables no es una opción política, sino un deber humano. En esa misma línea, el exgobernador y actual presidente de la Cámara de Representantes, mantuvo este sábado un encuentro en Colonia Alberdi con militantes peronistas del Frente Renovador. Allí, las bases reafirmaron su respaldo a la lista que él encabeza, en una muestra de unidad y confianza en un proyecto que no se deja arrastrar por modas pasajeras ni por las promesas sin sustento del proyecto libertario. El gesto fue mucho más que una foto: fue el recordatorio de que la política, cuando se construye desde abajo, recupera su verdadera dimensión transformadora. La reunión también puso en primer plano la esencia del Frente Renovador: la política como expresión del bien común, de la cultura del hacer juntos, de poner por encima de lo económico los valores que elevan la grandeza de las personas. En un contexto nacional donde proliferan los negocios sin condiciones, donde el mercado pretende reemplazar al Estado y la especulación se disfraza de proyecto político, Herrera Ahuad reivindica el camino inverso: el de la comunidad organizada y la defensa de la dignidad humana, cimientos desde donde el propio peronismo construyó su identidad, la misma que urge recuperar tras más de 20 años de un relato que, vale recordar, mucho tuvo que ver con el acceso del propio Milei al poder. En definitiva, el humo y la niebla ya se disiparon. Lo que queda al descubierto es un gobierno nacional que desprecia a los más vulnerables, que castiga a los misioneros y que, con soberbia, cree que la crueldad es sinónimo de eficiencia. Los que antes aplaudían hoy callan y ese silencio los condena. En contraste, Oscar Herrera Ahuad se mantiene con la frente en alto: nunca se dejó seducir por los cantos de sirena libertarios y hoy, con la crudeza de los hechos, el tiempo le dio la razón. Su visión crítica hacia Milei no fue un cálculo electoral, sino la convicción de quien, como médico y dirigente, sabía que detrás de esas promesas se escondía un daño irreparable a la salud pública y al entramado social del país. Un bañito de lavandina “Un bañito de lavandina” solía repetir Ramón Puerta cuando buscaba graficar la necesidad de higienizar el peronismo de aquellos dirigentes kirchneristas que, tras años de confrontación, pretendían volver al redil del peronismo tradicional. Hoy la frase encaja a la perfección para describir a muchos que, hasta hace poco, corrían detrás de una foto con el presidente, con su hermana Karina o con los Menem (Lule y Martín), y que ahora, en medio del escándalo por las coimas en el ANDIS, prefieren despegarse del universo libertario. El “bañito” también llegó para los pretendidos “con peluca”, aquellos que se mostraban orgullosos de pertenecer al círculo íntimo del oficialismo y que hoy miran para otro lado. Un dato que llamó la atención esta semana es que, pese a que la Argentina no cuenta con presupuesto desde 2023, se reveló que en el pasado la tercera caja más grande de la administración pública nacional pertenecía al área de discapacidad. La magnitud de recursos que se manejaba allí la convertía en un botín político más que suculento. La comparación con los años 90 no es casual: en aquella década las tres áreas más poderosas en términos presupuestarios eran la Presidencia, el PAMI y la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, por entonces en manos de Carlos Grosso. Hoy, como entonces, la política desnuda la lógica de las cajas antes que la lógica de las ideas. Pero lo que expuso el escándalo del ANDIS es algo más profundo: la verdadera esencia de los hermanos Milei. No se trata de principios, de proyectos o de un modelo de país, sino de negocios sin condiciones. En uno de los audios filtrados, Diego Spagnuelo los calificó directamente de “ratas”, al señalar que los retornos que cobraban rondaban entre 20 mil y 30 mil dólares, dando a entender que esas cifras eran apenas un piso dentro de operaciones mucho más grandes. Ese es el corazón del libertarismo en el poder: la construcción de un gobierno que no vino a refundar la política, sino a convertirla en una gran intermediación de negocios privados con el Estado. Por Sergio Fernández

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