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  • Encuentro binacional por memoria y justicia en la región. Representantes uruguayenses aportaron perspectivas locales en Fray Bentos

    Concepcion del Uruguay » La Calle

    Fecha: 30/11/2025 12:55

    La presencia de Darío Barón y Josefina Minatta reforzó el diálogo entre ambas orillas y destacó el valor de las experiencias territoriales en torno a los crímenes del Plan Cóndor. Por: Matías Dalmazzo El Segundo Encuentro Binacional de Derechos Humanos reunió en Fray Bentos a especialistas, autoridades, organizaciones y referentes de la región para profundizar el análisis histórico y judicial del Plan Cóndor. La actividad se desarrolló el 26 y 27 de noviembre en el Teatro Young y contó con la participación de representantes de Concepción del Uruguay, quienes aportaron una mirada local al trabajo de memoria y justicia que atraviesa ambos países. Tras sus exposiciones, dialogaron con la redacción de La Calle. Darío Barón, director de Derechos Humanos de la Municipalidad de Concepción del Uruguay, destacó en su intervención el valor de revisar la salida de las dictaduras, el papel de los partidos políticos y el surgimiento de los movimientos de derechos humanos que transformaron la vida democrática. Barón remarcó la importancia de que las ciudades del litoral construyan una memoria conjunta, ya que los crímenes cometidos durante aquellas dictaduras alcanzaron a toda la región. Por su parte; la fiscal federal Josefina Minatta también formó parte de las mesas de trabajo y expuso sobre la evolución de los juicios vinculados al Plan Cóndor, la coordinación represiva en el Cono Sur y la necesidad de sostener una mirada permanente sobre estos procesos. Minatta subrayó el rol de las víctimas, la Justicia y la prensa, y llamó a transmitir estas discusiones a las nuevas generaciones para evitar que se repitan escenarios de violencia estatal. Barón y una mirada desde la experiencia uruguayense —¿Cómo evaluás tu participación en el Encuentro Binacional de Derechos Humanos en Fray Bentos y qué considerás que aportó la delegación de Concepción del Uruguay a esta instancia internacional? —La evaluación es muy buena; estamos muy satisfechos con lo que ocurrió durante el encuentro. Desde Concepción del Uruguay aportamos en dos paneles. En uno trabajamos el tema de la transición: el paso de la dictadura a la democracia y los procesos sociales que acompañaron ese cambio. En el segundo panel se expusieron las causas jurídicas vinculadas al terrorismo de Estado, tema sobre el que se refirió específicamente Josefina Minatta. Ese aporte fue central para contextualizar el trabajo judicial que se viene realizando en la región. Creemos que esta participación es importante porque nos interesa contar las historias y las memorias locales. Por eso estos encuentros tienen esta impronta: mirar hacia el interior, poner el foco en lo que ocurrió en ciudades más pequeñas y no solo en las grandes capitales. —En tu exposición hablaste del rol de los partidos políticos y de los organismos de derechos humanos en la salida de las dictaduras. ¿Por qué es importante revisitar ese tramo histórico? —Porque los partidos políticos, en definitiva, son quienes ordenan la vida de la sociedad, y es fundamental volver a mirar ese momento para entender cómo se dieron los procesos que permitieron recuperar la democracia. También es clave recordar el surgimiento y la transformación de los movimientos de derechos humanos. No es que no existieran organizaciones antes, pero a partir de 1977, con la aparición de las Madres de Plaza de Mayo y, más tarde, de las Abuelas, la lucha adquirió un sentido completamente distinto. Esas organizaciones marcaron un camino y resignificaron la resistencia. Yo reivindico el valor de la política en estos procesos. Me parece esencial conocer cómo se desarrollaron determinadas situaciones en el país para comprender los momentos de encuentro que hicieron posible salir de lugares atroces como los que se vivían en aquella etapa. —El encuentro buscó avanzar hacia un espacio binacional permanente de intercambio y reflexión. ¿Qué pasos concretos imaginás para que esta articulación entre Argentina y Uruguay se sostenga en el tiempo? —La idea, desde que pensamos aquel primer encuentro en Concepción del Uruguay y luego este en la República Oriental del Uruguay, fue trabajar de manera permanente con las organizaciones de ambos lados del río. Nuestro objetivo es construir un vínculo estable, un trabajo sostenido que permita compartir experiencias, investigar en conjunto y mantener viva la memoria. Porque lo que estamos intentando narrar es lo que nos ocurrió en aquel tiempo, y del cual todavía se sabe muy poco, incluso a 50 años. —Fray Bentos y Concepción del Uruguay comparten una historia atravesada por la región del Río Uruguay. ¿Qué valor le asignás a construir memoria y políticas de derechos humanos con la participación activa de ciudades de ambas orillas? —El valor central es poder dialogar con quienes tenemos enfrente, porque aquellos planes represivos fueron concebidos para toda la región, no para un solo país. Muchas veces, las medidas de resistencia que tomábamos no contemplaban lo que ocurría a pocos kilómetros, del otro lado del río. Creíamos que ciertas cosas nos pasaban solo a nosotros, o que sucedían en lugares lejanos, cuando en realidad el terror avanzaba de manera simultánea en toda la zona. Por eso es fundamental pensarlo en conjunto y sostener un trabajo mancomunado. Más allá de las diferencias que pueda tener cada ciudad, es importante construir una mirada compartida, especialmente en un contexto que hoy también es adverso en la Argentina. —En los debates se mencionó la importancia de involucrar a la prensa, a la academia y a la