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» TN
Fecha: 08/03/2026 06:00
Matías Rival era vareador, trabajaba en blanco en un campo de Coronel Brandsen, vivía con su familia y no tenía antecedentes penales. En plena pandemia, según su versión, decidió rescatar a un ternerito recién nacido y su vecino lo acusó de haberlo robado. Sin saber qué firmaba, aceptó un juicio abreviado que terminó con una condena a cuatro años de prisión. Meses después, la Justicia anuló todo el proceso al detectar graves irregularidades. El hombre pasó 13 meses preso, parte de ese tiempo en la Unidad 26 de Lisandro Olmos. Hoy intenta rehacer su vida, pero asegura que la mala imagen por haber estado preso le cerró puertas laborales y le dejó secuelas psicológicas. Siento vergüenza de salir de mi casa, contó en diálogo con TN. Ahora sus abogados iniciaron un reclamo contra el Estado por la detención que la propia Justicia consideró ilegítima. Rival debe ir nuevamente a juicio, donde podría resultar absuelto o recibir una nueva pena. Pero sus defensores buscan que la reparación por el daño moral sea superadora y adelantaron que no hay pruebas en su contra. El caso de Matías Rival La historia comenzó el 14 de julio de 2020, cuando se denunció un hecho de abigeato agravado en el campo Puesto Nuevo de Pini, en el partido bonaerense de Coronel Brandsen. Según la acusación, alguien había sustraído un ternero recién nacido. Tiempo después, la investigación apuntó contra Rival. El peón rural siempre sostuvo que el animal no había sido robado. Según relató, su hermano encontró al ternero solo en la calle y se lo llevó para que él lo criara. En ese momento, Rival trabajaba en un pequeño tambo y pidió permiso al dueño del campo para tenerlo allí. Mi hermano había encontrado un ternero chiquito en la calle. Yo estaba trabajando en un tambito y le dije que lo trajera porque era recién nacido. Lo alimentamos y lo cuidamos, recordó. Según su versión, el dueño del establecimiento le dio autorización para criarlo. Pero unas semanas después todo cambió. A los 15 o 20 días llegó la policía. Me acusaban de robar el animal y me llevaron detenido, contó. Al ternerito se lo llevó la policía y no supe más nada de él, agregó. La firma que lo llevó a la condena El caso avanzó en la Justicia bonaerense y, en noviembre de 2024, el fiscal de juicio Mariano Sibuet y la defensora oficial María Vigorelli presentaron ante el Tribunal Oral en lo Criminal N°5 de La Plata un acuerdo de juicio abreviado. El 6 de noviembre de ese año, la jueza Carmen Rosa Palacios Arias homologó el acuerdo y condenó a Rival a cuatro años de prisión de cumplimiento efectivo, aunque con la modalidad de arresto domiciliario con salida laboral. Pero el propio Rival asegura que nunca comprendió realmente lo que estaba firmando. La defensora me dijo que tenía que firmar en ese momento o cerrábamos el caso ahí. Me dio a entender que si no aceptaba los cuatro años de domiciliaria, iba directo al penal ese mismo día, explicó. El hombre siempre sostuvo su inocencia, pero sostiene que firmó el acuerdo por miedo. No entendí bien lo que estaba firmando. Es la primera vez que paso por algo así, no tengo conocimientos penales. Tenía miedo de ir preso. Me quería ir a mi casa, aseguró. Poco después de iniciada la ejecución de la condena, el caso dio un giro inesperado. El 29 de noviembre de 2024, la fiscal de ejecución Maribel Furnus pidió revocar el arresto domiciliario al considerar que no cumplía con los requisitos de ese beneficio. Para la fiscalía, Rival no tenía una enfermedad incurable o terminal, no tenía discapacidad que hiciera indigno su trato en prisión, y no era mayor de 70 años. El planteo prosperó meses después. El 22 de agosto de 2025, el juez de ejecución José Nicolás Villafañe revocó la domiciliaria y ordenó que Rival fuera trasladado a una unidad penitenciaria con régimen abierto. Así terminó alojado en la Unidad 26 de Lisandro Olmos. Fue horrible. Estuve con violadores, asesinos, de todo. Y yo solamente había rescatado un ternero. Es insólito, contó. Durante ese tiempo intentó mantenerse ocupado para sobrellevar la situación. Hizo cursos dentro del penal y participó en talleres. Trataba de trabajar, hacer cursos, tener ocupada la cabeza. Hice talleres de cocina y empecé a aprender cosas de abogacía, recordó. En agosto de 2025, Rival declaró ante la DDI de La Plata y fue asistido por dos nuevos abogados particulares, Ignacio Fernández Camillo y José Francisco Sánchez Peralta. Los defensores denunciaron irregularidades en el proceso y presentaron un habeas corpus para cuestionar la detención. Sin embargo, la Cámara de Apelación y Garantías de La Plata rechazó ese planteo al considerar que la sentencia ya estaba firme y que no correspondía revisarla por esa vía. Entonces, la defensa acudió al Tribunal de Casación