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  • Tiene 13 años, sufrió bullying y tuvo una idea con la que logró recaudar miles de dólares en solo seis meses

    » TN

    Fecha: 08/03/2026 05:44

    A los 13 años, cuando la mayoría apenas empieza a preguntarse qué le gusta y qué no, Francisco Darlan ya habla de inversión, de reinvertir utilidades, de escalar producción y de diseñar su propia fábrica de impresión 3D, como si esas palabras formaran parte natural del lenguaje de la adolescencia. Sin embargo, detrás del pequeño emprendedor de Temperley que hoy gestiona pedidos de productos como llaveros, artículos de decoración, que aprende de ingeniería por cuenta propia y proyecta cursos digitales, hay una historia atravesada por curiosidad, momentos duros y una convicción que no nació del éxito, sino de la necesidad de encontrar un lugar propio en el mundo. Una curiosidad que empezó antes que el negocio Francisco no llegó a la impresión 3D buscando dinero, ni fama, ni seguidores, sino porque encontró en esa tecnología algo que lo obligaba a pensar, probar, equivocarse y volver a intentar. Leé también: Del garaje al laboratorio: una estudiante y su padre crearon una bioimpresora 3D que fabrica tejidos vivos Esto empezó como un hobby, algo que me hace aprender todo el tiempo, y la verdad que me encanta, contó, en diálogo con TN, al recordar los primeros pasos, cuando ni siquiera tenía máquina propia y pasaba horas mirando videos para entender cómo funcionaban. A los nueve años un profesor del colegio le contó que en su casa tenía una impresora 3D. Le mostró muchos videos sobre cómo funciona y allí comenzó a investigar por su cuenta. La primera impresora, una Ender 3 vieja, lenta y completamente manual, llegó después, con ayuda de sus padres, y fue más una escuela que una herramienta. Me daba mucha batalla. No tenía calibración automática ni nada, recordó, como quien habla de un maestro exigente que lo obligó a aprender desde lo más básico. Ese comienzo lleno de errores técnicos terminó siendo decisivo: al tener que resolver cada problema manualmente, adquirió un conocimiento que hoy considera su mayor ventaja. La decisión clave Lejos de la lógica infantil del consumo inmediato, Francisco tomó una decisión que marcaría el rumbo del proyecto. En su cumpleaños, cuando recibió dinero como regalo, decidió no gastarlo. ¿Por qué no lo reinvertimos y me compro una impresora nueva?, les propuso a sus padres. Aquella elección, casi intuitiva, fue su primer gesto empresarial, aunque todavía no lo supiera. Con ese aporte y la ayuda familiar compró una segunda máquina más moderna, lo que permitió comenzar a aceptar pedidos personalizados y animarse a publicar contenido, aun cuando las primeras publicaciones apenas alcanzaban a unas pocas personas. No eran videos de la gran cosa. Llegaban a 200 o 500 personas y no tenían casi likes, dijo sin dramatismo, como si el crecimiento lento hubiera sido siempre parte del plan. El congreso donde dejó de ser un juego A los diez años asistió a su primer congreso de impresión 3D acompañado por su familia, una experiencia que transformó la curiosidad en vocación. Allí, entre máquinas, diseñadores y técnicos, descubrió que aquello que hacía en su casa también podía ser un camino real. Me soltaron y empecé a hablar con un montón de personas. Ahí se dieron cuenta de que sí me gustaba de verdad, recordó. Leé también: Son padre e hijo, recrearon el auto de Alpine en su casa de Merlo y recibieron un emotivo video de Colapinto Ese día dejó de ser un interés solitario y empezó a convertirse en proyecto, con el acompañamiento activo de sus padres, que hoy supervisan la actividad, administran las cuestiones legales y sostienen la estructura mientras él lidera el trabajo técnico y creativo. Antes de que existieran los pedidos y los seguidores, hubo otra etapa menos visible: la del chico que no encajaba. En la primaria, mientras otros jugaban en los recreos, Francisco se quedaba dibujando planos, autos y diseños. Me hacían bullying porque era el distinto, y porque en vez de estar con todos, estaba