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» Clarin
Fecha: 25/01/2026 07:18
Una copita de champán y la bienvenida del experimentado gerente de Hospitality Santiago Ponce de León, que se presenta ante Clarín en la recepción de la Trump Tower, el edificio top de la Golden Mile, como se conoce a la zona de torres lujosas de Punta del Este y que integran Le Parc, Tiburón y Lobos. La Trump, como se la llama a secas, se inauguró en 2022 -después de una década de construcción- pero es en esta temporada que sacó pecho para exhibir todo su arsenal de lujos y servicios. Algunos impensados. Su figura longilínea y vanguardista, ubicada en la Parada 9 de Playa Brava, sobresale por ser un rascacielos cilíndrico, con vidrio exterior, que refleja el imponente océano que tiene enfrente. Hay un tótem en el ingreso y su recepción, con pisos de mármol, sorprende por su tráfico incesante de peatones. Desde vecinos que salen con sus mascotas, pasando por jóvenes en musculosa con sus tablas de surf, hasta empresarios de traje reunidos para discutir algún negocio. Los dueños de la torre de 28 pisos, con un penthouse en la cima, son en un 80 por ciento argentinos, pero un asterisco en las normas de convivencia señala que no se puede revelar las identidades. "Hay políticos, jueces y empresarios muy conocidos, pero no quieren saber nada con darse a conocer", dice un vecino que sonríe suspicaz, pero que respeta las condiciones a rajatabla. También están quienes sí optaron por conversar con Clarín y otros que formaron parte del encuentro, pero con el requisito mandatorio de no ser mencionados ni fotografiados. Entramos al piso 22 después de que uno de los ¡13 ascensores! nos dejara directamente en el living de la estancia de 510 metros cuadrados. De paso, conviene dar a conocer unos datitos de color que pintan de cuerpo entero el lugar donde se está y del que nos fuimos enterando desde la planta baja: el metro cuadrado cuesta unos U$ 6.000, las expensas pueden superar a U$ 3.000 mensuales y las propiedades, según las dimensiones, van de 1 a 3 millones de dólares. Se alquila departamentos por no menos de 15 días (para evitar tanta circulación de desconocidos) y la quincena oscila entre 40.000 y 45.000 dólares por un tres ambientes. Ah, trabajan en forma directa 110 personas. La reunión con el grupo de argentinos es en casa de Rolando Rozenblum, empresario uruguayo que generosamente ofreció su living cuyo ventanal parece, por su amplitud y panorama, la pantalla del viejo cine Ocean de la calle Lavalle. Están Alejandra Covello, dueña de una inmobiliaria; Marcela Fruttero, oftalmóloga, Rolo López, empresario hotelero, Santiago Ponce de León, gerente de Hospitality y otro vecino que pide las reservas del caso. Todos tienen un alto poder adquisitivo, viven holgadamente, se esfuerzan en sus actividades, pero prefieren no ser catalogados como millonarios. "Estamos vinculados con otra realidad, no nos tenemos que preocupar de ningún problema que se relacione con la vivienda, ya que está todo en manos de terceros. No tener ese estrés diario asociado a un consorcio, no sufrir por caños o membranas que se rompen o cielorrasos que se resquebrajan es un alivio indescriptible, sobre todo cuando en otras viviendas los hemos padecido. Sólo tenemos que pensar en nuestro trabajo para poder seguir viviendo en esta torre del futuro", coinciden los presentes. ¿Por qué seduce el edificio? Porque tiene todo lo que uno se imagina y, sobre todo, lo que no se imagina. Desde piletas de todo tamaño internas y externas, sauna, spa y un enorme gimnasio, pasando por un bar exclusivo para propietarios y media docena de parrillas para doce personas cada una, hasta cancha de paddle, otra de tenis en construcción, peluquería, nutricionista, personal trainer y un servicio de transporte que lleva al propietario a la playa que desee. Y como extra, también hay una banda de música que se llama Los Trumposos, que brinda recitales en la pileta cada quince días y está integrada por propietarios y empleados de mantenimiento. Con la voz cantante de Christian, el vecino que prefiere pasar de incógnito, los argentinos presentes armaron un decálogo que hace a la Trump Tower el edificio distinguido de la península. "Estamos en una torre que se caracteriza por el lujo silencioso, sobrio y con materiales nobles como protagonistas. La Trump Tower es el nuevo brutalismo, un concepto innovador", puntualiza el hombre de pelo blanco y jopo. ¿Qué significa el nuevo brutalismo? "Que predominan las estructuras modernas y los espacios monumentales, que hacen la diferencia por su imponencia pero también por su sobriedad. No es ostentoso ni lujoso". Una muestra de sus extensiones son los pasillos en cada piso, "por donde podría circular cómodamente un auto", grafica Marcelo Fruttero, que lleva dos temporadas en la torre. Subrayan los propietarios "el nivel educativo y el trato social del personal que trabaja aquí. Desde los que se encuentran en recepción, pasando por el que ordena las sillas en la playa, el que maneja el shuttle que acerca