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  • Logran un prometedor avance para las personas con alergia a los alimentos

    » Nova Entre Rios

    Fecha: 30/04/2026 08:02

    Existen moléculas capaces de anticipar la gravedad, la tolerancia o la respuesta al tratamiento.

    La alergia a los alimentos de origen vegetal afecta a un número cada vez mayor de personas, suponiendo un riesgo grave para la salud y un desafío para los sistemas sanitarios. Ahora, una revisión publicada en la revista “Clinical Reviews in Allergy & Immunology” y realizada con apoyo de la Red de Enfermedades Inflamatorias (RICORS-REI) identifica una serie de biomarcadores innovadores que podrían transformar el abordaje clínico de estas alergias y llevarlo hacia un modelo de medicina personalizada y de precisión, mejorando la prevención y el tratamiento de estas alergias.

    El trabajo, titulado Precision Medicine in Plant Food Allergy: a Systematic Review of Biomarkers Under a Clinical Approach se ha realizado también con el apoyo y dentro del marco investigador de la Sociedad Española de Alergia e Inmunología Clínica (SEAIC).

    Revisión.

    La revisión, liderada por la Dra. María José Goikoetxea, de la Clínica Universidad de Navarra, y cuyos coautores principales son la Dra. María Luisa Somoza y el Dr. Emilio Núñez Borque, se centra en el papel fundamental de los biomarcadores señales y sustancias medibles en el organismo para guiar el diagnóstico, estratificar el riesgo de los pacientes y orientar el tratamiento. Esta revisión sistemática era necesaria porque el campo de la alergia a alimentos vegetales ha crecido de forma muy heterogénea, estudiando múltiples biomarcadores en contextos distintos, pero sin una integración clara orientada a la práctica clínica, explica el Dr. Emilio Nuñez Borque, investigador postdoctoral Sara Borrell en el Grupo de Investigación Inmunidad Tipo 2 y Enfermedades Alérgicas, dirigido por el Dr. Rodrigo Jiménez-Saiz (co-autor del trabajo) y por el Dr. Carlos Blanco (jefe del Servicio de Alergología del Hospital Universitario de La Princesa), en el Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Universitario de La Princesa (IIS-Princesa).

    Aunque contamos con múltiples pruebas diagnósticas, ninguna ofrece por sí sola un criterio definitivo ni funciona igual en todas las poblaciones, explica, por su parte, la Dra. María José Goikoetxea, responsable del Laboratorio de Alergología de la Clínica Universidad de Navarra, autora del estudio y miembro de la RICORS-REI. Ordenar las herramientas disponibles, identificar nuevos biomarcadores y detectar lagunas de conocimiento era clave, asegura.

    Nuevos biomarcadores en alergia.

    En ese contexto, los biomarcadores relacionados con la microbiota (los microorganismos que conviven de forma simbiótica con el cuerpo humano) están mostrando un papel emergente en la alergia a alimentos, según explica la Dra. Goikoetxea. El estudio confirma la utilidad de la secuenciación de la microbiota oral u intestinal para detectar la sensibilización (el proceso inicial en el que el sistema inmunológico reconoce una sustancia inofensiva alérgeno como una amenaza y produce anticuerpos contra ella), y, además, apunta a que también podría ser útil para medir el umbral a partir del cual una sustancia provoca una reacción, aunque en este último ámbito la evidencia no es tan abundante.

    El trabajo destaca también el potencial del test de activación de basófilos (BAT). Los basófilos son un tipo de glóbulos blancos y su recuento puede indicar alteraciones del sistema inmunológico. El estudio apunta a que el BAT no solo puede anticipar si un paciente tolerará un alimento, sino también estimar el umbral exacto de reacción y la gravedad del episodio alérgico.

    Detalles.

    Para llevar a cabo esta revisión, el equipo analizó 71 estudios clínicos de alta calidad publicados entre 2019 y 2024. Según explica el Dr. Núñez Borque, la mayoría de los biomarcadores analizados en estos trabajos siguen siendo los clásicos. Es decir, los que constituyen la base de la práctica clínica actual en alergia, como la inmunoglobulina E específica (IgE específica) o las pruebas cutáneas. Sin embargo, hay un 22,5% de estudios que se centran en nuevos biomarcadores, aún en fase de validación, lo que refleja que el campo está empezando a explorar enfoques más innovadores, explica.

