Jordi Cruz, chef: El pollo frito más crujiente no se consigue sólo con aceite sino con esta mezcla de 300 g harina y 300 g de maicena
El chef catalán explicó cómo lograr una cobertura crocante al estilo coreano sin usar litros de aceite.
Conseguir un pollo frito crujiente y jugoso en casa suele ser un desafío: muchas veces el resultado es una carne seca o una cocina llena de salpicaduras de aceite. Sin embargo, el chef Jordi Cruz compartió su método para lograr una textura adictiva, sin necesidad de recurrir a grandes cantidades de aceite ni a técnicas complicadas.
El secreto, según Cruz, está en el uso de maicena (o, en su defecto, maicena) combinado con harina de trigo y especias. Esta mezcla, inspirada en la cocina asiática, permite obtener una cobertura fina y crocante, similar a la del famoso pollo frito coreano o el pollo Kentucky.
El almidón de patata también conocido como mandioca o katakuriko en tiendas asiáticas es menos común en España, pero la maicena es una alternativa accesible. La diferencia con la harina tradicional radica en que los almidones no contienen gluten, lo que evita que la cobertura se vuelva elástica y permite que se deshidrate rápido al freír, al formar una corteza seca y crocante.
Los ingredientes para el pollo frito más crujiente
Para preparar este pollo frito al estilo de Jordi Cruz, se necesita:
- 300 g de maicena.
- 300 g de harina.
- 3 cucharaditas de curri japonés en polvo.
- 1 cucharada de pimentón de la Vera ahumado.
- 2 cucharadas de ajo en polvo.
- 2 cucharadas de levadura química (tipo Royal).
- 1 cucharada de sal.
- Contramuslos de pollo deshuesados (150 g por persona).
- Aceite para freír.
- Semillas de sésamo y parte verde de cebolleta china para decorar.
Para quienes prefieren el toque picante, la salsa lleva:
- 1 cucharada de ajo picado.
- 50 ml de vinagre de arroz.
- 1 cucharada de gochujang.
Paso a paso: cómo preparar el pollo frito de Jordi Cruz
El proceso arranca cortando los contramuslos en trozos pequeños. En un bol, se mezclan la maicena, la harina, el curri, el pimentón, el ajo en polvo, la levadura y la sal. La mitad de esta mezcla se reserva y a la otra mitad se le agrega agua hasta obtener una crema espesa pero fluida.
Los trozos de pollo se sumergen en esta mezcla húmeda, se cubren bien y se dejan reposar en la heladera entre una y dos horas.
Para la salsa, se calientan todos los ingredientes en una sartén a fuego bajo hasta que el gochujang se disuelva.
A la hora de freír, se puede optar por sumergir los trozos en aceite caliente o usar una freidora de aire para una versión más limpia y ligera. Una vez dorados, se escurren bien y se saltean apenas unos segundos en la sartén con la salsa, solo para barnizarlos sin que pierdan el crocante.
El toque final: semillas de sésamo y cebolla picada por encima, y el plato está listo para servir.
Qué aporta el pollo frito con rebozado de almidón
Desde el punto de vista nutricional, el pollo es fuente de proteínas de alto valor biológico, hierro, fósforo y niacina. La carne contiene cerca de un 70% de agua, pero el rebozado con almidón suma carbohidratos complejos y, al freírse, forma una costra crocante que eleva el contenido calórico del plato.
El tipo de pieza elegida influye en el perfil nutricional: la pechuga es magra y alta en proteínas, mientras que los muslos y contramuslos tienen más grasa y resultan más calóricos tras la fritura. Las alitas, con mayor proporción de piel, son las más grasas y calóricas, aunque aportan una textura especialmente crocante.
Consumido con moderación y acompañado de guarniciones ligeras, este pollo frito puede formar parte de una comida equilibrada, aunque las piezas más grasas conviene reservarlas para ocasiones especiales.