Le decían El Loco: la historia del millonario suizo que plantó uno de los viñedos más extremos del mundo en Salta
Donald Hess se enamoró de una bodega centenaria en los Valles Calchaquíes, encontró agua con un péndulo en pleno monte salteño y cambió para siempre el vino de altura argentino.
Cuando el millonario suizoestaounidense Donald Hess marcó una cruz en medio del monte virgen de Payogasta, Salta, y ordenó cavar un pozo, los obreros pensaron que estaba loco.
A 2600 metros de altura, en una zona donde nadie creía que hubiera agua, el empresario insistió durante días mientras los trabajadores excavaban sin encontrar nada. Al cuarto día quisieron abandonar, pero él, con un ademán, les dijo que siguieran. Al sexto, cuando ya habían alcanzado los 60 metros de profundidad, comenzó a brotar agua.
¡Amalaya!, gritó uno de los operarios. Hess, que todavía no hablaba español, preguntó qué significaba. Algo parecido a milagro, le explicaron.
El episodio marcaría para siempre su historia en la Argentina. No solo porque bautizaría con ese nombre a una de sus bodegas, sino porque resumía a la perfección el proyecto que estaba a punto de emprender en los Valles Calchaquíes. Yo acá necesito cuatro milagros. Primero, que haya agua. Segundo, que crezca la viña, luego que la viña produzca y que me produzca buena calidad, afirmó el millonario.
Hasta entonces, nadie en el mundo había intentado hacer vinos a una altura tan extrema y nadie creía que fuera posible. Por eso, cuando compró 750 hectáreas de monte y creó la finca El Arenal, lo tildaron de loco. Y cuando años después hizo lo mismo con otro terreno a 3111 metros sobre el nivel del mar, El Loco Hess ya era su apodo.
Pero Hess, que vino a la Argentina con la idea de crear el viñedo más alto del mundo, tenía un secreto: lo que nadie sabía era que el hombre que había hecho fortuna con agua mineral en su Suiza natal era también rabdomante, una persona capaz de detectar agua con un péndulo.
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La búsqueda de un diamante en bruto y el flechazo por la bodega más antigua de la Argentina
Hess ya era un bodeguero exitoso en Napa Valley, California, cuando recorrió la Argentina a fines de los años 90 en busca de un vino diferente. Había atravesado Mendoza de punta a punta, pero pronto entendió que no quería ser una bodega más en la principal región vitivinícola argentina. Buscaba algo distinto.
El flechazo ocurrió casi por accidente.
Durante una comida en los Valles Calchaquíes,el suizo probó varios vinos de la zona sin entusiasmarse demasiado. Entonces le preguntó al dueño del restaurante si tenía alguna botella que no figurara en la carta. El hombre volvió con un Malbec que guardaba en su casa.
El color, la potencia aromática y la pureza del vino lo impactaron de inmediato. Era intenso, distinto. Un diamante en bruto, pensó Hess.
Era una botella de Colomé. Hess todavía no conocía la bodega ni había pisado sus viñedos, pero ya estaba obsesionado.
Colomé es la bodega más antigua de la Argentina en funcionamiento. Fue fundada en 1831 por el último gobernador realista de Salta, Nicolás Severo de Isasmendi y Echalar.
Su hija, Ascención Isasmendi, trajo vides desde Europa y fue de esos viñedos de más de 150 años, plantados sobre la ladera de un antiguo cauce del río Colomé, que provenía el vino que había dejado soñando a Hess.
Para él, el vino era un arte y a su vez él era coleccionista de arte, recordó Javier Grané , vineyard manager de Grupo Colomé y uno de los más antiguos colaboradores del suizo.
Y como coleccionista, Hess tenía una máxima que repetía con frecuencia al momento de comprar una obra: Las decisiones no se toman con la cabeza, sino con el corazón, pero después de poner la cabeza en la almohada.
A la mañana siguiente Hess seguía pensando en aquel vino oscuro, intenso y distinto que había aparecido casi por casualidad en su mesa. Quiso visitar la bodega, pero las lluvias habían cortado los caminos. Intentó comprarla. La familia Dávalos, entonces propietaria, se negó. Sin embargo, la idea ya se había instalado en su cabeza.
