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Parana » Cuestion Entrerriana
Fecha: 04/04/2026 00:56
En mayo del 2011, bajo Gobierno municipal de José Carlos Halle, se inauguró el Shopping La Paz Paraná, el centro comercial radicado en donde se erigía el Mercado Central. Con una millonaria inversión en dólares, generó la creación de cientos de puestos de trabajo. Hoy, luce con signos innegables de decaimiento. La crisis del país golpea una vez más tras la funesta pandemia por el COVID. Una vieja demanda de los paranaenses y también como oferta para los turistas quedó saldada a mediados de mayo del 2011 con la apertura del Shopping La Paz Paraná Mall. Mediante un llamado a licitación, la Municipalidad de Paraná otorgó la obra de remodelación y explotación del predio en concesión. La inversión rondó los 3,5 millones de dólares y generó empleo a 300 obreros durante su construcción, para luego crear unos otros cientos de puestos de trabajo para la administración, la atención en los locales, seguridad, limpieza, entre otros aspectos. Y un dato significativo del impacto beneficioso para la economía local es que el 90 por ciento del medio centenar de locales que contaría el predio, iban a ser ocupados por empresarios o emprendedores locales, más allá que sea a través de franquicias nacionales o internacionales. O que -paradójicamente- el dueño de todo, sea uno de los empresarios más prósperos de la república: Daniel Brahim, líder del Grupo Dabra (o Dexter), conglomerado argentino líder en el retail de indumentaria y calzado deportivo, con más de 150 tiendas físicas y un fuerte componente de e-commerce, controlando las cadenas Dexter, Stock Center, Moov y la plataforma Netshoes en Argentina. La inversión, que reconoció el estilo arquitectónico y otorgó valor rescatando lo histórico, promovió otro eje urbano a la ciudad, recuperando una zona deprimida comercialmente y prácticamente intransitada. Otro aspecto destacable como comunidad: su establecimiento se cristalizó en consenso y sin resistencias, algo poco frecuente para una sociedad poco adaptable a los cambios. El aislamiento social, preventivo y obligatorio que comenzó el 20 de marzo de 2020 y, a través de sucesivas prórrogas, se convirtió en una de las cuarentenas más largas del mundo, significó -amén de las luctuosas consecuencias en materia sanitaria- una gravísima coyuntura para toda la sociedad en materia económico-financiera, y pese a semejante catástrofe, el Shopping reabrió sus puertas readaptándose a una nueva realidad. Alberto Fernández, promotor del mencionado confinamiento en el país, dejó a la Argentina en delicado estado estructural y/o sistémico/social, tomando la dirección del Estado el outsider Javier Milei quien reafirma -día a día- haber mejorado los índices de inflación, pobreza y desempleo, sin embargo a lo largo y ancho de estas tierras solo se constata una dantesca escena de cierres de industrias, fábricas, empresas, comercios y una lógica caída del consumo como una sensible metamorfosis en lo inherente a cambios en los hábitos de compra. Así, abocándonos a la coyuntura que afecta puntualmente al mall o galería comercial precitada, mes a mes se suman los carteles de se alquila. ¡Obvio! La postal se repite en todo el circuito comercial de la Capital entrerriana Pero se visualiza con mayor contundencia en la estadística de locales abiertos y cerrados. Ahora bien, ¿todo es cuestión de billeteras o bolsillos vacíos? ¿Todo radica en la concepción macroeconómica del ministro Luis Caputo y su Todo Marcha Acorde al Plan? ¿O, refiriéndonos estrictamente al Shopping La Paz, hay algunas cuestiones que el concesionario podría modificar con otra tendencia mercantil? Es axiomático la visión en lo inherente a que cada vez más personas compran indumentaria sin salir de sus casas, atraídas por precios competitivos y envíos directos. De hecho, resulta irrefutable que las plataformas internacionales, como las de origen asiático, sumaron una presión extra sobre los comercios físicos, que deben afrontar costos fijos elevados. En ese sentido, muchos empresarios reforzaron sus canales digitales o hasta analizan mudarse al comercio online, donde el alcance es mayor y los gastos mensuales son menores. En cambio, para otros, por libretos obstinados, teorías arcaicas, o lisa y