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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 08/03/2026 02:46
El que apuesta al dólar, pierde. El que puso dólares, recibirá dólares. Comprá, campeón. ¿Alguien vio alguna vez un dólar?. Más falso que un dólar celeste. La historia argentina contemporánea está colmada de frases célebres que refieren a una moneda extranjera: el dólar. Casi ningún otro país del mundo tiene esa peculiaridad. Y esta semana, por cierto, esa saga recibió un aporte novedoso. El Gobierno difundió una curiosa publicidad donde media docena de colchones hablan entre sí, se quejan porque los dólares escondidos dentro de ellos les provocan dolores y finalmente se convencen de que la mejor alternativa es depositarlos en el Banco Nación. Sobre el final de la pieza, los colchones, felices y contentos, hacen cola al frente de una sucursal. La obsesión por los colchones no se redujo a esa explosión creativa. En la misma semana, el ministro de Economía, Luis Caputo, se refirió varias veces a los colchones de los argentinos. Dijo, por ejemplo: Los argentinos no es que no tengan los ahorros. Tienen casi tres veces debajo del colchón los depósitos en pesos que hay medidos en dólares en todo el sistema financiero. 170.000 millones de dólares que hay de depósitos en pesos medidos en dólares Hay 170.000 debajo de los colchones. Nosotros como argentinos también tenemos que tener esa responsabilidad social de decir: Bueno, terminemos con el pasado. Ustedes están perdiendo plata. Fíjense esta paradoja: tienen los dólares en sus casas -ustedes perdiendo plata-, pero además el que más pierde es el país. Porque, de vuelta: esos son dólares, esa es plata que no se canaliza al crédito. Cuando las pymes se quejan y dicen: No tenemos crédito. Y bueno, ¿cómo vamos a tener si tienen los ahorros en sus casas?. El análisis detallado de ese párrafo permite entender muchas cosas que están pasando en la Argentina en estos días, y muchas que han pasado a lo largo de décadas. La utilización de la palabra colchón para referirse al lugar donde están los dólares no necesita explicación entre nosotros. Pero para cualquier extranjero sonaría disparatada. Lo que pasa es que todos los argentinos tenemos un canuto con dólares en algún lugar de nuestras casas. Uno de los lugares predilectos para esconderlos son los colchones, habría que explicarle. Inmediatamente pensaría, con cierta razón, que estamos todos locos. Entonces sería necesario contarle las veces que depositarlos en los bancos se transformó en un pésimo negocio y, además, que muchos de esos billetes vienen de la economía en negro: en fin, el retrato de un país complicado. Eso, entonces, refiere a un problema estructural. Por eso, Caputo no es el primer ministro de Economía obsesionado por los dólares de los colchones, y por todo tipo de dólares. Está claro que el problema no lo creó, aunque lo haya alimentado hace unos años durante el macrismo. Pero también es cierto al mismo tiempoque el mejor ministro de economía de la historia mundial no resolvió el problema en estos dos años y pico. Su insistencia es además un indicador de que el tema lo angustia, que no es para él un asunto menor sino importante y bastante urgente. Esta misma semana, el ministro Caputo confesó su propia frustración: él pensaba que el problema iba a desaparecer porque la Argentina habría bajado tanto el Riesgo País que tendría libre acceso al crédito externo. A estas alturas yo hubiese dicho que íbamos a estar en 250 puntos de Riesgo País admitió-. La mayoría de los colegas, en el desconocimiento, empiezan a buscar razones. No, negro, lo que pasa es que es más difícil de lo que crees. La expectativa fallida de Caputo tenía cierta lógica. Como él mismo explicó, los mercados podrían premiar al Gobierno porque realizó un ajuste de dimensiones históricas en tiempo récord, y sostuvo el resultado fiscal producto de ese ajuste. Ese proceso se dio en un marco donde también ganaron las elecciones y tienen el respaldo financiero del país más rico de Occidente. Además, el Gobierno estableció un régimen de estímulo muy favorable a las inversiones extranjeras, prometió no revisar de dónde viene el dinero que se invierta aquí y, finalmente ha demostrado que controla el Parlamento. Aprobó una reforma laboral muy extrema en la reducción de costos empresarios y una ley de glaciares que le pedían las empresas mineras más poderosas del mundo. Con toda esa batería, era razonable que bajara el Riesgo País y sobraran los dólares. Así funcionan las cosas en la cosmovisión ortodoxa. Pero no. Todo lo contrario. Hay una lección bastante inquietante allí: los mercados tal vez pidan cosas imposibles y corran el arco todo el tiempo. No sería la primera vez que cumplir con sus demandas termina en un fracaso estrepitoso. Sea como fuere, esta misma semana, cinco bancos norteamericanos al unísono advirtieron que la Argentina es muy vulnerable. El Citibank sostuvo que si la guerra se prolonga la Argentina corre riesgos de sufrir una depreciación cambiaria y salida de capitales debido a sus bajas reservas. El Banco Barclays consideró que con una economía abierta y sin colchón de divisas, Argentina recibirá el impacto pleno de cualquier shock internacional, lo que pone en duda la capacidad de pago de la deuda a largo plazo si