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  • Un buzo argentino explora los restos de un devastador combate naval de la Segunda Guerra Mundial, conocido como La venganza de Pearl Harbor

    » La Nacion

    Fecha: 06/03/2026 12:57

    Alejandro Dutto estuvo en el Atolón Truk, en el Océano Pacífico, donde recorrió los naufragios ocasionados por un feroz ataque estadounidense a una base japonesa en 1944 - 13 minutos de lectura' Los bombarderos norteamericanos se recortaron amenazantes sobre el cielo del archipiélago en aquel amanecer. Veloces y precisos, lanzaron sus proyectiles sobre objetivos en tierra y agua. Pronto todo fue un caos de explosiones, gritos, fuego y muerte. Más de 80años después, en lo profundo del mar, aún pueden hallarse los restos silenciosos de aquel dantesco episodio bélico. El 17 de febrero de 1944 comenzó, en el Océano Pacífico, un devastador ataque. En el fragor de la Segunda Guerra Mundial, las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos arremetieron contra la base aeronaval japonesa ubicada en el atolón de Truk, en la actual Micronesia. La ofensiva fue llevada adelante por la Fuerza de Tareas 58 de los norteamericanos que contaba, entre otras cosas, con nueve portaaviones rápidos y unas 500 aeronaves, que destruyeron con su accionar la base nipona y hundieron, además, decenas de barcos del enemigo. Este contundente embate aeronaval, que en definitiva puso en jaque las pretensiones de expansión de los japoneses por el Océano Pacífico, fue bautizado como Operación Granizo (Hailstone Operation). Con el tiempo, los historiadores bélicos definieron este golpe como la venganza de Pearl Harbor, en referencia a la sorpresiva ofensiva de la Armada Imperial Japonesa a una base estadounidense ubicada en Hawaii, el 7 de diciembre de 1941. En esta operación los americanos le devolvieron a los japoneses el ataque que estos hicieron en Pearl Harbor, remarca Alejandro Dutto, un buzo e instructor de buceo técnico argentino que en septiembre de 2025 se sumergió en las honduras de la laguna de Truk para explorar los barcos hundidos en la Operación Granizo. Ocho décadas después del arrasador evento, Dutto, junto a un grupo internacional de buceadores, pudo acercarse a varios de los restos de naves que yacen en las profundidades del mencionado atolón de Micronesia. Y fue testigo de todo lo que ellas exhiben, una gráfica demostración de los horrores de la guerra. Uno ve en los naufragios la ubicación de los impactos, se notan claramente las partes de los barcos que volaron por los aires, se observa la carga que tenían y los restos de las personas, describe el buzo en diálogo con LA NACION. La meca de los naufragios Alejandro, ¿dónde se ubica el Atolón de Truk y qué hacían allí los japoneses en 1944? Se encuentra al norte de Nueva Guinea, en el Océano Pacífico. Es parte de las Islas Carolina, que actualmente pertenecen a los Estados Federados de Micronesia. Truk era la última base naval hacia el este de los japoneses. Era un punto bastante clave para ellos. Desde acá ellos avanzaban para dar suministro a Guadalcanal, que está al sur, y a las Islas Marshall, al este. Cuando cae este atolón, la contracción del imperio japonés se acelera porque no tiene más cómo llegar a esas islas. ¿Qué buscaban los japoneses en esas islas del Pacífico? Era una expansión territorial para buscar recursos. También tenían en la mira específicamente Australia y, para eso, tenían que terminar de conquistar Nueva Guinea. Por eso la batalla de Guadalcanal, entre agosto del 42 y febrero del 43, fue tan importante. Allí, con la derrota nipona, se empezó a contraer el imperio japonés desde el sur. Hablame de la expedición a Truk, ¿con qué te encontraste al llegar? Ese sitio es una especie de meca. Un lugar de peregrinación para los amantes de buceos en naufragios. Jacques Cousteau, en los 70, fue el primero en relevar el sitio. Uno de los lugareños, que era muy pequeño cuando ocurrió la Operación Hailstone, ayudó aquella vez a Cousteau y quedó fascinado por el buceo. Entonces tomó los terrenos de la base de hidroaviones japonesa y ahí armó un centro de buceo, también en los 70. Hoy el lugar lo maneja su nieto. Además, esta misma persona creó un museo con objetos de los naufragios. ¿A qué profundidad estaban las naves naufragadas y cuántas son? En la laguna, en general, tenés pecios a 40 metros y como máximo hasta 70, que son los buceables. Porque hay muchos naufragios fuera del atolón, pero la profundidad allí cae violentamente, hasta 1000 metros lineales, y ya no son buceables. En total, se hundieron 60 barcos en la operación. Poco más de 30 lo hicieron en la laguna. ¿En la superficie hay rastros de lo que fue esa ofensiva de los Estados Unidos? Sí, acá