llana filosofía empresarial, cultura organizacional, ideología corporativa, o filosofía/credo de gestión, la transición no fue posible y bajaron la persiana. Es incontrovertible que a la merma rotunda del consumo se le sumó otro problema estructural: los costos. Luz, impuestos, cargas laborales y alquileres elevados formaron una combinación difícil de sostener cuando las ventas no acompañan. De este modo, la rentabilidad real del negocio pasó a ser para muchos exígua o simplemente quedaron al borde del quebranto. En plena recesión, mantener un comercio sobre la base de un déficit o perjuicio económico, o lucro cesante deriva en la ruina. Mantener precios competitivos hoy ya no alcanza. La combinación de una demanda golpeada, la creciente competencia del canal online el llamado factor Temu, alquileres en alza y gastos fijos de funcionamiento, arroja un inexorable balance negativo ante un mapa que se reconfigura a gran velocidad, con perdedores muy visibles y un nivel de vacancia preocupante, con cierta rotación de locales que responde más a cambios de marcas que a lanzamiento de nuevos emprendimientos. Caminando la calle, las galerías, los centros comerciales, apreciamos un consumidor más exigente y selectivo, que quiere comprar bien, lo que no necesariamente significa elegir siempre lo más barato. Los compradores desarrollaron una especie de algoritmo propio, en el que el precio sigue siendo clave, pero también esperan que las marcas les ofrezcan algo más. O sea los consumidores buscan novedades, apareciendo una renovada demanda por la innovación. Y algunas claves que arroja un estudio de campo que venimos abordando es, -amén de la oferta, precios, financiación y esencialmente calidad de los productos puestos a la venta-, el trato que se brinda en locales, el confort, la comodidad, la higiene. Paraná es una ciudad donde debe mejorar urgentemente el modo en que se atiende al cliente. Décadas atrás el empleado de comercio era asesor, consejero; guiaba al consumidor, lo orientaba luciendo pericia notable en su caudal cultural. Hoy existe una evidente falencia, una ostensible carencia en ese sentido, más allá de honrosas excepciones que, coincidentemente, tienen íntima relación con la edad y/o la trayectoria del vendedor. Y el Shopping La Paz ha sido blanco de coincidentes reclamos que llegan a nuestra Redacción. Cada vez más locales cerrados, y los que están abiertos distan de una atención esmerada que atraiga, que cautive, que seduzca, al difícil consumidor y más aún al siempre austero turista que llega a este pago entrerriano. Pero a la vez, aparece como eje de reclamos la falta de calefacción adecuada para cada lapso estacional (especialmente en verano), el estado de baños, el funcionamiento de ascensor o escaleras mecánicas y la presencia perturbadora de jóvenes que toman a este Centro Comercial solo como un Paseo, al cual ingresan con latitas de marcas de gaseosas o energizantes y las llenan de agua en los sanitarios a los que ensucian y hasta deterioran con malos procederes. A esto le podemos anexar, grupos de distintas edades que ocupan sillas y mesas del primer piso para tomar mate sin hacer la más ínfima inversión, o personas que llevan sus notebooks y utilizan el predio como coworking, o hasta despachos para concertar reuniones de trabajo (ejemplo entrevistas laborales), sin concretar la más exigua transacción comercial. Del mismo modo, puede verse a padres esperando a pequeños que jueguen -horas- en la sala de entretenimientos, mate en manos y hasta consumiendo productos gastronómicos caseros o adquiridos fuera del Complejo, sin pudor de ensuciar y no limpiar. Y como actores centrales de inconductas diversas, en especial respecto al uso de los baños, algunos/as Trapitos y Trapitas (no todos), que suelen incomodar con diversas conductas a los clientes del Shopping pero de modo fundamental, exhiben un desprecio nefasto por respetar el Derecho de los demás en contar con instalaciones adecuadas para un establecimiento de jerarquía. Lógicamente, descripto esto, resulta oportuno tratar de determinar cuál es el marco de discrecionalidad con la que puede actuar el concesionario para limitar el ingreso o permanencia del consumidor y/o usuario, y cuáles son los límites de un mayor control o sencillamente el fijar un Derecho de