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» Clarin
Fecha: 06/03/2026 06:25
Cada vez que Marina Haag ve un arcoíris siente que es una señal de que sus nenas están bien. Por eso los nombres Delfi y Pilar están grabados entre pinturas de mil colores, entre patines y corazones, junto al mensaje No te rindas sobre los pequeños puentes del paseo del barrio Evita, en donde vivían. Es un homenaje, pero también es la forma que encontraron los vecinos de nombrar el dolor y convertirlo en algo más. Es una manera de resistir. De no olvidar. De no rendirse. La vida en Bahía Blanca sigue como puede. Todos, en mayor o menor medida, perdieron algo en la mañana del 7 de marzo de 2025, cuando la ciudad fue arrasada por el agua en cuestión de minutos. La inundación dejó 18 muertos, cientos de desaparecidos y evacuados, y miles de casas y negocios destruidos. A nadie no le tocó duelar Bahía. Los cuerpos todavía tienen memoria del 16 de diciembre de 2023, cuando un temporal catastrófico sacudió a la ciudad y mató a 13 personas. En este primer aniversario de la inundación, Clarín vuelve al lugar de la herida. Y se encuentra con un dolor que no es aparatoso. Es más bien callado, pero lacerante. Un dolor que para los vecinos no está muy lejos de salir a flote, solo basta con hacer algo tan simple como cruzar un puente para reavivarlo. El desborde del Canal Maldonado producto de las lluvias del 7 de marzo destrozó muchos puentes que conectaban los diferentes barrios. Esa imagen para muchos es la marca de un miedo latente. No hay bahiense que una vez al día no mire el alerta meteorológico y no sea más susceptible que antes a los cambios de clima. Ni la lluvia más inofensiva pasa desapercibida en la ciudad. Jesica Lucas usa el puente de Av. La Plata y Catamarca, en la zona sur de Bahía, casi todos los días. Dice a Clarín que entre todos los que tiene cerca ese es el que mejor está, y eso es mucho decir si se tiene en cuenta que lleva un año con un pilar fracturado que amenaza con romperse del todo en cualquier momento. Es un peligro saltarlo, por lo que la gente más grande con dificultades usa una escalera de madera improvisada que reposa a un costado. Eso sí, es imposible pasar con un vehículo. Un motociclista se da cuenta a mitad de camino y se ve obligado a pegar la vuelta para buscar otro acceso. Desde la inundación todo esto quedó así. Ya pasó un año y recién arrancaron ahora a arreglar los puentes. Este es el menos complicado para pasar. Pero la gente de acá tiene que desviarse como tres cuadras para ir a tomar el colectivo del otro lado, es terrible, ojalá que lo arreglen rápido porque no se puede seguir así, dice Jesica a Clarín. Es cierto que a pocos metros la Municipalidad de Bahía Blanca trabaja ahora en uno de los puentes del Maldonado, sobre la calle Don Bosco. También en otro sobre Pampa Central. El 27 de febrero se anunció el acuerdo entre el Ministerio Infraestructura y Servicios Públicos y el municipio de Federico Susbielles para dar inicio a la refuncionalización integral y sostenible del Canal Maldonado, como parte del Plan de Reconstrucción Integral de Bahía Blanca. Según el mismo Susbielles comunicó hace pocos días este plan consiste en una intervención en seis etapas que se hará a lo largo de 6 kilómetros: buscará ampliar el canal de 19 a 26 metros, para triplicar su caudal y alcanzar una capacidad de hasta 900 metros cúbicos por segundo. El plan señala que se harán 16 nuevos puentes, además de bicisendas y paseos que integrarían la ciudad, con una inversión provincial de $ 109.000.000. Ya se adjudicó la etapa 2. La Municipalidad informó que hay un Plan Hidráulico en conjunto con la Provincia. La otra inversión fue para poner operativo el Hospital Penna, según el Ministerio de Salud de PBA se destinaron aproximadamente $ 35.000.000. Obviamente que la gente quiere que todo se haga mucho más rápido y de mejor manera, que es lo que queremos todos, pero tampoco era algo que se podía hacer a la ligera, porque estamos hablando de una obra de infraestructura muy grande, costosa y que por ahora solamente se está haciendo con fondos provinciales y municipales, destaca Matías Torres, bahiense que tuvo un rol activo ayudando a los damnificados de las dos catástrofes de la ciudad. Un mes antes de la inundación, en febrero del 2025, tuvimos un granizo que rompió todo también. Realmente tenemos la psiquis destrozada en ese sentido, ya cualquier alerta por mínima que sea estamos preguntando ¿va a llover mucho?, ¿va a llover poco?, ¿qué va a pasar?, ¿va a ser un viento fuerte?, ¿un viento de todos los días? Capaz es el viento de toda la vida de Bahía Blanca y ahora estamos mucho más susceptibles a todas estas cosas, añade Matías. Para los vecinos que tienen sus casas alrededor del canal o del arroyo Napostá, en barrios de la periferia, es imposible vivir relajados. Hace 365 días se veían obligados a dejar sus casas para sobrevivir. El agua castigó y se llevó todo, pero en barrios como Evita mucho más que cosas materiales. Sofía Méndez, vecina del lugar, le comenta a Clarín que lo peor fueron los días siguientes a la inundación por la desesperación de ver qué se podía salvar. Todo se inundó. Las únicas dos cuadras que no son estas, en donde estamos charlando. La gente en ese momento estaba muy mal, todos querían saber en qué estado