Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • 70000 Tons of Metal: a bordo del crucero heavy más grande del mundo

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 04/04/2026 02:48

    (DESDE EL CARIBE, ENVIADO ESPECIAL) Andy Piller irrumpe en la cena de invitados prensa de su propio crucero, el 70000 Tons of Metal, un festival flotante de más de 60 bandas. Lleva una barba de dos días en la cara y un equipo de trunking en su camisa, como los que usa la policía. Asegura que hay una tormenta de viento allá afuera, en el medio de las aguas del Caribe, a unas pocas millas náuticas de la costa de las Bahamas. El escenario de su crucero, según él mismo el mayor escenario montado en una estructura en alta mar, se bambolea con el clima a bordo del navío Freedom of the Seas, de 338 metros de eslora. El grupo Paradise Lost debería tocar en instantes en el escenario de cubierta. Pero, a Piller -un tipo magnético, de un particular nivel de energía- el capitán del navío le dio el siguiente consejo: Si el viento pasa los 30 nudos, se cancela el show, afirma a sus comenzales. Lo dice mientras sus invitados saborean un lomo con langosta, lo mejor que un restaurant de la línea Royal Caribbean puede servir. Allá afuera, en medio de la ola polar que castigó al Hemisferio Norte a fines de enero último, con las iguanas que se desplomaban catatónicas en las palmeras de Miami, Paradise Lost espera comenzar su show. Es una banda tal vez menor para el gran público que desconoce al metal. Sin embargo, fueron instrumentales en los años 90 al instalar el estilo doom, con gran éxito. Su forma de metal más lento, melancólico, un heavy convertido en arte que expresa un real dolor. El viento cede. Paradise Lost comienza su show. Algunos lo disfrutan con buzos de manga larga. Otros, en cuero en el jacuzzi frente al escenario, atérmicos, con las latas de cerveza australiana Fosters que se apilan, omnipresentes en el crucero. Paradise Lost se entrega con abandono en el medio del viento a algunos de sus mayores himnos, cosas generacionales para cualquier heavy que haya cruzado los 40: Gothic, Enchantment, Embers Fire, As I Die. Muchos ni siquiera se quedarán para el aplauso final. Casi en simultáneo, el grupo sueco Dark Tranquillity, pilar del death metal melódico sueco, una banda que causó un pequeño furor en Latinoamérica, comenzará su show en el Royal Theatre, el segundo mayor escenario del Freedom of the Seas, una especie de teatro Gran Rex bajo cubierta. El éxodo se entiende. Por otra parte, hay una temperatura de cinco grados en pleno Caribe. La sensación es deliciosamente apocalíptica en la edición 2026 de 70000 Tons of Metal, el mayor crucero heavy metal del mundo, una de las experiencias más singulares en el mapa global de la música pesada. No es una exageración decirlo, porque, básicamente, no hay otra cosa como 70000 Tons of Metal en la saturación del mapa de la oferta de música en vivo Occidente. Hay festivales de heavy metal, que, básicamente, mantienen vivo al género y a su cultura a través de sus altibajos. Pero ninguno de estos festivales se asemeja al creado por Piller, un productor suizo que captó el auge del metal más extremo en los años 90 y que, al ver un crucero en el puerto de Vancouver, Canadá, creyó que sería un buen escenario. Así, 70000 Tons of Metal navega hace 19 años cada fin de enero desde el Port of Miami en la línea Royal Caribbean bajo la idea faraónica de ser un festival de música heavy non-stop; las bandas tocan durante cuatro días en tres escenarios distintos desde las 10 AM hasta las 5 AM. Nassau, capital de Bahamas, fue el destino final esta vez. Pero aquí, la experiencia es más íntima, menos despersonalizada. Piensen en uno de los mayores festivales del planeta, el Wacken Open Air de Alemania, donde más de 100 mil personas chapotean en el barro, a cientos de metros de un baño químico. En la edición 2026 del crucero, 2920 metaleros felices de 72 países -principalmente del hemisferio norte, norteamericanos, alemanes, canadienses y suizos que escapan del frío cruel- disfrutaron de su propio Disneyland para adultos a metros de distancia de sus bandas favoritas, de pie, o desde uno de siete jacuzzis a bordo. Los grupos de esta