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  • La presunción de inocencia, otra vez

    » Diario Cordoba

    Fecha: 05/04/2025 12:20

    La presunción de inocencia es lo que nos protege de una dictadura. No hay nada más, ni tampoco menos. Lo deberíamos haber aprendido ya sobradamente de nuestra memoria democrática: que nadie, ni un Estado ni un particular, puede señalarte con el dedo y declararte culpable sin haber probado, antes, tu culpabilidad. Hablamos de una conquista jurídica suprema que dignifica a todo ser humano: somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Lo opuesto es asumir que todos somos culpables, hasta que logremos demostrar nuestra inocencia. Da igual que seas rico o pobre, de izquierdas o de derechas, da igual tu procedencia, tu nacionalidad, tu equipo de fútbol o tu novelista ruso favorito: eres inocente, y quien te acuse tiene la obligación de demostrar tu culpabilidad, de aportar esa prueba. Y da igual, por supuesto, aunque haya gente encantada de haberlo olvidado, y nos quieran convencer de lo contrario, que quien acuse sea hombre o mujer. Es que las mujeres no mienten, hemos escuchado por aquí y por allá. Es que una mujer que acusa de una agresión sexual no miente, nos vienen asegurando, desde ciertos poderes públicos, desde hace ya varios años. Vamos a ver. Una mujer, ¿no roba? Una mujer, ¿no mata? Es más: una mujer, ¿no es capaz de matar a sus propios hijos? En esto, como en todo, los griegos nos llevaban la ventaja del sentido común: ahí está Medea asesinando a sus hijos, para vengarse del padre, Jasón, porque la ha abandonado. Pura violencia vicaria bien contada por Eurípides, primero, y por Séneca después. He preferido no buscar en Internet casos recientes de madres asesinando a sus hijos, pero hay cada año. Por supuesto que hay que defender los derechos de las víctimas, y seguramente endurecer las penas. Soy consciente de que lo anterior es un racimo de obviedades salpicado por mi evocación griega, con los desastres que esperaban a Jasón, después de haber encontrado el vellocino de oro, sólo por el despecho de una mujer que, como tantas, es capaz de todo. Pero no olvidemos que tenemos una vicepresidenta del Gobierno que, más allá de que se haya retractado con la boca pequeña, ha ido soltando en alaridos que ya está bien de que, al testimonio de las víctimas, se le imponga la presunción de inocencia. Vamos a ver, chicas, mujeres, damas y señoras, que estéis de acuerdo con María Jesús Montero -y con la otra Montero, Irene-: la presunción de inocencia no sólo os protege a vosotras, sino también a vuestros propios hijos, que acabarán de crecer y podrán ser acusados de lo que sea, aunque sea mentira. Y si abolimos la presunción de inocencia, todos -y todas, y todes- habremos fabricado un maravilloso mundo falsamente feminista y verdaderamente totalitario. *Escritor Suscríbete para seguir leyendo

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