no se normaliza el mercado cambiario pronto. El Wells Fargo advirtió que, en un escenario de vuelo a la calidad (flight to quality) global, los mercados emergentes frágiles como Argentina sufren la salida de divisas y caracterizó a la Argentina como uno de los mercados más vulnerables. El Bank Of America ubicó a la economía argentina como una de las cinco más frágiles del mundo. El contexto que rodeaba a los colchones parlantes es, como se ve, problemático. El consumo cae mes a mes, la inflación se sostiene en niveles altos, la recaudación cayó fuerte por séptimo mes consecutivo, las cifras de morosidad, especialmente en deudores de cadenas de electrodomésticos y de aplicaciones financieras llega a porcentajes astronómicos, el Riesgo País ha subido cien puntos en el último mes, las tasas de interés siguen altas y empieza a ser muy habitual que empresas de todo tamaño y ubicación geográfica cierren o despidan a parte importante de su personal. Para graficar la magnitud del problema tal vez sirva una encuesta difundida esta semana por la Unión Industrial de la cual surge que el 45,6 por ciento de las empresas tiene dificultades para afrontar los pagos a proveedores, de impuestos, de salarios o de servicios. El 32,2 por ciento no paga los impuestos en fecha. El 31,9 pospone pagos a proveedores. Un 25 por ciento se atrasa en el pago de deudas, otro 21 por ciento en el pago de servicios y un 13 por ciento en los salarios. El 5 por ciento tiene problemas en los cuatro rubros. A esta situación se le suma una creciente inquietud internacional por las decisiones tan personales que toma, una y otra vez, Donald Trump. No es fácil manejar dinero en un contexto donde el presidente del principal país del mundo sube aranceles, baja aranceles, amenaza con una guerra contra Dinamarca, inicia una guerra con Irán. Las acciones y los bonos se comportan como barriletes. Los operadores viven una tortura permanente. Esta semana, por ejemplo, la Bolsa de Corea bajó un doce por ciento en un día, y luego recuperó su valor anterior, el petróleo y el gas se dispararon hacia el infinito, el principal fondo de inversión del mundo limitó al 5 por ciento los retiros de capital de sus clientes. Entonces, sólo los audaces hacen apuestas. El resto de los humanos, y de los países, prefieren tener la plata en lugares lo más seguros posibles. Según los observadores internacionales, la Argentina no lo es. Más allá del color que cada gobierno le imprime a este cansador desafío conseguir dólares-, lo cierto es que es un problema difícil de resolver. Eso se puede percibir en una decisión personal del ministro. Esta misma semana, muchos periodistas y políticos opositores se burlaron de Caputo porque reclama un compromiso patriótico a quienes tienen dólares fuera del sistema, pero él no trae la fortuna que tiene depositada en el exterior. Es que el colchón de Caputo es un XL espectacular, un King Size solo accesible para quienes conocen los verdaderos secretos de cómo hacer dinero del dinero. Pero más allá de la cuestión moral, que existe, se trata de una cuestión evidente de incentivos. Si Caputo tiene su fortuna afuera es porque cree que es más conveniente que traerla: porque es más seguro, porque le da más rendimientos, por lo que sea. Más allá del resultado inmediato de colocar los dólares en el sistema, también él considera que es razonable sustraerlos. En ese sentido, el ministro, los argentinos, los colchones, los bancos extranjeros coinciden. Y ese es el nudo tan difícil de desatar. Ahora, pedirle a los demás que tomen un riesgo que él no toma, debilita su poder de convicción, y clarorevela algo muy relevante de su escala de valores. Hay tres teorías superpuestas que intentan explicar por qué los colchones siguen siendo percibidos como un lugar seguro para los dólares. Una corriente sostiene que se trata del riesgo argentino. Todo el mundo está acostumbrado a que, tarde o temprano, la Argentina devalúa. Entonces se guarda los dólares, o compra dólares, para ese momento: una tradición forjada a golpazos. En alguno de sus discursos, Javier Milei defendió esa mirada. Otra interpretación es que se trata de una reacción a la posibilidad de que vuelva el kirchnerismo: el riesgo kuka. Caputo sostiene esa teoría. Aunque para mí es cero, el mercado sigue creyendo que hay riesgo kuka, dijo antes de ayer. Una tercera mirada advierte que el problema central es la fragilidad del plan oficial. Así lo han expresado la mayoría de los economistas profesionales argentinos y los informes de los bancos, donde la cuestión política no aparece como uno de los factores determinantes. Seguramente se trata de una combinación de factores. Pero Caputo solo puede operar sobre uno de los tres. No puede cambiar la historia argentina. No puede eliminar el supuesto miedo al kirchnerismo. Lo único que puede hacer es revisar si su plan es realmente consistente. Porque un programa que necesitó dos salvatajes agónicos y ahora vuelve a chocar contra el mismo problema, tal vez tenga problemas serios de diseño. O tal vez apenas sea la condena eterna de la endiablada economía argentina. Como él mismo lo dice: Negro, lo que pasa es que es más difícil de lo que crees. Cuando parece más cerca, es cuando se aleja más, decía Atahualpa Yupanqui.
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