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  • Cómo viven los dos policías baleados tras la fuga del penal de General Alvear: bronca, cirugías y flashes de una noche de terror

    » Clarin

    Fecha: 01/01/2026 08:12

    Es de noche y los flashes aparecen para los dos. Los disparos, la sangre o la ambulancia. Pasaron 10 años pero esos recuerdos -dicen- son algo que los "acompañará toda la vida". El 31 de diciembre de 2015, a las 4 de la mañana, Fernando Pengsawath y Lucrecia Yudati fueron baleados por los protagonistas de la triple fuga de General Alvear, Martín y Christian Lanatta y Víctor Schillaci, cuando realizaban un control de tránsito en la ruta provincial 20, a la altura del kilómetro 100, a pocos kilómetros de Ranchos, una localidad del partido General Paz. A él, hoy de 32 años, lo operaron 38 veces, la última hace algunos días, para cambiar una malla que tiene en el abdomen y que su cuerpo rechaza. A ella, que tiene 43, le practicaron 56 y sumará otra cirugía en 2026 porque deben remover una placa de su pie. Fernando y Lucrecia viven cerca, se cruzan en la vereda, se preguntan por sus padres. Son vecinos pero también testigos de un episodio que marcaría sus vidas para siempre. Agradecen estar vivos aunque todavía cargan con las secuelas de un ataque brutal. "Estoy vivo, me quedaron secuelas físicas por tantas cirugías. Y también de la cabeza, cuesta a veces superarlo. Me quedan esos flashes, mayormente a la noche, pero hago actividad física y tengo cicatrices nada más", le cuenta Fernando a Clarín mientras hace reposo tras su última intervención. Fernando soñaba con hacer carrera en la Bonaerense, solo había podido cumplir un año de servicio cuando "pasó todo". Estaba listo para empezar la carrera de oficiales y soñaba con ser comisario. Pero los hermanos Lanatta y Víctor Schillaci, que se habían escapado cuatro días antes de la cárcel de General Alvear, se cruzaron en su camino. Video Ahora se dedica a trabajar junto a su hermano mayor en una PyME textil que tiene negocios en Flores. Hace un año se casó con la novia que tenía desde que le dispararon y vuelve dos o tres veces por semana a Ranchos para estar con su familia. "Al principio me costaba tragarlo, a veces de madrugada tengo esos flashes, pesadillas, de la ruta, de cómo me llevaron en la ambulancia cuando estaba consciente, siempre me agarra de noche, esas cosas. Pero ya sé que voy a vivir con esto", asegura Fernando sobre los recuerdos de esa noche que ahora cumplió diez años. Lucrecia es mamá de una nena que tiene 2 años y medio. Nació con atrofia esofágica grado tres y la operaron al día siguiente de su nacimiento, pasó dos meses en neonatología y la operaron siete veces. "A mí me operaron 56 veces y siete a ella. A veces digo '¡Basta de tantas pruebas!'", bromea la mujer, que cría sola a su hija y que perdió la movilidad de un tobillo. "Mamá tiene nana", repite Fiorama cuando su mamá se sienta a descansar porque no puede seguirle el ritmo del dolor en la pierna. "Me impide hacer muchas cosas, ahora por mi hija me he animado a hacer más como meterme a la pileta pero a veces ella quiere andar en bici o andar más y yo no puedo. Ahora a diez años siguen las secuelas y me tengo que volver a operar porque hay una placa que me viene molestando, por mi hija lo fui postergando pero ahora entendí que para que ella esté bien yo tengo que estar bien", señala Lucrecia, que pasará varios días internada y al menos un mes en recuperación para volver a caminar. El juicio por la triple fuga En 2020 los hermanos Cristian y Martín Lanatta fueron condenados por el Tribunal Oral Criminal (TOC) 1 de La Plata a 13 años de prisión y Víctor Schillaci a 7 por balear a Fernando y a Lucrecia. Los imputados ya cumplían prisión perpetua por el triple crimen de General Rodríguez en 2008. Habían sido condenados por matar a los empresarios farmacéuticos Sebastián Forza (34), Leopoldo Bina (37) y Damián Ferrón (35), en un hecho vinculado al tráfico de efedrina. Fernando no pudo ir a la audiencia porque se recuperaba de una de sus tantas cirugías abdominales. Pero Lucrecia declaró y los vio de nuevo: "Necesitaba ir, verlos a la cara, que reconozcan lo que hicieron, escuchar que recibieron una condena. Los miré todo el tiempo, uno solo de ellos me miró, se rió y volvió a agachar la mirada. Ahí dijeron que si querían me hubieran matado, pero me dejaron viva", repasa ella a Clarín. "Al día de hoy yo sigo con daños, cuando me pasan ciertas cosas, cuando hay cosas que no puedo hacer, los maldigo. Me frustra, me da bronca, no poder hacer cosas que otras madres hacen", cuenta. Para su compañero también fue sanador, aunque lo haya visto por televisión: "Fue un alivio tremendo. Ellos judicialmente ya estaban condenados, esto fue un plus. Sacarnos este peso de encima, volver a verlos en mi caso aunque sea por tele. Ella estaba re fuerte. Yo sinceramente no sé cómo hubiera reaccionado, pero de cualquier manera me saqué un peso de encima", recuerda sobre el momento de la condena. Video Marcelo Schillaci está internado en el Hospital Penitenciario de Ezeiza a la espera de un trasplante de hígado. Fernando se enteró por los medios y, con algo de culpa, reconoce que recibió la noticia con atención: "Me enteré que uno de ellos está enfermo. Medio que lo celebré, porque semejante maldad que nos hicieron a nosotros. No se le desea la muerte a nadie, pero es difícil no pensarlo cuando todavía tenemos que enfrentar las consecuencias de lo que pasó". "Para mí es un capítulo que se cerró", resalta Lucrecia, que agrega que todavía le cuesta pasar por la ruta, donde pasó todo. "Ni miro, trato de no acordarme. Me quedé con miedo, no te puedo decir que no. Cuando ando por la calle, porque no puedo ni correr. Eso me da una bronca". La fuga que siguió un país Los Lanatta y Schillaci se fueron del penal de máxima seguridad de General Alvear, en la provincia de Buenos Aires, vestidos con uniformes penitenciarios en un Fiat 128. Fue el 27 de diciembre de 2015 y se llevaron a un vigilador de rehén. Mauricio Macri llevaba días como presidente y la espectacular fuga se transmitió en vivo por todos los canales de noticias. Los persiguieron en Quilmes, Berazategui y Florencio Varela. También pasaron por Ranchos, donde balearon a Fernando y a Lucrecia, también por Chascomús y por una zona rural de Santa Fe. El Gobierno ofreció una recompensa millonaria por su captura. Después de atacar a Fernando y Lucrecia, pasaron 11 días más escapando. En ese tiempo amenazaron y robaron a la ex suegra de Lanatta, se tirotearon con gendarmes en San Carlos, Santa Fe, y secuestraron a un ingeniero agrónomo en San Carlos, donde robaron una Volkswagen Amarok que plotearon con el logo de Gendarmería. Después de volcar, entraron a la casa de una familia en Cayastá, en Santa Fe, y les robaron su camioneta, pero se encajaron en el barro y siguieron a pie. Tres policías a caballo atraparon a Martín Lanatta el 9 de enero. Dos días después, capturaron a Christian Lanatta y Víctor Schillaci en un campo cercano. EMJ Sobre la firma Mirá también Newsletter Clarín

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