Admisión. De esta manera, dentro de los márgenes de objetividad, proporcionalidad y razonabilidad cabe poner acento en el evitar la arbitrariedad y la discriminación; aunque, hete aquí una cuestión elemental: ¿Hay una legislación que, dentro de los Derechos en la Defensa del Consumidor, proteja las prerrogativas, las atribuciones del concesionario? Preguntamos entonces: -¿Hay letra chica para exigirle al concesionario del Shopping La Paz que permita irrestrictamente o sin límites el uso de los sanitarios del Complejo por el cual paga todas sus Obligaciones para mantenerlo? -¿No tiene Derechos el empresario Daniel Brahim y sus empleados? -¿Qué locales comerciales de Paraná prestan los baños a sus clientes? -¿Puede estar sin consumir un cliente en un bar paranaense trabajando con su computadora (usando electricidad y wifi)? -¿Cuánto puede permanecer tomándose un café, un té, un agua, o una gaseosa (por ejemplo) sin otro consumo? -¿Y por qué el concesionario de un Shopping debe tolerar que esto sí suceda en su Establecimiento sin que ninguna norma lo ampare? Y a los que siempre están listos para criticar al que invierte en vez de defenderlo, les consignamos que resulta obvio la necesidad de reforzar el staff de limpieza del Complejo. De hecho, hemos contemplado que hubo cambios en cuanto a la firma tercerizada contratada y en vez de mejorar el servicio ha decaído nocivamente lo que se acentúa con el ingreso de ciertos usuarios maleducados o hasta groseros y hostiles. Pero, por otra parte, tres preguntas vitales: -¿Qué legitimidad o alcance de potestades tiene el personal de Seguridad en sus respectivos puestos? -¿Son defendidos o están garantizados sus procederes por la Ley? -¿Cuáles son las normas concretas del Establecimiento? En esta Columna Editorial propendemos a invocar el Derecho de Admisión, creemos con firmeza que es ciento por ciento imprescindible pero no como una suerte de licencia donde vale todo, vale la prepotencia, vale ser discriminador, homofóbico, violento, antisemita, etc. ¡No! ¡No vale todo! Muy por el contrario, este Derecho debe responder a parámetros objetivos e información adecuada; no puede caer en absolutismos, ni vulnerar normas de orden público como la Ley de Protección de Personas con Discapacidad, la Ley de Defensa del Consumidor, los Tratados Internacionales firmados por Argentina o hasta nuestra propia Constitución Nacional. Debe tener límites como cualquier otro Derecho: límites precisos y modalidades específicas para ejercerlo. Y para consumar ello, el concesionario debe informarlo previamente con antelación y eficacia. En la práctica, esto implica que, al concurrir a un lugar el consumidor debe poder conocer los requisitos mínimos que legitimizan sus Derechos, y así se les expone los del local al cual van a asistir. Consideramos justo -y MUY necesario- que el concesionario pueda reservarse la atribución de admitir o excluir, siempre que la exclusión se fundamente en condiciones objetivas de admisión y permanencia, que no deben ser contrarias a los Derechos reconocidos en la Constitución Nacional ni suponer un trato discriminatorio o arbitrario para las personas, así como tampoco colocarlas en situaciones de inferioridad o indefensión con respecto a otros concurrentes. Entonces insistimos Para ejercer este Derecho el punto de partida es informar a los clientes sobre el mismo y, francamente, en tres lustros, no lo vimos, no sabemos siquiera si existe. Una Garantía y un Derecho Central que establece nuestra Constitución Nacional es que todos somos iguales ante la ley. Por lo tanto, cualquiera que pretenda usar el Derecho de Admisión lo podrá hacer, pero poniendo especial cuidado en no afectar ese importante mandato normativo, pieza fundacional de todo nuestro sistema jurídico. Concluimos Daniel Brahim, sin dudas, maneja números con una pericia inobjetable, pero consideramos que puede cristalizar un saludable cambio en una de sus empresas como el Shopping La Paz, entendiendo un poco más cuál es la ideosincrasia del paranaense, del entrerriano. Dicho esto, esperamos que PRONTO, logre cerrar un buen acuerdo con una nueva firma gastronómica para cubrir el enorme vacío que dejó Havanna, tema al que en las próximas horas dedicaremos algunas líneas.
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