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Parana » Informe Digital
Fecha: 30/11/2025 13:13
Víctor Manzanares, el primer arrepentido que complicó a Cristina Kirchner, conoció a su abogado, Roberto Herrera, en el pabellón de Marcos Paz. El letrado entraba y salía cargado de papeles y anotaciones que llevaba a un cliente: Natividad Roger Terán, ex intendente de Itatí condenado por corrupción. “¿Por qué mi abogado nunca me trae un papel?”, se preguntó Manzanares al ver a Herrera. “Es que vos no tenés una defensa propia”, le dijeron en el penal. Hasta entonces, el contador K estaba representado por Carlos Beraldi, el abogado de Cristina Kirchner, más preocupado por la situación judicial de la ex presidenta que por la suya. Manzanares protagonizó su primer acto de rebeldía en muchos años contra la familia Kirchner: revocó el poder que le había otorgado a Beraldi y contrató a ese abogado ignoto que entraba y salía de Marcos Paz con montones de papeles. A Manzanares pronto se le incorporó el valijero, Leonardo Fariña. Herrera comenzó a perfilarse como defensor de los arrepentidos de la década kirchnerista. Y tiempo después, pese a que su trabajo había complicado mucho a la familia Báez, sumó a su cartera al hijo menor de Lázaro, Leandro, con quien actualmente prepara un juicio que se inicia en febrero. También asesoró durante un año a Norma Calismonte, la ex esposa del empresario K. Al abogado no le tocó un perfil fácil: sus clientes fueron parte de la corrupción kirchnerista o, al menos, vivieron de sus frutos y luego quedaron fuera por distintos motivos. Protagonista. A Herrera lo puso en el centro de la escena Cristina hace un par de semanas, cuando en un tuit citó declaraciones suyas para sostener la versión de que los arrepentidos fueron extorsionados, su último argumento contra la Causa de los Cuadernos. “Si no me creés, mirá lo que dijo Roberto Herrera, abogado de uno de esos ‘arrepentidos’”, escribió Cristina y citó una declaración del letrado en TN sobre Manzanares: “Cuando él declara, estuvo en un lugar de detención que es Cavia, 28 o 30 días, en un lugar donde estaba aislado de todo el mundo con un reflector las 24 horas´”. La ex presidenta volvió a la carga: “Esto ya no es lawfare: es persecución política con métodos propios de las dictaduras”. Herrera, que además actúa como portavoz de Manzanares, quien por razones familiares prefiere mantener perfil bajo, debió salir a explicar. “Me dio mucha tristeza que la ex presidenta compare esta situación que le pasó a Manzanares con la época más oscura de nuestro país”, dijo luego del tuit de Cristina. “Claramente no es verdad. Ya estaba cerrado el acuerdo, no necesitaba más nada para hablar”, completó. No fue la primera vez que Herrera sintió la presión de trabajar en las causas de corrupción más importantes del país. Ni siquiera la más violenta: en marzo del 2020 denunció que le dispararon sobre su auto desde una moto cuando llegaba a la casa de la madre de su hija. “Ojo con lo que van a hablar de Lázaro. No te hagas el boludo”, le dijeron. Acto seguido, uno de ellos apuntó al guardabarros de su Audi A4, gatilló y huyó. El agujero de la bala quedó en la chapa, como recordatorio de la gravedad de los expedientes que maneja. Carrera ascendente. Por su formación, de todos modos, Herrera no es un abogado fácil de amedrentar. Nació en Villa Celina, en La Matanza. Su primer estudio fue en Mataderos, luego tuvo una oficina en Tapiales hasta lograr el upgrade: hoy tiene despacho en la World Trade Center II de Puerto Madero. Tiene 53 años. Empezó a estudiar abogacía en 2000 en la Universidad de Morón y recién pudo recibirse en 2016, pero eso no le impidió formar su estudio. Aún sin el título colgado en la pared, llegó a tener un bufete con siete abogados trabajando para él bastante tiempo antes de egresar. Se transformó en una suerte de empresario del derecho por azar. O por búsqueda. Conocidos suyos, pibes que robaban en los alrededores del Mercado Central, supieron que Roberto de Villa Celina estudiaba abogacía y empezaron a llamarlo. Él podría haberlos derivado, pero no lo hizo: contrató a su profesor de derecho penal y se llenaron de causas. De poca cuantía, pero muchas. Fue su primera incursión en los tribunales. “Yo no sé cómo llegué acá”, suele decir, medio en broma, a sus clientes. Y no tanto en broma. Herrera pasó, en un par de décadas, de ser vendedor ambulante a estar involucrado en las causas más renombradas del país. “Vendía ristras de ajos en la calle. Yo las pasé todas”, comenta cuando le preguntan por la presión que puedan ejercer la ex presidenta y su entorno. Mientras tiene a Manzanares y Fariña excarcelados, la mayor preocupación recae ahora sobre Leandro Báez. El hijo menor de Lázaro se encamina a un juicio oral a comienzos de 2026 por una millonaria compra de lana que desapareció. El detalle: su padre, Lázaro, intentó ser querellante en su contra, pero la Justicia no se lo permitió. Su fama se acrecentó desde la Ruta del Dinero K y la Causa Cuadernos. Sus apariciones en los medios le trajeron nuevos clientes. Pero él atribuye su éxito al esfuerzo. “Si yo te agarro, te defiendo con uñas y dientes”, promete. Es lo que dice estar haciendo con sus tristemente célebres clientes. Galería de imágenes En esta Nota
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