uno puede palpar tanto en la superficie como en la profundidad el drama de la guerra, el ataque norteamericano que agarró a los japoneses totalmente desprovistos. La palabra masacre suena fuerte, pero fue muy desigual la batalla. Se sigue notando lo que pasó. Hay muchas ruinas que quedaron del bombardeo, como el edificio de comunicaciones del aeropuerto. Naufragios y restos humanos ¿Y en la profundidad qué se ve? A diferencia de otros naufragios de guerra, acá la gran mayoría de los barcos son de carga y transporte, porque los barcos de guerra japoneses llegaron a ver los aviones estadounidenses de reconocimiento y entonces los mayores alcanzaron a salir del atolón. Quedaron un par de destructores, un crucero... muchos menos barcos importantes. Pero lo que quedó fue mucha carga, que se ve por todos lados. Hay, por supuesto, muchos restos humanos. ¿Esos restos cómo aparecen? Huesos. Es difícil decir por todos lados, pero hay huesos claramente visibles. Los japoneses, en su religión, dicen que si un soldado muere en batalla y los restos no son recuperados queda en una especie de limbo entre el acá y el allá. Entonces empezaron a ir a Truk y todos los años exhuman un barco. Por eso van quedando restos solamente en los más profundos. Contame sobre alguno de los barcos que viste en lo profundo. El IJN Oite, que era un destructor de la Armada Imperial Japonesa que se hundió con unas 700 personas. Cuando los japoneses se dan cuenta de que los americanos estaban por atacar, saben que no tienen chances y empiezan a sacar los barcos más importantes. Uno de ellos es el crucero IJN Agano. Pero cuando esta nave sale del atolón, es atacada y hundida por un submarino. Entonces, el IJN Oite va a rescatar a los marineros de ese barco. Tras el rescate, el capitán del Oite regresa al atolón porque no sabía que ya había comenzado el bombardeo enemigo. El destructor llega en el momento más álgido de la Operación Granizo y lo hunden. Así se pierden todas las vidas salvadas del Agano y la mayoría de las del Oite. Solo sobrevivieron unas 20 personas. Este es uno de los naufragios que buceamos y registramos. Hay imágenes de las calaveras. ¿Qué te pasa cuando ves eso? Es fuerte la impresión de estar debajo del agua y de repente ver restos. De hecho, en una de las películas de Cousteau se ve cuando uno de los buzos entra a un barco llamado Aikoku Maru, se asoma y sale despavorido, justamente porque estaba tapizado de huesos y restos. Es como entrar a un barco fantasma. Tal cual. El Oite es el caso más dramático, porque le pega una bomba de uno de los bombarderos justo en el centro y literal lo vuela por los aires. Se quiebra en dos y hoy en día están los dos restos, la popa y la proa, a 60 metros de profundidad. Y la popa está intacta como si nada le hubiera pasado. La proa está dada vuelta. Es todo muy visitable, porque está el barco como si lo hubieses cortado al medio, como si uno tomara una baguette, la hiciera así al medio y la cortara. Minas, tanques, autos y otros hallazgos ¿El ataque fue aéreo? Fue coordinado. Para llegar hasta allí con la ofensiva aérea los americanos usaron seis portaviones esto pasó antes de que los estadounidenses tomaran las islas Marshall y parte de la armada. Hubo mucha ofensiva con artillería desde los barcos a las islas, pero lo grande, lo primordial, fue el bombardeo aéreo. Dijiste que había muchos barcos de transporte en la zona, ¿qué tipo de carga llevaban? Sí, esos barcos quedaron expuestos como patitos para tirarles. Llevaban muchísima carga que iba hacia las otras islas. Llevaba munición viva. También hay partes de aviones que se encontraron en las bodegas de los barcos, torpedos de todo tipo, camiones, autos. En particular, en el San Francisco Maru, que se conoce como el naufragio del millón de dólares, hay tres tanques de guerra. ¿Ese barco era japonés? Sí. Ya mencionaste dos veces, en dos embarcaciones, la palabra Maru, ¿qué significa? Es el nombre que le daban a los barcos de transporte. Fueron barcos decomisados a líneas privadas durante la guerra. Las empresas de transporte de pasajeros y carga cedieron sus barcos. Muchas de esas compañías nombraban los barcos con el lugar de destino. Tenés el San Francisco Maru, el Río de Janeiro Maru, que traía inmigrantes japoneses a Río, en Brasil. Y este tenía un navío mellizo decomisado que antes venía a Sudamérica, que no se hundió en Truk, que se llamaba Buenos Aires Maru. Está claro cuál era el destino, ¿no? ¿Por qué el San Francisco Maru fue llamado el naufragio del millón de dólares? Por el valor de la carga que tiene, que es la más copiosa de todas. Esa nave salió de Japón de urgencia para llevar cargamento destinado a Nueva Guinea y quedó varada en el atolón atacado. Tiene