al parador que se quiera, hasta la recepcionista de la pileta o los de mantenimiento", recalca Alejandra Covello, que vivía hasta hace poco en la torre Fendy, también de alta reputación. "Yo empecé primero a vender departamentos en la Trump, hasta que me enamoré de los espacios y de la comunidad que vive aquí". Como tiene el concepto Hospitaliy Manager, "la torre posee un servicio de hotelería similar al de cualquier hotel cinco estrellas del mundo, con una recepción con conserjería nivel les clefs d'or (llave de oro), que es ultra lujo. ¿Por qué? Porque tienen un nivel de sofisticación y de servicio premium al huésped, o al propietario. ¿Ejemplos? Desde gente que te pasea los perros, pasando por la reserva en un restaurante, hasta la compra de tickets para algún recital o evento deportivo. Yo lo usé la semana pasada para comprar unos audífonos para poder nadar y escuchar música bajo el agua", señala el excéntrico Christian. Mientras sirve una ronda de cafecitos, Rozenblum, el amigable anfitrión, hace foco en un detalle, permite entender e ir más allá. "El consejo administrativo del edificio está integrado por propietarios con experiencia en construcción y en dirección de empresas, sumado a sus propias vivencias en hoteles de lujo en los puntos turísticos más exclusivos del mundo, con lo cual permite que los vecinos cuidemos cada gasto y que no se produzcan derroches. Por eso este consejo administrativo de 9 personas -elegidas por votación- sabe exactamente dónde invertir y cómo cuidar el dinero. Esto nos permite abaratar un 40 por ciento los costos". Rolo López, el hotelero, hace hincapié en el ambiente familiar y de perfil bajo que habita en este universo. "Lejos de lo que se pensaba que sería usado como un disparador aspiracional en un determinado nivel social, los propietarios piden reserva de sus nombres, prefiriendo pasar inadvertidos y sin estridencias a la vista. Si bien la Tower Trump es considerada la más lujosa, la mayoría de sus propietarios optan por la sobriedad y por no llamar la atención". Concuerdan los presentes que la Trump es la torre con más impronta artística de Punta del Este. "En todos los ambientes comunes hay esculturas de renombre". Y se amplía el tema musical: "Los recitales en vivo con dueños y trabajadores aumenta la camaradería entre propietarios y el staff laboral", agrega Fruttero. "¿Se entiende este punto? -quiere dejarlo en claro Christian-. Forman parte de la banda el de mantenimiento, que toca la guitarra, el de limpieza, que hace coros y todos formamos parte de Los Trumposos, cuyo líder es el valet parking. Esa fusión social es algo único en Punta del Este, derribando distancias y mostrando un ejemplo de igualdad en la torre más lujosa de la ciudad". El wifi abarca toda la torre, inclusive en lugares como el gimnasio y en todos los amenities. "Estamos estrenando en un par de días la conectividad en nuestra playa, lo que contribuye a un servicio esencial y único", apunta López, que vivía en el Edificio Imperiale, cerca de la Mansa: "Esto es diferente, es supremo... Pensá que contamos con un spa a nivel profesional, con masajistas y cosmiatras calificadas y dispondremos en lo inmediato de un servicio de peluquería, belleza integral y nutricionistas recibidos". Como si fuera poco, hay un personal trainer que trabaja todos los días en la torre. Y no es cualquier entrenador: "Es el actual campeón de fisicoculturismo uruguayo. Es un atleta de 55 años con una vasta experiencia en entrenamiento. Viene de 8 a 10 de la mañana, durante todo el año y está a disposición de los propietarios durante dos horas por día. Es como tener al Messi de los preparadores físicos", apunta Christian. El diseño de jardinería está realizado por un estudio de arquitectura y paisajismo "que aportó belleza y armonía en cada rincón. Si hubiese una competencia entre torres y hoteles, sin duda que la Trump Tower estaría en el podio, porque brinda una recreación visual única. Es exuberante y resulta una barrera natural que contempla a La Brava". Los propietarios no quieren dejar de remarcar, además, la camaradería que hay entre los mismos propietarios. "Es llamativa la relación, es algo atípico y resulta un valor agregado formidable con en el respeto y la amabilidad como base. No hay invasión al espacio personal, predominan el perfil bajo y es nula la ostentación. Es muy importante la atmósfera de bienestar del lugar donde se vive", dejan claro Covello y Fruttero. Es hora de partir, aunque dan ganas de quedarse todo el día en este piso circular, luminosísimo, con una vista impagable. Llamamos el ascensor, que nos busca por el living y nos acompaña Rolo, el gentil dueño de casa, que agradece la visita. Abajo, en conserjería, el gerente nos convida, como en la llegada, una copita de un espumante a elección. Todo es detalle, hospitalidad y "lujo silencioso", como hicieron especial hincapié los propietarios que no tienen dudas de que podrían pasar el verano sin moverse de casa. PS Sobre la firma Newsletter Clarín
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