dibujando, contó con una serenidad que no niega el dolor, pero tampoco lo exagera. Esa sensación de estar corrido del grupo terminó empujándolo hacia su propio camino. Eso me ayudó a decir: ¿quiénes son ellos para decirme qué hacer?. Y lo que en su momento fue aislamiento, con el tiempo se convirtió en una capacidad poco común para su edad: la de trabajar en soledad, concentrarse durante horas y sostener objetivos a largo plazo. La internación que cambió el rumbo El punto de inflexión llegó de manera inesperada, cuando un problema en la rodilla derivó en una infección, una operación y varios meses de internación. Para un chico activo, deportista y acostumbrado a usar el cuerpo todo el tiempo, la inmovilidad fue un desafío mental. Estaba encerrado en el hospital sin poder hacer nada. Entonces pensé: ¿qué puedo hacer que no requiera mi cuerpo?. Esa pregunta, nacida del aburrimiento y la frustración, dio origen a Rulito3D, el proyecto que hoy desarrolla en redes. Desde la cama empezó a planificar contenido, ideas y formas de mostrar su trabajo. La tecnología dejó de ser solo aprendizaje y pasó a ser también refugio. Incluso decidió priorizar su bienestar emocional por sobre la exigencia escolar inmediata. Prefería salir de esto mentalmente, pensar que iba a poder, recordó. Leé también: Quedó desfigurado después de un accidente y recibió un rostro en impresión 3D: el increíble antes y después Cuando volvió a casa, recuperó en una semana meses de clases y rindió decenas de exámenes sin llevarse materias, una demostración de disciplina que sorprendió incluso a los adultos que lo rodean. El apoyo de la familia Hoy Francisco asegura que él hace básicamente todo, desde el diseño hasta la producción, aunque sus padres administran las cuentas y los aspectos legales por ser menor de edad. La empresa, formalmente registrada a nombre de su padre, funciona como una pequeña fábrica doméstica que ya llegó a reunir varias impresoras trabajando en simultáneo. Mirando en retrospectiva, esto es como una mini empresa. Un piecito para crear algo grande cuando crezca, explicó. El dinero que genera tampoco sigue el destino típico de un adolescente, aunque es un número poco común a su edad. En solo seis meses logré recaudar 2500 dólares gracias a mis creaciones e impresiones. Con lo ganado me compré una computadora gamer, pero no para jugar, sino para que corra y me ayude a diseñar mejor", sostuvo. Aprender, ayudar y enseñar: la idea que viene Su próximo paso no es comprar otra máquina, sino compartir conocimiento. Francisco ya trabaja en un curso virtual accesible para principiantes, con la intención de que muchas personas puedan empezar sin barreras económicas. Prefiero que sea barato para que lo compre mucha gente y sobre todo, transmitir el conocimiento que a mí me sirvió, sostuvo, mostrando una lógica más cercana a la expansión que a la ganancia rápida. Aunque planea estudiar una carrera universitaria, no se imagina atado a un solo camino, sino construyendo múltiples proyectos vinculados con la tecnología, la inteligencia artificial y la fabricación. Quiero tener mis propias fuentes de ingreso, mis propias empresas. El punto es ir muy lejos, aunque me cueste esfuerzo. Cuando se le pregunta por qué eligió la impresión 3D y no otra cosa, su respuesta sintetiza su mirada: La impresión 3D combina todo lo que me gusta. Si un deportista necesita una herramienta para entrenar, la puedo hacer, si un médico precisa una prótesis, también, y ni hablar si hay que pintarlas. La historia de Francisco no es simplemente la de un adolescente adelantado a su tiempo, sino la de alguien que encontró en la creación una forma de responder a la incomodidad, al aislamiento y a los momentos difíciles, transformando cada obstáculo en una pieza más de aprendizaje. Porque antes de ser emprendedor, antes de tener clientes o seguidores, fue un chico que necesitaba construir algo propio para sentirse parte. Y en ese proceso descubrió que, capa por capa, como funciona cualquier impresión 3D, también se construye una vida.

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