mucha munición. Un área de carga entera llena de minas antidesembarcos. Entrás ahí y están apiladas como para ser utilizadas. ¿No es peligroso? No hay antecedentes de que hayan explotado. Pero entre la guerra y ahora muchos locales recuperaron muchas bombas, mucha pólvora, para hacer pesca por dinamitación. Una cosa terrible, porque no hay mucha vida en la zona porque la han devastado casi toda. ¿Aviones también hay? Hay por todos lados. Sobre todo alrededor de donde estaba la pista de aterrizaje, que son los más interesantes. Los que más se pueden ver son los Zero japoneses (Mitsubishi A6M Zero), que están desparramados por todos lados. Y hay un par de bombarderos americanos, aunque las pérdidas de ellos no fueron muchas. 15 días que no alcanzan Alejandro Dutto, de 46 años, es oriundo de Venado Tuerto, provincia de Santa Fe, pero hace años que vive en Miami. Su pasión por el buceo nació allá por 2006, en unas vacaciones en Brasil, cuando un amigo lo invitó a realizar esta actividad, que lo atrapó para siempre. A partir de entonces, este ingeniero en telecomunicaciones y especialista en ciberseguridad se convirtió también en buzo e instructor de buceo técnico y apuntó esta vocación a la exploración de naufragios de guerra. En el caso del atolón Truk, él formó parte de un grupo de expedicionarios integrado por unos nueve hombres. Éramos tres argentinos y el resto norteamericanos, explica. Estuvieron 15 días en la zona, pero las cosas para ver bajo la superficie marina son tantas, los barcos tan grandes, que el tiempo no alcanza, se lamenta el propio buzo. Alejandro, ¿cómo se organizaban las incursiones? Lo que hacíamos era recorrer un pecio por la mañana y uno por la tarde. Los buceos duraban cerca de dos horas, pero los tiempos en el fondo variaban de acuerdo a la profundidad donde está el naufragio. Si estaban a 40 metros, probablemente podíamos estar en el fondo una hora 20 o más. Para el San Francisco Maru, o el Oite, que está a 60 metros, el tiempo empieza a acortarse, porque usábamos más minutos en la descompresión para subir. En el buceo técnico hay toda una planificación de cómo se sube. ¿Cómo se sabe en qué lugar exacto están los barcos? Es muy impresionante cómo los locales saben dónde están los barcos. Los ubican por triangulación visual: saben que si a la izquierda tienen la islita con la casa de Fulano, enfrente otra isla con tal característica y al costado el faro de no sé qué cosa, ahí abajo está el San Francisco Maru, por ejemplo. Así. Los barcos tienen boyas a seis metros de profundidad. Cuando encuentran esas referencias, ellos se tiran del barquito que nos lleva y lo amarran a esa boya. En otros casos, como por ejemplo cuando estuve en el atolón Bikini, se utilizan las coordenadas y una especie de sonar para encontrar el pecio en el fondo. De campanas y naufragios Contame de otros naufragios de Truk. Había un submarino, el I169 japonés, que tiene una historia tragicómica. Estaba ahí por reparaciones y cuando empieza el bombardeo deciden sumergirlo, pero aparentemente se olvidaron de cerrar alguna escotilla, así que se les terminó hundiendo solo. No se hunde por el ataque, sino por un error propio. Está enterito abajo. ¿Es posible entrar en él? Son navíos con muy poco espacio. En este caso lo miramos de afuera. Uno de los muchachos entró unos metritos y se pegó la vuelta. ¿Y otro barco? Estaba el Heian Maru, que era medio de transporte y medio hospital. Tenía la particularidad de que hay sectores donde aparecen suministros médicos. Hay todo tipo de botellitas y medicina de la época. Después, hay por doquier cantidades de vajilla. Mucha que está intacta: tazas, platos... está todo. En el museo que hay en el atolón y que mencionaste antes, ¿se pueden ver este tipo de cosas? Sí. Y la mayoría de las campanas que no se llevaron los ingleses, Cousteau y demás. ¿Campanas de los barcos? Sí, es uno de los elementos más buscados en los naufragios porque es la que identifica al barco, ya que siempre en ellas está grabado el nombre del navío. Originalmente eran, junto con las luces, los elementos de comunicación entre barcos, pero hoy la campana es lo primero que se busca en un naufragio para decir: Ah, este era tal barco. ¿Había una campana por barco? Sí. Son bellísimas. De bronce y grandes, para que te escuchen desde otras embarcaciones. Hoy no queda ninguna en los barcos de Truk. Están en el museo. Una cosa importante remarca Dutto en el final de la charla: al ataque a Truk se lo entiende como la venganza americana de Pearl Harbor. Una revancha devastadora cuyas consecuencias pueden explorarse hasta el día de hoy. Es que el tiempo pasa pero las huellas de la guerra, y sus horrores, quedan. 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