Mientras esperaba, Hess, un experto jugador de backgammon, comenzó a mover sus fichas. Adquirió la finca El Arenal y comenzó a trabajar en un proyecto que parecía imposible.
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En aquellos años, muchos consideraban que el límite lógico para la viticultura en la zona estaba cerca de los 2300 metros de altura.
Hess decidió ir más arriba. Mucho más arriba.
Primero plantó viñedos a 2600 metros. Después avanzó hasta los 3111 metros sobre el nivel del mar con Altura Máxima, que durante años fue el viñedo más alto del mundo.
En un lugar donde el límite teóricamente era Colomé con sus 2300 metros de altitud, él fue a los 2600. No había ninguna planta de vid a la redonda, nadie sabía cómo trabajarla, cómo manejarla. Es decir, tuvo que educar no solo al suelo, no solo al lugar, sino también a la gente. Y hoy en día es una de nuestros mejores vid, recordó Grané.
Pero Colomé nunca fue solamente un proyecto vitivinícola.
Cuando tras la crisis del 2001 Hess finalmente tomó el control de la bodega, encontró una comunidad aislada en medio de más de 30.000 hectáreas de monte. Parecía un pueblo fantasma, sin luz ni servicios básicos, en el que soló había personas mayores y mujeres con niños, recordó Grané. Antes de invertir en tanques o viñedos, Hess decidió invertir en las personas.
Amplió la escuela, construyó una sala de primeros auxilios, arregló la iglesia, mejoró las casas y desarrolló infraestructura para las familias. También construyó una granja que provee de leche a la escuela y de alimentos al hotel boutique que su esposa, Ursula, armó en la bodega.
A diferencia de otros inversores extranjeros que visitan sus proyectos unas pocas veces al año, él pasaba seis a ocho meses del añó acá, recordó el ingeniero agronómo Andrés Höy, a cargo de las vides centenarias. El empresario caminaba los viñedos, hablaba con los pobladores y seguía de cerca cada decisión. Más que una inversión, la bodega se convirtió en un proyecto de vida, un legado. El suizo se había enamorado de estas tierras áridas y de su gente.
El desafío de hacer crecer uvas a 3000 metros de altura
Cuando después de unos años, las 40 hectáreas de viñas plantadas en El Arenal dieron sus frutos y Hess vio que el resultado estaba a la altura de sus ambiciones, se fue aún más arriba.
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El Loco compró otro terreno a unos pocos kilómetros y creó el viñedo Altura Máxima, unas 26 hectáreas plantadas a 2900, 3000 y la joya de la corona, a 3111 metros de altitud. Durante varios años fue el viñedo más alto del mundo, hasta ser superado por otros dos proyectos, uno en Jujuy y el otro en el Tíbet.
Aunque ambas fincas están a pocos kilómetros y se pueden ver desde una a la otra, el suelo cambia por completo, así como el perfil de los vinos que se obtienen.
Cuando en El Arenal reinan los suelos arenosos y encontramos notas de violeta, en Altura Máxima hay suelos pedregosos, de origen aluvional, con una mezcla de granito, piedras calcáreas y hasta volcánicas. En este clima extremo y hostil plantaron Malbec, Cabernet, Pinot Noir y Sauvignon Blanc para hacer vinos 100% varietales.
Para ello emplean distintos métodos, como parral, espaldero y hasta gobelet. Al final del cuento las calidades organolépticas de los vinos son totalmente distintos por la insolación que tienen", explicó Rafael Racedo Aragón, el ingeniero agrónomo tucumano que junto a su perro Bronco, una fierra, vela sobre estos viñedos de altura con una vista privilegiada al nevado de Cachi.
La uva en parral es más sombreada, entonces te da vinos con características minerales, más frutales y los viñedos en espaldero, que están más expuestos al sol, tienen otras características. Esto te permite tener el mazo completo a la hora de hacer los cortes. Algunos hacen blends de cepas, nosotros hacemos blends de alturas, dijo con una sonrisa orgullosa.
La enología de la bodega está a cargo del francés Thibaut Delmotte, un borgoñón que encontró en estas tierras su El Dorado y ya va por su 22° cosecha. Una de las cosas que más le encanta a la hora de hacer vino en la Argentina es la libertad creativa que halló. Nunca te aburrís acá, siempre hay un desafío nuevo, sostuvo a TN.
