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» TN
Fecha: 22/04/2026 05:52
Irina Werning nació en Buenos Aires y estudió en la Universidad de San Andrés; se licenció en Economía, obtuvo un máster en Historia y luego se fue de viaje como mochilera. Anduvo en India, se quedó un tiempo en Israel, pasó de lugar en lugar y por fin aterrizó en Europa. No tenía claro qué quería hacer hasta que leyó en una revista un reportaje a Colin Jacobson, un legendario editor que describió la vida de un fotoperiodista: alguien que sale por el mundo a la caza de historias, documentando la realidad. Eso decidió su vocación. Werning comenzó a estudiar Fotoperiodismo en la Universidad de Westminster, en Londres; tenía 30 años y nunca antes había tenido una cámara en las manos. Sus compañeros no hacían otra cosa desde la infancia. No es una tarea fácil, afirmó: hay que salir a la calle, probar, cometer errores y aprender. Por fin se graduó con un máster en la carrera y comenzó a trabajar. Su mirada peculiar, la curiosidad por las tradiciones de las diferentes culturas, el interés por las costumbres y creencias de lugares remotos colocaron a Irina Werning en un lugar destacado del mundo de la fotografía. Comenzó a obtener becas y reconocimientos: la revista Time declaró que era una de los nueve fotógrafos argentinos a quienes era preciso seguir, y su libro Back to the Future (Regreso al futuro) fue declarado en 2014 uno de los mejores libros de fotografía. Obtuvo una beca de la National Geographic y en 2021 la de Pulitzer. Hubo más premios y subsidios, muchos más. El proyecto Back to the Future es una colección de fotografías en las que Irina Werning propone a una serie de personas o grupos de personas reproducir en la edad adulta una fotografía de su infancia. Los sujetos invitados aceptaron con gusto y el resultado es asombroso y divertido, casi milagroso. Werning buscó y encontró en cierta zona de América Latina una comunidad que venera la cabellera de las mujeres: nunca se cortan el pelo porque entienden que cortar el pelo es como cortar una parte de su alma. Es una tradición de orgullo generacional que afirma su vínculo con la tierra a la que pertenecen. Las cabelleras son formidables. Hay una colección de conmovedora belleza en las pequeñas escuelas enclavadas en los Andes, donde las ventanas de las modestas aulas se apoyan en la base de la cordillera. Y resulta irresistible el Proyecto Chin, su perro crestado chino, para quien armó infinitas situaciones: en la playa, en la cárcel, en un auto convertible, como músico, cocinero, astronauta, constructor y arquero de fútbol. Irresistible.
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