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  • Lectores: Con Mirta formamos una pareja que fue un gran amor

    » Clarin

    Fecha: 08/03/2026 07:44

    Allá por los 70, una bella mujer entró a trabajar en grabo-verificación de Siam Di Tella. Ella acaparaba todas las miradas. Era la más bella. Sus ojazos grises producían cortocircuitos en quien resistiera su mirada. Se llamaba Mirta, y fue mi gran amor. La persona que llegó a mi vida, le dio luz y sentido a mis días, como yo a los de ella. Entre los dos formamos una pareja que fue un gran amor. En 1970 hubo una fiesta en Siam y me senté a su lado, y en el momento del baile la saqué a bailar como otros lo habían hecho (éramos todos compañeros de trabajo). Al poco tiempo empezó otro año y nuestras miradas comenzaron a hacerse habituales, atravesaban el inmenso vidrio que separaba Operaciones de Grabo-Verificación cada vez con mayor frecuencia, existió una conexión especial entre nosotros. Tanto que una señora grande se percató de ello y como era confidente le sonsacó qué sentimientos le despertaba aquel flaco, no lindo pero que tenía algo especial, a pesar de que ella hacía 6 años que mantenía un largo y aburrido noviazgo, apoyado por ambas familias y pronto se iba a comprometer. Pero aquello comenzó a tomar color con la celestina que organizó y compartió un par de almuerzos con ellos en el Palacio de la Papa Frita de Lavalle. Fue así que comenzaron a encontrarse a tomar cafecitos. Esos rituales se trasladaron a un cafecito que había en Rivadavia y Cucha-Cucha, a escondidas de Carlos. Cada vez más el fuego se iba apoderando de aquellos dos jóvenes, hasta que llegó un 20 de febrero. Fue una noche que decidieron ir a bailar juntos con la pareja amiga de Alberto y Stellita a Enamour, en Vicente López. Allí se dieron el primer beso. Beso que selló para siempre sus vidas, porque a partir de allí, Juanjo sintió que no habría retorno y dio por terminado su noviazgo de 5 años con Ana María y Mirta abandonó el suyo de 6 años con su novio Carlos. Ya empezaban a llegar los regalos a su casa, y estaban terminando de pagar un departamento a estrenar en Rivadavia al 7200, en Flores. Los días siguientes transcurrieron para ella en un clima de incertidumbre y nerviosismo, su padre opinaba que no podía suspender su compromiso y así sucedió. Celebraron ese acto que en los 70 todavía se estilaba. Como festejo, los padres de Carlos la llevaron junto a la familia unos días a una casita que tenían en la Costa, y luego retornaron. Juanjo, no podía contener su ansiedad por volver a verla. Al día siguiente la llamó por teléfono y la invitó a salir, y la pasó a buscar por su casa. Se fueron a chapar a los bosques de Palermo. Cuando regresaron, esa noche, se sentaron en la mesa de un bar de Rojas y Rivadavia. Juanjo, juntando fuerzas, porque tenía un miedo terrible de perderla, le pidió que dejara a su novio porque él no soportaba estar compartiendo algo que tanto deseaba, que hasta que eso no sucediera dejarían de verse. Ella entonces le pidió que la esperara. Con el transcurrir de los días Mirta lo dejó a Carlos y este se intentó suicidar enroscándose la cadena del inodoro al cuello, lo que le produjo un mareo o confusión y la alarma para con todos en la casa. A ella nada de lo que pudiera hacer Carlos le interesaba ni conmovía, sólo quería poder cumplir con lo pactado con Juanjo, y no dio marcha atrás en su decisión de dejarlo todo. Como había renunciado a Siam y vuelto a su trabajo anterior, la Caja de Autónomos en Carlos Pellegrini, la llamó a su vieja confidente Isabel, que seguía trabajando en Florida y Tucumán para planear un encuentro en aquel barcito llamado Canoba. Isabel le dijo a Juanjo que a las 22 fuera al bar, que lo aguardaría una sorpresa. A él se le aceleró el corazón. Al llegar estaba ella sola esperándole en una mesa. Se dieron un beso. Tomaron un café y se fueron a bailar a Zum Zum (Laprida entre Arenales y Santa Fe) y a la salida tuvieron su primera noche amorosa. Fue aquella una noche mágica. Se miraban y besaban con una pasión irrefrenable, tanto que en un momento ella le contó que nunca antes durante los 6 años de su noviazgo con él se sentía tan protegida. Esa noche se hizo de día, cuando se hicieron las 7,30 se vistieron a las apuradas y él la dejó en su casa (obvio, recibió la reprimenda de su madre Tota y su abuela Fedora (todavía no les entraba en la cabeza la locura que había cometido esa chica con Carlos (que ya tenían todo preparado para formar una familia, como se concebía antes, estando completamente de acuerdo en todo). Muchas veces, volviendo de su sinfonía amorosa, luego de dejarla en su casa, él se volvía con Puky (la perra salchicha) a dormir con él (se ponía derechita como una tabla, espalda con espalda). Cómo disfrutó del cariño que esa perra le entregaba. Con el tiempo, no mucho, Fedora y Tota se convencieron de que al amor nada lo puede frenar y terminaron adorando a Juanjo, aquel que le había devuelto la risa a Mirta. Juan José de Guzmán / jjdeguz@gmail.com EL COMENTARIO DEL EDITOR Por César Dossi Amar, arriba de la alfombra de Aladín Juan rememora su historia de amor, lo cuenta en tercera persona y con una pluma chapada a la antigua, igualmente válida cuando de sentimientos se trata. Más aún cuando el amor, ese que muchas veces no podemos describir cuando se planta de lleno en el corazón, aparece sin previo aviso. Ya no somos los mismos, se nos nota en el cara, nos dicen, estamos en un estado mental de profunda conexión con la otra persona. Como si estuviéramos trasladándonos de un lado a otro, flotando arriba de la alfombra de Aladín. Mágicamente, por llamarlo de alguna manera, nos enamoramos. La otra persona nos completa, nos energiza. Y entra en juego lo esencial, la comunicación, la confianza, el respeto y el compromiso, junto con la intimidad y la pasión. El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, entre otras de sus frases decía sobre el amor que nunca estamos tan indefensos contra el sufrimiento que como cuando amamos. Exponía también que el el amor es la proyección de una imagen ideal, que nos completamos a través del otro. Y sostenía que la relación con el otro nos sume en la angustia, porque inmediatamente aparece el temor a perderlo. Con ese bagaje, atravesamos quizás el mejor momento de nuestras vidas y, se toma o se deja, se juega todo por amor o se pierde todo. Lo cierto es que Cupido entra en el juego y el flechazo cala profundo. El desafío es tratar de llevar la flecha clavada el mayor tiempo posible. No es una competencia, simplemente es amar sin lastimar, porque como Tota y Fedora se convencieron en la carta, de que al amor nada lo puede frenar, incluso más allá. Juan tiene hoy 79 años y su amada Mirta falleció hace poco, el 13 de febrero de 2026, a los 76 años. Newsletter Clarín

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