estaban las cosas de sus casas, querían limpiar y juntar colchones, todas esas cosas. Nadie pensó lo que había pasado..., la última frase de Sofía es por Marina Haag, su amiga. Ella y Andrés Hecker, los papás de Delfina (1) y Pilar (5), son vecinos de Evita, queridos por el barrio. Sofía y Marina se hicieron amigas luego de la inundación, a través del Centro Cultural Flores que maneja Sofía. Juntas, Sofía y Marina se pusieron a los hombros un proyecto de limpieza de la entrada del barrio, que no tiene sistema de recolección. La intención fue convertirlo en un espacio verde dedicado a tres vecinas: Pilar Hecker, Delfina Hecker y Andrea Sepúlveda, una vecina que murió en 2021 en un accidente de tránsito. Con pinturas y materiales que reunieron con ayuda de vecinos se pudo mejorar la zona y los puentes ahora tienen los nombres de ellas grabados. Y el arcoíris es siempre una señal para Marina de que están con ella. Vinieron unas amiguitas de Pili también a pintar, cuenta, y añade que a Marina le hace bien formar parte del Centro Cultural y que desde hace un tiempo tiene entre sus proyectos tratar de que en la entrada de General Cerri -el lugar en donde desaparecieron las nenas- se ponga un cartel con la foto de las nenas junto a Rubén Salazar, el chofer que murió intentando salvarlas. La camioneta de Andreani que manejaba Salazar permaneció al costado de la Ruta Nacional 3 durante mucho tiempo por el anegamiento del suelo y la extrema humedad, y recién fue removida a principios de febrero de este año. Sobre esa misma ruta 3, en el cruce con la Av. Buenos Aires, la imagen se plaga de camiones que suben al puente modular que en marzo de 2025 fue tendido sobre el arroyo Maldonado por el Ejército Argentino, para facilitar de forma provisoria la conectividad del norte y el sur de la ciudad. Pero lo provisorio se quedó. No es el único, hay otro dentro de la ciudad que une Pampa Central y Villa Nocito. Esos puentes generaron polémica cuando el secretario de Obras Públicas de Bahía Blanca, Gustavo Guillermo Trankels, afirmó que le empezaron a cobrar alquiler por los puentes de emergencia colocados. La cifra por cada uno de los dos puentes se fijó en $ 17.670.949. El barrio quedó mal. Los chicos se asustan cada vez que hay tormenta, siempre. La gente se paranoiquea, nosotros tuvimos el temporal anterior, que fue el del viento, entonces ya las casas venían destruidas. Y como al año fue la inundación para nosotros fue decir 'no, otra cosa más'. Fue muy junto y hubo mucho quilombo con subsidios que no llegaron, porque nosotros somos un barrio popular y nadie tiene medidores. Recién ahora los están haciendo, dice Sofía. El tema de los subsidios es otro que, según cuentan bahienses a Clarín, sigue sin resolverse en todos los casos. Hay quienes percibieron tanto el que brindó Provincia ($ 800.000) como el de Nación ($ 2.000.000 para zonas de afectación media y $3.000.000 para zonas de afectación alta), mientras que también estuvieron quienes recibieron solo uno, y quienes acusan no haber recibido nada. Sergio Martínez, comerciante en Ingeniero White, comenta que en esa localidad todo el que pidió subsidio lo obtuvo, pero no se incluyó a los que tienen negocio:También se dieron en Bahía, pero debían ser en las zonas que fueron inundadas. Te controlaban por la factura de luz y según la zona de suministro te lo daban o lo rechazaban. El problema, añade, vino cuando las personas que no tenían el suministro a su nombre no pudieron cobrar. Torres dice que estuvo atento a este tema y publicó una planilla hecha a mano con la gente -entre 2.000 y 2.500 personas- que hasta hace poco seguía sin cobrar el subsidio de Nación. Comenta que, ante fallas del sistema web y del 0800, faltó articular con la municipalidad para hacer que llegue a todos los necesitados. Cuando pasaron dos o tres meses de la inundación había gente que todavía no sabía nada, muchos habían recibido un código alfanumérico, y fueron los que que más tuvieron la posibilidad de cobrar o de recibir sus reclamos. Después en septiembre publiqué que había gente que todavía no sabía qué había pasado con su subsidio. La misma página se usó para inundaciones en otras zonas, y mucha gente quedó colgada sin saber cómo estaba su situación, señala Matías. Por su lado, desde el Ministerio de Seguridad de Nación indican a Clarín que de un total de 41.636 inscriptos se rechazaron 4.655 que no cumplían las condiciones o no demostraron ser personas válidas. El BID auditó el proceso. Informan que el presupuesto total destinado fue $ 82.604.000.000 y que todos los aprobados fueron efectivamente acreditados. A los negocios -solo a algunos, no a todos- se les dio un subsidio sacado de fondos municipales. También se otorgó un alivio fiscal para el pago de tasas municipales, pero tampoco fue para todos. El estado nacional y provincial no nos obligó a pagar impuestos hasta enero. Pero ahora los tenemos que pagar con intereses. Ahora se nos junta todo, añade Sergio. Para él y otros vecinos de White hay algo que se repitió en las dos catástrofes vividas en menos de dos años: la falta de trabajo en territorio de la municipalidad. Hay casas en donde capaz les dieron tres colchones y a otras no les dieron nada, concluye. PS Sobre la firma Newsletter Clarín
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