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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 04/04/2026 02:48
En un contexto donde el empleo formal se vuelve cada vez más difícil de alcanzar y donde la irrupción de nuevas tecnologías redefine el mercado laboral, los oficios vuelven a ganar protagonismo. Para muchos jóvenes, no se trata solo de una salida laboral, sino de una forma de construir autonomía, identidad y futuro. Liam Rodríguez tiene 28 años y encontró en su vocación una oportunidad para reinventarse. Desde chico le llamaba la atención el trabajo de los paseadores de perros de su barrio. Con el tiempo, ese interés se transformó en una posibilidad concreta, aunque durante años lo ejerció de manera informal y sin herramientas que le permitieran crecer. Siempre me gustó trabajar con perros, es algo que me hace sentir bien. Pero no sabía cómo hacerlo de manera profesional. No tenía conocimientos técnicos ni sabía cómo organizar mi trabajo, cuenta. Su punto de inflexión llegó cuando decidió capacitarse para profesionalizar ese oficio. Para mí, obtener una certificación con el respaldo de instituciones como la UBA, Fundación EMPUJAR y el Sindicato de Trabajadores Caninos significaba mucho más que un título. Era validar algo que me gustaba y empezar a tomarlo en serio. La experiencia de formación no solo le brindó herramientas concretas desde el manejo de manadas, cómo sujetar correas para no lesionarse, hasta aspectos clave como organizarse con los cobros, sino que también le permitió resignificar su rol. Después de formarme, me sentía más preparado, más seguro. Cambió mi forma de trabajar y también la forma en que me veía a mí mismo. Me ayudó a mejorar, potenciando la forma en la que yo ya venía trabajando. Pero hay algo más que Liam destaca: el acompañamiento. Muchas veces los jóvenes somos subestimados por la falta de experiencia. En cambio, acá me sentí escuchado y respetado. Nos trataban como pares, y eso hace una gran diferencia. Hoy su realidad es otra. Organiza sus horarios, define sus ingresos y elige con quién trabajar. Valoro mucho poder decidir cuánto quiero ganar, cómo armar mi rutina. Esa autonomía me da tranquilidad. La mayoría de los días voy a trabajar feliz. En paralelo a historias como la de Liam, hay una transformación más amplia que explica por qué este tipo de oficios ha comenzado a crecer. Según un estudio de Voices!, ocho de cada diez argentinos tienen mascotas en sus hogares, una cifra que no deja de crecer en los últimos años. Pero el dato más relevante no es solo la cantidad, sino el vínculo: el 97% de las personas considera a sus animales parte de la familia y el 80% los percibe como hijos. Este cambio cultural tiene consecuencias concretas. Las mascotas ya no son solo compañía: implican tiempo, cuidado y, cada vez más, servicios especializados. De hecho, el 90% de los dueños declara que busca reducir el tiempo que sus animales pasan solos, lo que impulsa la demanda de paseadores, cuidadores y servicios personalizados. En este contexto, emerge un nicho laboral en expansión. El cuidado de mascotas desde paseos hasta entrenamiento o guarderías se consolida como una economía en crecimiento, impulsada por la integración de estos animales a los hogares argentinos y la disposición de las personas a invertir en su bienestar. Para muchos jóvenes, este escenario abre una puerta concreta: convertir un interés o afinidad en una actividad económica sostenible. No se trata solo de encontrar trabajo, sino de crearlo. Ahí es donde la capacitación cobra un rol clave: profesionalizar estos oficios, incorporar herramientas técnicas y brindar respaldo permite transformar una tarea informal en un servicio con valor, proyección y reconocimiento. Historias como la de Liam reflejan un cambio profundo: el de una generación que, frente a un mercado laboral en transformación, encuentra en los oficios no solo una alternativa, sino una oportunidad concreta de desarrollo. En ese camino, la capacitación y el acompañamiento se vuelven claves para transformar vocaciones en proyectos de inserción laboral. En esa línea, iniciativas como la que impulsa Fundación EMPUJAR buscan cerrar la brecha entre vocación y oportunidad, especialmente para jóvenes de contextos vulnerables. El próximo 14 de abril, la organización lanzará la tercera edición de su curso de paseadores de perros, en articulación con el Sindicato de Trabajadores Caninos y la Secretaría de Extensión de la Facultad de Veterinaria de la UBA. La propuesta apunta a algo concreto: acercar herramientas reales para que más jóvenes puedan transformar un interés en una salida laboral sostenible. Con una beca 100% gratuita, el programa está dirigido a jóvenes de 18 a 28 años de la zona de AMBA y combina formación técnica con entrenamiento en habilidades blandas, con un posterior acompañamiento luego del egreso, un diferencial clave en los primeros pasos laborales. A lo largo de tres meses de cursadacon clases tres veces por semana, los participantes incorporan conocimientos sobre manejo responsable, seguridad en el paseo, bienestar animal y aspectos fundamentales para desarrollarse como trabajadores caninos. Con 60 cupos disponibles, la iniciativa no solo responde a una demanda creciente del mercado, sino que también busca profesionalizar un oficio históricamente informal, ampliando oportunidades en un contexto donde generar ingresos propios se vuelve cada vez más relevante. Para inscribirse hay tiempo hasta el jueves 9 de abril, llenando el formulario que está disponible en su web. La historia de Liam es, en ese sentido, un reflejo concreto de lo que puede pasar cuando esa oportunidad aparece a tiempo.
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