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» TN
Fecha: 08/03/2026 05:29
Todo empezó como un chiste. O, quizás, como una de esas verdades que solo se animan a salir disfrazadas de broma. Lucas (36) y Estefanía (37), la China, tenían una vida resuelta en Mercedes, provincia de Buenos Aires. Él, arquitecto; ella, su compañera en el movimiento constante de abrir y cerrar locales de ropa deportiva. Pero la estabilidad, esa palabra que para muchos es un refugio, empezó a sentirse como una jaula de oro. Nos faltaba movimiento, confesó Lucas a TN. La idea de emigrar a España o Costa Rica sobrevoló la mesa familiar, pero el cálculo era frío: Mover a seis personas es ser un número más; si no nos gustaba, estábamos atrapados. Entonces, apareció la señal. O mejor dicho, apareció él. Leé también: Trabajaban en un banco, en 2020 se hicieron una pregunta y sus vidas cambiaron para siempre La búsqueda terminó en un pueblo cerca de Azul. Un colectivo gris, modelo 60, con una particularidad que para Lucas no fue coincidencia: su patente terminaba en 10. El dueño no quería dólares ni grandes transacciones; buscaba un auto para su hija que empezaba la facultad. Lucas ofreció su Volkswagen Up mano a mano. Veinte días después, el colectivo ya bautizado como El Pelu entraba a sus vidas. Fue después de la pandemia, en 2021. Yo estaba leyendo Yo soy el Diego de la gente, el libro que era de mi abuela René. Cuando vi el bondi, gris y con esa patente, supe que era un homenaje. Todos van a Alaska, nosotros tenemos que ir a Nápoles, recordó Lucas con la convicción de quien proyecta una obra que ya vio terminada en su cabeza. Una casa de seis La familia es numerosa: Violeta (20), Blanca (17), Azul (7) e Oro (5). Al principio, los seis se lanzaron a la ruta, cruzando incluso a Brasil. Sin embargo, el camino tiene sus propios ritmos. Tras la experiencia en tierras brasileñas, las hijas mayores decidieron volver a Mercedes para seguir sus propios proyectos, aunque se suman como refuerzos en vacaciones, quedándose un mes compartiendo el espacio reducido pero lleno de mística, para crear contenido de Pelusa por el Mundo. Hoy, la cotidianeidad transcurre entre paisajes que cambian cada 15 días. ¿Cómo se vive? Con lo justo y con mucho ingenio. Vendieron el fondo de comercio de su local para tener un colchón de emergencia que terminó invertido en mecánica, pero el día a día se banca con el aguante del Diego: venden stickers y parches para remeras en plazas y eventos. También llaveros. Además, hacen trabajos de construcción, cortan el pasto o cocinan pan casero. Para el combustible alcanza bien y para la comida, que son las prioridades, indicaron. Una de las preguntas más frecuentes es sobre la educación de los más chicos. Mientras muchos viajeros optan por la escolaridad virtual (SEADEA), Lucas y Estefanía eligieron la presencialidad. Estamos 15 ó 20 días en lugares que nos gustan, ellos hacen la escuela ahí y después seguimos. Hoy mismo arrancan las clases en Lago Puelo, detallaron. Para ellos, ver el deshielo, entender cómo un río llega al mar o conocer distintas realidades sociales es una universidad a cielo abierto. Nuestros hijos aprenden a ver a sus padres hacer las cosas desde el amor y la comunicación, explicaron. El viaje les regaló momentos que ni el mejor guion de cine podría escribir. Un 29 de octubre, en Buenos Aires, conocieron a un amigo de la infancia de Maradona que los invitó a un evento. Esa noche, en un estacionamiento y casi a oscuras porque las baterías del panel solar fallaban, ocurrió el milagro: Claudia Villafañe, Dalma y Gianinna aparecieron caminando. Claudia preguntó si podía subir. Se emocionaron, hubo abrazos... fue como si el Diego nos diera el visto bueno, contó Luca. El presente y el horizonte Actualmente están en Lago Puelo, Chubut. El plan es bajar hasta Ushuaia por la mítica Ruta 40, sintiendo cómo el Pelu gambetea las subidas y bajadas de la Patagonia. Estefanía, que se define como la abogada del colectivo por cómo lo cuida de cada ruidito o mancha, reflexionó sobre lo que descubrió en estos años: Me enamoré del Diego a través de los ojos de la gente. Ver cómo a personas desconocidas se les caen las lágrimas solo con ver pasar el colectivo es algo inexplicable. El sueño final es cruzar el Atlántico desde el puerto de Zárate o Montevideo en un barco Ro-Ro para llevar el homenaje a Nápoles. Pero no hay apuro. Como dijo Luca, el mayor aprendizaje fue soltar el control: Llevamos al Pelu con respeto, lo besamos al acostarnos. Sentimos que el Diego va manejando con nosotros.
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