edición-más de 60-, realmente, valen la pena. Hay viejos y nuevos, clásicos indestructibles y posibles apuestas al futuro del metal mismo: Anthrax, Dark Tranquillity, Paradise Lost, Kanonenfieber, Vio-Lence, Hirax, Tribulation, Wind Rose, Soilwork, Soen, Firewind. La edición 2027 ya fue anunciada. Todo, desde ya, incluye las comodidades propis de un crucero. Si uno quiere spa, hay spa. Si uno se cansa, va a su camarote y ya. Si uno quiere pizza, café, torta o papas fritas, hay a toda hora. Si uno quiere alcohol, hay más de treinta puntos de expendio. Los bares atacan casi a traición. A excepción del gimnasio o la cabina del capitán mismo, uno puede comprar una cerveza en literalmente cualquier punto. Esto puede ser un peligro, en el sentido más leve de la palabra: una cerveza no baja de ocho dólares, cinco por 25 en los combos de trasnoche. La tarjeta magnética que da acceso al camarote de un pasajero está vinculada a su tarjeta de crédito. En el desembarco, mientras esperan sus shuttles o autos de aplicación, hombres adultos con la cara roja de tanto beber, las mismas moscas metalizadas de bar que pasaron sus tardes pidiendo una más, llorarán a ver los resúmenes de sus tarjetas de crédito. Los habitués de 70000 Tons of Metal -hay bebés con sus padres, junto a hombres de más de 70 años- se comunican entre sí con un código de pertenencia. Survivors, se llaman entre ellos, sobrevivientes. Ciertos huéspedesya son un clásico entre la tripulación. Un hombre de Noruega, por ejemplo, de más de 70 años, vestido de vikingo con un casco de cuernos de cotillón, que siempre está en el casino del subsuelo, el único lugar en todo el crucero donde se puede fumar bajo cubierta. Al final del festival, el vikingo de cotillón se hará firmar su chaleco por todos sus compañeros en el casini. Hay un chico de no más de 21 años, que anda con un pene de plástico de 40 centímetros de largo, al que apoda Jeff y con el que golpea a otros en el pogo. Casi toda la tripulación conoce a Jeff por algún motivo u otro. El último día del crucero es día de fiestas de disfraces. Hay producciones realmente esmeradas. Hay latinos. Los acentos mexicanos y centroamericanos son perfectamente audibles entre la multitud. Ahorré seis meses para llegar aquí, me dice un chileno devoto del thrash metal a minutos del feroz show de Vio-Lence, un clásico del estilo desde la Bay Area de San Francisco. Y hay rioplatenses también. acento. Cecilia Gabe, apodada Ash por susamigos en el barco, devota del metal sinfónico, ingeniera informática, es parte del festival hace casi una década. Cecilia asevera: ¿Por qué vuelvo cada año al crucero y qué significa para mí? Porque es familia. O sea, ya está. Te hacés amigos, compartís con todo el mundo, gente que nunca viste en tu vida, primera vez que los ves, todos compartiendo metal, todos los días, los cinco días, las veinticuatro horas. No importa dónde vayas, no importa con quién te cruces, todos estamos en la misma onda. Acá ves todos los shows que querés ver, de una, sin complicaciones. No me gusta para nada la onda de estar en un bote en el medio de la nada, pero me gusta estar rodeada de metaleros. Alejandro Melgar, oriundo de Montevideo, metalero planetario, cumplió el desafío de ver las 61 bandas que tocaron en la edición 2026 del crucero, una hazaña de falta de sueño. Regentea The Dark Melody, su propio medio en Instagram y Youtube, donde realiza reseñas y crónicas de conciertos. Llegué por las redes. Vi que existía un crucero metalero y quise probar la experiencia. 2018 fue mi primer año. Desde ese entonces, estuve en cada edición. Creo que representa el punto máximo de la conexión con el artista, siendo fan. Tiene la manera más cómoda de ver a todas las bandas que se presentan, un crucero de lujolleno de actividades, comida, cama montón de cosas para hacer. Además, te cruzás con los músicos todo el tiempo. Es una experiencia que cambia la vida de cualquier metalero, dice Melgar. Es cierto. Un héroe de la guitarra, una pieza fundamental del género, tal vez esté ahí, en la fila del buffet en el desayuno, a la espera de la tostadora y los huevos revueltos. fotos y video: Federico Fahsbender

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por