Justicia en el análisis del Plan Cóndor. ¿Qué mirada tenés sobre el rol actual de la prensa y la Justicia en ese análisis? ¿Ves un compromiso con la verdad y la reparación? —Tanto en el encuentro de Concepción del Uruguay como en este, la presencia de periodistas que investigaron y de operadores judiciales que trabajaron estos temas fue muy valiosa. Conocer su trabajo permite dimensionar cuánto se avanzó gracias a esas investigaciones. También es importante entender que muchas cosas las supimos a partir de publicaciones periodísticas y académicas. Un ejemplo claro es el caso del Delta entrerriano: existe un libro, Un lugar perfecto, que expone esos hechos. Sin embargo, durante años ningún operador judicial tomó en cuenta lo que allí se había investigado. Recién cuando la Fiscalía Federal de Concepción del Uruguay retomó esa publicación, el tema comenzó a transformarse en una causa judicial, que hoy sigue en curso. Ese recorrido muestra el valor de la prensa y de la investigación rigurosa, y la necesidad de que la Justicia articule y actúe a partir de esas evidencias para avanzar en verdad y reparación. —¿Te imaginás impulsando nuevas ediciones del Encuentro Binacional en Concepción del Uruguay o formando parte de una red más amplia de ciudades comprometidas con la memoria y los derechos humanos? —De este encuentro quedó el compromiso de volver a organizar, sobre la vera del río Uruguay, una nueva edición del lado argentino. Ya estamos iniciando las gestiones para que el año que viene pueda concretarse un tercer encuentro, que debería realizarse en una ciudad argentina vinculada al río, por supuesto. La idea es sostener esta continuidad y seguir fortaleciendo una red de ciudades comprometidas con la memoria y los derechos humanos en toda la región. Minatta y los aportes judiciales desde una mirada regional —¿Qué la motivó a participar del encuentro binacional realizado en Fray Bentos por los 40 años del Plan Cóndor? —Se trata de un encuentro de enorme importancia, donde se reunieron la ciencia, la Justicia, la prensa y, sobre todo, las voces de las víctimas y sus familiares para pensar nuevos desafíos y trayectorias en un tema central: la búsqueda de la verdad sobre años muy duros de nuestra historia. En ese marco, estar presente siempre enriquece. Permite comprender mejor los procesos que atravesaron nuestra región y fortalece el trabajo que venimos realizando en causas de lesa humanidad desde una mirada local. Además, en este momento se está desarrollando en Río Negro (Uruguay) un juicio muy significativo, conocido como el caso de “los rusos de San Javier”, que lleva adelante en Fray Bentos mi colega fiscal Ricardo Percivalle. Estar allí también es una forma de acompañar ese proceso, relacionado con hechos profundamente injustos contra la comunidad rusa uruguaya y que tuvieron como desenlace el asesinato de Vladimir Roslik. —¿integró un panel? ¿Cómo vivió la dinámica del encuentro y qué impresiones le dejaron la organización y el intercambio con colegas y organismos de derechos humanos de ambos países? —Integré una mesa sobre los avances de la Justicia, junto a colegas abogados y fiscales uruguayos. En ese espacio compartimos avances y perspectivas sobre los distintos juicios en cada país. Recordemos que Uruguay, en su momento, aprobó la Ley de Caducidad y no tuvo juicios como los que se desarrollaron en Argentina. Con el tiempo se fueron abriendo caminos y avanzando en investigaciones. Incluso algunos militares uruguayos fueron condenados en Roma por hechos vinculados al Plan Cóndor. La jornada se vivió como un espacio de intercambio muy enriquecedor, donde cada país aportó su experiencia y su historia. Fue una instancia valiosa para comprender trayectorias distintas, pero con un mismo compromiso por la memoria y la justicia. —Durante este año usted participó de diversas charlas, encuentros y actividades donde expuso sobre el Plan Cóndor. ¿Qué aspectos busca remarcar cuando habla de este tema ante públicos distintos: académicos, judiciales o comunitarios? —El Plan Cóndor fue un plan represivo que transnacionalizó los crímenes que, hasta antes de noviembre de 1975 —fecha de la firma del acuerdo en Chile—, se cometían fronteras adentro. Esa coordinación regional demuestra cuán grave y peligrosa puede ser una decisión conjunta de los Estados dirigida al exterminio humano. Todos los países involucrados sufrieron las consecuencias de ese plan, y por eso es fundamental conocer lo ocurrido y comprender nuestra historia. Frente a cualquier público, siempre busco remarcar la importancia de estar alertas y de defender una forma de vida pacífica, basada en la democracia y el respeto por los derechos humanos. —¿Qué desafíos observa hoy en la tarea de mantener viva la memoria sobre el terrorismo de Estado y de acercar estas discusiones a las generaciones más jóvenes de la región? —Creo que el desafío es llegar a nuestros jóvenes desde las historias actuales. Los genocidios no son hechos estáticos del pasado: se reinventan constantemente. Ocurrió con el nazismo, ocurrió con las dictaduras latinoamericanas, y hoy el mundo observa lo que sucede en Gaza mientras crecen los discursos negacionistas. El genocidio es una amenaza permanente que adopta nuevas formas y contextos. Por eso es imprescindible comprenderlo como un riesgo que atraviesa a todas las sociedades. Mantenerse alertas es un desafío permanente. La memoria es una herramienta para evitar que se repitan hechos que causan un dolor social inmenso, y transmitir esa conciencia a los jóvenes es parte esencial de ese trabajo. Aquí te va un resumen en cuatro párrafos sobre el encuentro binacional en Fray Bentos (Uruguay) y la participación de representantes de Concepción del Uruguay.

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