La contratación de Delmotte también refleja el carácter de Hess. Durante una cata a ciegas, el francés criticó sin contemplaciones el que era el vino favorito y orgullo del empresario. Lejos de ofenderse, Hess le dio el puesto. Lo destrocé, pero le gustaron mi honestidad y mi visión, recordó con cariño el enólogo.
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Donald Hess murió en 2023, a los 86 años, y la bodega pasó a manos de su hijastra, Larissa, y su marido Christoph Ehrbar, pero el francés quedó más que ratificado en su puesto.
Un terruño único que toca el cielo
Las condiciones extremas de altura que Hess buscó en Salta dan origen a vinos de gran personalidad, pero también obligan a convivir con desafíos permanentes.
En los viñedos de altura, uno de los factores más determinantes es la intensa radiación solar que reciben las plantas. Más subimos, más radiación solar hay, explicó Delmotte. Para protegerse, las uvas desarrollan pieles más gruesas y oscuras, lo que se traduce en vinos de gran concentración.
No obstante, esa potencia encuentra un equilibrio gracias a la amplitud térmica característica de los Valles Calchaquíes. Las marcadas diferencias entre las temperaturas diurnas y nocturnas permiten conservar la acidez natural de la fruta y aportan frescura.
Esas mismas condiciones generan algo difícil de encontrar en otras regiones del mundo. Los vinos, en general, son concentrados o son elegantes. Nosotros tenemos la suerte de combinar concentración, elegancia y frescura, dijo Delmotte.
Esa combinación fue reconocida a nivel internacional. En 2025, el famoso crítico británico Tim Atkin le dio la extraordinaria marca de 99 puntos al Colomé Altura Máxima Malbec 2022 y lo nombró Mejor vino tinto argentino del año. Esa añada entró también entre los 100 mejores vinos de Argentina del estadounidense James Suckling, que le dio 97 puntos y elogió su nariz sutil de frutos rojos, violetas y maleza y destacó un paladar preciso, taninos pulidos y un delicado hilo de fruta azul. Sutil pero expresivo, resumió.
El promedio de lluvias en los Valles Calchaquíes es de 150 milímetros por año, casi todo concentrado en los meses de verano, lo que lleva a la bodega a cuidar hasta la más mínima gota de agua. En los viñedos de Colomé, después de las escasas lluvias, suele aparecer el sol y el viento corre desde dos frentes. Entonces es muy sano, no tenemos ninguna enfermedad, destacó Rafael, que define a esas corrientes como una verdadera escoba sanitaria.
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Para Delmotte, el principal obstáculo, además de las voraces hormigas, es el frío. A medida que se asciende en la montaña, aumenta el riesgo de heladas primaverales, por lo que es necesario aplicar estrategias como podas tardías e incluso sistemas de protección con aspersores en los viñedos más elevados.
Además, las condiciones extremas obligan a moderar la producción. No podemos exigir mucho a la planta en una viticultura tan extrema, explicó el galo.
Por eso, los rendimientos son más bajos que en otras regiones vitivinícolas, una restricción que, a la vez, se traduce en una mayor calidad de la fruta. Los rendimientos son bastante reducidos, pero eso nos permite obtener una uva de muy alta calidad, destacó.
A estos desafíos agronómicos se suma otro menos visible, pero igual de importante: la logística. En una región como los Valles Calchaquíes, conseguir insumos, maquinaria o personal especializado exige largos traslados y una planificación minuciosa. Estamos muy lejos de todo, resumió Delmotte.
Sin embargo, para el enólogo, esos esfuerzos encuentran recompensa. Altura Máxima es realmente nuestro terroir más único, con vinos de notas minerales, florales y cítricas, atravesados por una acidez vibrante. Donald tenía razón: acá había un diamante, concluyó el francés.
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Más de dos décadas después de aquel grito de amalaya, las hileras de viña avanzan entre cardones, piedras y montañas que parecen tocar el cielo. Donde muchos veían un desierto demasiado árido, demasiado remoto y demasiado alto para la vid, Hess imaginó una oportunidad. Donde nadie creía que hubiera agua, encontró un manantial. Y donde le dijeron que era imposible hacer vino, construyó uno de los proyectos vitivinícolas más singulares del mundo. Y así, El Loco terminó demostrando que la verdadera locura era no intentarlo.