    Entre estos nuevos biomarcadores, el investigador destaca el análisis de las características y cambios que se producen en las células de los pacientes, ya sea mediante la detección de la expresión de proteínas específicas (por ejemplo, marcadores de activación) o la cuantificación de distintas poblaciones celulares (por ejemplo, variaciones en el número de linfocitos). Aunque todavía no están plenamente incorporados a la clínica, estos enfoques emergentes tienen un alto potencial, señala.

    Sin embargo, el estudio también recuerda que la mayoría de estas tecnologías aún se encuentran en fases tempranas de validación. Su incorporación a la práctica clínica rutinaria está limitada por factores logísticos y económicos, incluyendo la necesidad de equipamiento especializado y personal altamente cualificado.

    Para estructurar esta revisión, los investigadores clasificaron la evidencia en cinco áreas clave: sensibilización, tolerancia, gravedad, umbral clínico y seguimiento terapéutico. El análisis reveló una tendencia clara en la investigación: la mayoría de los estudios se centran en gravedad (25 trabajos) y tolerancia (23), apoyándose principalmente en marcadores clásicos ya bien establecidos. Sin embargo, otras áreas importantes, como el umbral a partir del cual se produce la reacción alérgica o la investigación sobre los mecanismos iniciales de sensibilización están mucho menos desarrolladas. Esta distribución indica que la investigación responde directamente a las necesidades más inmediatas de la práctica clínica diaria; por ejemplo, determinar si un paciente, especialmente un niño, está en riesgo de sufrir una reacción grave ante una exposición mínima.

    Hacia una Alergología de precisión.

    En cuanto a los alimentos con más protagonismo en la investigación, el cacahuete es el alérgeno alimentario más estudiado a nivel mundial, seguido por los frutos secos y el trigo. Por el contrario, existe cierta escasez de investigaciones centradas en frutas y semillas.

    Este trabajo, además de aportar un marco claro que organiza los biomarcadores según su utilidad clínica real, pone de manifiesto lagunas importantes, especialmente en aspectos como el umbral clínico o la evolución hacia la tolerancia, que son clave para la toma de decisiones médicas, explica el Dr. Núñez Borque.

    En conjunto, los hallazgos apuntan a un futuro en el que exista una Alergología de precisión, capaz de adaptar decisiones clínicas a las características biológicas individuales de cada paciente. No obstante, el reto no es sólo científico, sino también estructural: trasladar estos avances desde el laboratorio hasta la consulta requerirá inversión, estandarización y acceso a las nuevas tecnologías.

    A medio plazo, el Dr. Núñez Borque apunta a un cambio de paradigma: Si logramos validar estos nuevos biomarcadores en estudios multicéntricos, podremos reducir la dependencia de pruebas de provocación, mejorar la predicción de reacciones graves y avanzar hacia un manejo realmente personalizado de la alergia alimentaria, señala.

    La Dra. Goikoetxea resalta, por su parte, la importancia que esta revisión puede tener utilidad ya la práctica clínica del día a día: Podemos identificar si existen marcadores con suficiente evidencia para predecir el riesgo de reacciones severas, monitorizar tratamientos o determinar la necesidad de dietas estrictas incluso ante exposiciones mínimas, expone.

    Según destaca la investigadora, en la alergia a alimentos vegetales es esencial contar con un diagnóstico de precisión debido a su gran variabilidad. Puede presentarse como un leve picor en la boca o como una reacción muy grave, como la anafilaxia; puede estar condicionada por la ingesta de un fármaco o la realización de ejercicio físico; las reacciones pueden desencadenarse por trazas muy pequeñas incluso puede tolerarse la pulpa pero no la piel del mismo fruto. Perfilar a los pacientes en detalle mediante biomarcadores es clave para afinar el manejo clínico, explica.

    En conclusión, esta revisión traza una hoja de ruta: avanzar desde un modelo reactivo hacia una medicina predictiva, capaz de anticipar el riesgo individual de cada paciente. El reto ahora no es solo identificar biomarcadores prometedores, sino validarlos, hacerlos accesibles y traducirlos en decisiones clínicas concretas.

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