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  • 50 años de ‘Tiburón’, la película que encumbró a Steven Spielberg y cambió para siempre la historia del cine (y de los terrores marinos)

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 30/08/2025 08:33

    TIBURÓN vuelve a los cines por su 50º Aniversario El verano de 1975, un joven director llamado Steven Spielberg estrenaba Tiburón. Nadie en Hollywood podía prever que aquella película, adaptada de la novela de Peter Benchley, no solo iba a salvar financieramente a Universal Studios, sino que también transformaría para siempre la manera en que se concebía el cine comercial. Medio siglo después, Tiburón sigue siendo sinónimo de terror, un hito cultural que convirtió al mar en un espacio de pesadilla y al tiburón blanco en un monstruo moderno. Antes de Tiburón, los grandes éxitos de taquilla solían descubrirse por accidente: una película se estrenaba en pocas salas y, si funcionaba, se expandía. Spielberg y Universal cambiaron el paradigma. Con más de 400 pantallas de estreno simultáneo y una millonaria campaña televisiva, la cinta inauguró el modelo del blockbuster moderno. El experimento fue un éxito inmediato: Tiburón recaudó más de 470 millones de dólares a nivel mundial y se convirtió en la película más taquillera de la historia hasta la llegada de Star Wars dos años después. Hollywood había encontrado una fórmula que repetiría sin descanso: estrenos masivos, marketing agresivo y un calendario veraniego dominado por los grandes títulos. “Nos dimos cuenta de que si la gente acudía en masa el primer fin de semana, la película se convertía en un fenómeno social”, recordaría Spielberg años después. “Tiburón fue el primer filme que convirtió al cine en un evento que no te podías perder”. Imagen del rodaje de 'Tiburón' Un monstruo que casi no aparece Paradójicamente, lo que convirtió a Tiburón en una obra maestra fue un problema técnico. El tiburón mecánico, apodado “Bruce”, se averiaba constantemente durante el rodaje en Martha’s Vineyard. Aquello que parecía un desastre obligó a Spielberg a filmar de forma indirecta: el mar como punto de vista, los planos subjetivos del depredador y, sobre todo, el tema de dos notas creado por John Williams que anunciaba cada ataque. “El tiburón nunca funcionaba, así que tenía que inventar otra manera de asustar al público”, confesó el director. “Resultó que el verdadero monstruo era lo que no se veía”. La estrategia fue un hallazgo narrativo: apenas cuatro minutos de tiburón en pantalla bastaron para crear uno de los mayores terrores de la historia del cine. El espectador aprendió a temer al mar abierto, a lo invisible que acecha bajo la superficie. El rodaje de Tiburón es ya una leyenda en sí misma. Previsto para durar 55 días, se alargó hasta los 159, con sobrecostes millonarios y un equipo al borde del colapso. Richard Dreyfuss, que interpretó al oceanógrafo Matt Hooper, lo recuerda como una mezcla de aventura y pesadilla: “Cada día pensábamos que la película iba a hundirse junto con nosotros. El tiburón no funcionaba, Spielberg parecía más joven que muchos del equipo, y nadie creía que aquello pudiera salir bien”. El océano es oscuro y alberga horrores El ambiente en el set estuvo marcado también por las tensiones entre los actores. Roy Scheider, que encarnaba al jefe Brody, fue más directo: “El rodaje fue un infierno. Pero de ese infierno salió oro puro”. . Robert Shaw, que interpretaba al cazador de tiburones Quint, solía beber demasiado y discutía con frecuencia con Dreyfuss. De esa fricción nació, sin embargo, una química perfecta en pantalla. La famosa escena del “monólogo de Indianápolis”, en la que Quint narra el hundimiento del crucero y los ataques de tiburones a los marineros náufragos, se rodó con Shaw parcialmente ebrio. Spielberg la calificó como “uno de los momentos más electrizantes que jamás he filmado”. Más allá de las anécdotas, Tiburón dejó una huella cultural y simbólica. Transformó la manera en que el cine representa el océano. Hasta entonces, el mar era un espacio de aventuras o exploraciones; Spielberg lo convirtió en un lugar de amenaza, un territorio sublime y hostil. Imagen de 'Tiburón' El tiburón blanco se volvió un monstruo cultural, equiparable a Drácula o Frankenstein, y abrió la puerta a un nuevo subgénero: el terror marino. De ahí surgieron imitaciones inmediatas como Orca (1977) o Piraña (1978), y herederas más recientes como Deep Blue Sea (1999), Infierno azul (2016) o Megalodón y su secuela (2018). Todas ellas beben de la fórmula que Spielberg creó casi por accidente: el agua como escenario del miedo y la amenaza latente como motor narrativo. Incluso en la vida real, el impacto fue tangible: tras el estreno, se reportó una disminución en la asistencia a playas en Estados Unidos, y la imagen del tiburón quedó asociada para siempre al terror, algo que los científicos marinos llevan décadas tratando de matizar. Desde la teoría del cine, Tiburón también marcó un punto de inflexión. El uso del fuera de campo, el protagonismo del sonido y la decisión de situar la amenaza en un espacio cotidiano convirtieron a la película en un caso de estudio. Para muchos críticos, el océano en Tiburón representa lo sublime: vasto, fascinante y aterrador al mismo tiempo. El tiburón es, a nivel simbólico, el retorno de lo reprimido: un depredador primitivo que emerge desde lo inconsciente, desde lo que Freud y Lacan describirían como lo incontrolable de la psique. Esa mezcla de realismo y mito, de naturaleza y monstruo, explica por qué la película sigue funcionando con la misma intensidad medio siglo después. Hoy, a cinco décadas de su estreno, Tiburón no es solo un clásico: es el punto cero del cine moderno de entretenimiento. Es la película que convirtió a Spielberg en una superestrella y que enseñó a Hollywood cómo vender el cine como evento global. Pero también es la obra que nos enseñó a temer al océano, a escuchar dos notas musicales y sentir escalofríos, a desconfiar de la calma del agua. Como diría Richard Dreyfuss en retrospectiva: “No sabíamos que estábamos haciendo historia. Solo intentábamos que el tiburón funcionara. Y al final, el verdadero milagro es que funcionó demasiado bien”. Spielberg, con apenas 27 años, cambió el rumbo del cine. Y medio siglo después, aún seguimos temiendo meter los pies en el agua.

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