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» TN
Fecha: 02/05/2026 05:42
El tiempo no cura todo. Para la familia de Gisela López, el paso de los años solo profundizó la herida. A una década del femicidio que conmocionó a Entre Ríos, la Justicia todavía no logró explicar quién violó y mató a la adolescente y el dolor se transformó en una lucha diaria contra la impunidad. Es muy angustiante en estas fechas saber que aún no tenemos respuestas por parte de la Justicia. Es muy triste, muy doloroso, cada vez la herida se abre más, dijo a TN Gabriel, uno de los hermanos de la víctima. Gisela tenía 19 años cuando desapareció, el 22 de abril de 2016, en Santa Elena. Volvía de la escuela nocturna a su casa en el barrio 120 Viviendas, pero nunca llegó. Su cuerpo apareció 18 días después, a solo 168 metros de donde fue vista por última vez, en una zona descampada conocida como El Bajo. La autopsia fue contundente: había sido golpeada, abusada sexualmente y estrangulada con el cordón de una zapatilla. Desde entonces, la causa se convirtió en un laberinto de errores, sospechas y desilusión. Un juicio sin condena El caso se convirtió en un emblema de la lucha contra la violencia de género y puso en evidencia fallas graves en la investigación. Es desgastante para nosotros convivir con una década sin justicia, desesperante. Y resaltó: Si bien hubo cuatro personas detenidas, una de ellas ya murió y tres están libres. Esas cuatro personas acusadas oportunamente por el femicidio de Gisela fueron Mario Saucedo (54 años al momento del hecho), alias Negro, quien murió en enero de 2022. También su hijo Elvio Saucedo (29) y Matías Vega (19), apodado Matute. A los tres se les imputaron los delitos de abuso sexual y homicidio. Además, Rocío Altamirano, de 19 años y novia de Vega, fue sospechada de encubrimiento. Sin embargo, tras un juicio sin pruebas concluyentes, en 2019 todos ellos fueron absueltos. Para la familia, ese fallo fue otro golpe cuando todavía no habían logrado reponerse del primero. Pero también fue una consecuencia de la mala investigación. La sensación que nos dejó fue muy triste. Nos chocamos con una realidad que no era...todos los que tuvieron a cargo la causa nos dieron la espalda., expresó el hermano de Gisela. Y enumeró: Para nosotros hubo errores, faltaron ajustar testimonios, hay una prueba de ADN que no se ha profundizado. También se supo de personas que decían saber lo que le pasó a Gisela y ni siquiera las llamaron a declarar. Actualmente, el caso está en manos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, tras los recursos presentados por el Ministerio Público Fiscal, que sostiene que los absueltos son los culpables. Es la última instancia. La última esperanza. Esperamos que los condenen o que haya un nuevo juicio, dice Gabriel. Y, como si pudiera hablar frente a los jueces, plantea: Que se investigue lo que se tenga que investigar, que piensen que hay una familia que hace 10 años está esperando justicia. Leé también: María Cash: el último viaje, un relato dudoso y un misterio que podría resolverse después de 15 años La herida de la impunidad El impacto no fue solo judicial. El daño mental y emocional nos persigue desde ese día. Mi hermano más chico está con tratamiento psiquiátrico. Nadie estaba preparado para esto, señaló. Y hay otro dolor: el juicio social. Que la sociedad también se ponga en papel de juez. Muchas veces se juzga a la familia o a la víctima sin saber lo que pasó. Así, la espera se volvió rutina. Llamamos tres o cuatro veces por semana para saber si hay novedades en la causa, pero no sabemos nada. A veces nos generan esperanza, otras incertidumbre, contó el hermano de Gisela. En medio de todo, la fe aparece como sostén: Nos aferramos mucho a Dios. La justicia terrenal nos daría un bálsamo de paz, para que ella pueda descansar y esto también termine. Gisela, un recuerdo vivo Pero Gisela no es solo un expediente. Es, sobre todo, un recuerdo vivo. Era una persona amorosa, le gustaba trabajar y cuidar a los niños. Era respetuosa, una chica sana. No le conocemos ni una maldad. Y queremos que se la recuerde así, expresó Gabriel. Entre tanto dolor, también hay una historia que la familia interpreta como una señal. Sobre el cierre de la entrevista con TN, Gabriel contó: Una o dos semanas antes de que Gisela desapareciera, me dijo: vos vas a ser papá. Yo no le creí. Gisela desapareció el 22 de abril y su cuerpo apareció el 10 de mayo. Tres días después, el 13 de mayo, él se enteró de que su pareja estaba embarazada. Hoy su hija lleva el nombre de su hermana. No tengo ninguna duda de que está en mi niña. Aprendí a ser el padre que Gisela siempre deseó tener, manifestó Gabriel, y la emoción le quiebra la voz por primera vez. Sé que donde esté, debe estar orgullosa de mí. Y yo estoy orgulloso de ella, porque me enseñó a batallar contra un sistema corrupto. Ella es mi guía, agregó. Actualmente, Gisela López le da nombre a una Asociación Civil que asiste a niños, jóvenes y adultos necesitados de Santa Elena y busca concientizar sobre la violencia de género y los femicidios. Al mismo tiempo, su familia no baja los brazos y sigue reclamando justicia . Diez años después, la pregunta de quién mató a Gisela todavía no tiene respuesta pero ellos no dejan de buscarla. Porque, concluyó Gabriel, confiamos en que la justicia tiene que llegar. Y también sería un mensaje para toda la sociedad, donde la palabra justicia se ha vuelto cada vez más lejana.
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