Penal mediante una acción de revisión, donde fundamentaron que Rival se encontraba en un estado de indefensión absoluta al momento de firmar el juicio abreviado. Según precisaron, Rival no tuvo el libre albedrío ni recibió una explicación sobre las consecuencias de lo que estaba firmando, ni se le informó sobre la posibilidad de ir a un debate oral. También sostuvieron que, más allá de que se violó un acuerdo entre las partes, hubo una inexistencia de autoría. Sostuvieron que Rival era ajeno al delito. Según su versión, él solo aceptó criar un ternero que su hermano encontró en la calle y para el cual pidió permiso a su patrón. A su vez, explicaron que se dictó una sentencia arbitraria. Aseguraron que la jueza se limitó a transcribir elementos de la instrucción sin explicar el proceso intelectual para concluir que Rival era el autor. Y afirmaron que la condena se basó en absolutamente nada más que presunciones del administrador del campo. Es decir, no tenían pruebas claras. El fallo que anuló la condena El 9 de diciembre de 2025, la Sala IV del Tribunal de Casación Penal bonaerense anuló la condena. Los jueces Carlos Ángel Natiello y Mario Eduardo Kohan concluyeron que el proceso estaba atravesado por graves irregularidades. Entre otros puntos, coincidieron con los fundamentos de la defensa y señalaron que Rival no prestó su consentimiento de manera libre para el juicio abreviado y que actuó bajo presión. También remarcaron que la sentencia original carecía de una fundamentación lógica que permitiera sostener su responsabilidad penal en el supuesto robo del animal. Leé también: El campo logró que anulen la Tasa de Servicios Esenciales en Azul pero el Ejecutivo apelará El fallo sostuvo que la resolución del Tribunal Oral se limitó a mencionar pruebas sin explicar cómo esas evidencias permitían concluir que Rival había cometido el delito. Además, Casación cuestionó al Ministerio Público Fiscal por haber acordado una pena bajo arresto domiciliario y luego pedir su revocación durante la ejecución de la condena. Para el tribunal, esa conducta implicó una violación al principio de buena fe procesal. Como consecuencia, se declaró la nulidad de todo lo dictado en el juicio abreviado desde la firma del acuerdo, y se ordenó realizar un nuevo debate oral. Las secuelas después de la cárcel Aunque recuperó la libertad, Matías Rival aseguró que su vida cambió por completo. Durante más de un año estuvo preso entre arresto domiciliario y detención en el penal. Hoy en día, no puedo laburar en el campo. Yo estaba en blanco y ahora nadie me quiere dar trabajo. Quedé mal para todos acá, explicó. Antes del caso tenía empleo registrado en actividades rurales. Ahora intenta sostenerse con trabajos de artesanía. Soy soguero, hago artesanías en cuero. Con eso trato de salir adelante, contó. Sin embargo, asegura que la prisión le dejó consecuencias psicológicas. A la noche me despierto varias veces. Siento que escucho a los guardias golpeando las rejas. Eso me quedó como secuela. Me despierto de golpe, dijo. También habló del impacto social que le provocó el caso. Me da vergüenza caminar por la calle. De a poco estoy recuperando mi vida normal. Mi familia sabe que soy inocente, pero es difícil limpiar una imagen cuando no hiciste nada, afirmó. Tras el fallo de Casación, los abogados de Rival iniciaron un reclamo para que el Estado lo indemnice por la privación ilegal de su libertad. Según explicó a TN su defensor Juan Ignacio Camillo, el propio tribunal remitió el pedido de reparación integral al Tribunal N°5, pero podría pasar al fuero contencioso administrativo. El problema es que eso puede tardar diez o quince años, advirtió el abogado. Camillo sostuvo que la Convención Interamericana sobre Derechos Humanos establece que la reparación debe ser inmediata cuando se vulneran derechos fundamentales como la libertad personal. Además, recordó que el Código Procesal Penal fija un piso para estos casos. El mínimo corresponde a un salario mínimo vital y móvil por cada mes que permaneció privado de su libertad. A eso hay que sumarle el daño moral y otros rubros, explicó. Para la defensa, la indemnización debería ser mayor debido al impacto que el proceso tuvo en la vida del hombre. El resarcimiento por el daño moral tiene que ser superador, planteó. Más allá de eso, los defensores sostienen que no hay pruebas en contra de Rival. Creemos que la fiscalía no tiene elementos ni material probatorio para acusar, no hay nada contra mi defendido más que el testimonio del dueño del ternerito, expresó Camillo. Mientras espera el nuevo juicio y el avance del reclamo contra el Estado, Rival intenta reconstruir su vida después de un proceso judicial que, según concluyó la propia Justicia, estuvo marcado por errores graves desde el inicio.
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