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  • Un comando audaz, un botín millonario y un comisario desorientado: cómo fue la primera operación de la guerrilla urbana en Argentina

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 29/08/2025 04:48

    El operativo, conocido como "Operativo Rosaura", fue planificado y ejecutado por el Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara (MNRT), una organización guerrillera La mañana siguiente ningún diario argentino dejó de llevar la noticia, con títulos de gran tamaño, en su portada. El hecho era espectacular, inesperado, violento y también sangriento: se trataba del mayor robo a mano armada realizado en Buenos Aires. Clarín, por ejemplo, tituló: “Descomunal Asalto: 14 Millones Robados, 2 Muertos y 4 Heridos”. Corrían los últimos días de agosto de 1963 y había que remontarse a más de tres décadas antes, a 1931, cuando un grupo de ladrones se llevó una fortuna en efectivo y en lingotes de oro del tesoro del Banco Central, en pleno centro porteño. Aquella vez el robo se había perpetrado sin violencia, a puro ingenio; en cambio, ahora, al botín millonario se sumaban tiros y víctimas. Y no se trataba de un banco sino de un lugar que, por lo insólito, agregaba dramatismo al asunto: un hospital, el Policlínico Bancario. Los asaltantes se habían llevado el dinero destinado a pagar los sueldos y la policía estaba realmente desorientada, porque no tenía pistas que pudieran llevar a los autores. Las especulaciones apuntaban a una verdadera súper banda, por la envergadura del operativo, la sincronización con que los ladrones se habían manejado y las armas que habían utilizado. A nadie, absolutamente a nadie, se le ocurrió que podía tratarse de algo diferente, que el espectacular asalto al Policlínico bancario pasaría a la historia como la primera gran operación de guerrilla urbana realizada en la Argentina. El asalto se realizó con precisión militar, utilizando una ambulancia y un Valiant para la fuga, y dejó a la policía sin rastros de los autores Una operación relámpago Jueves 27 de agosto de 1963, 10.28 de la mañana. Los cuatro hombres que esperaban en el interior de la ambulancia Rambler estacionada a tres cuadras del Policlínico Bancario, vieron venir la camioneta IKA que avanzaba con su acostumbrada lentitud achanchada por la avenida Gaona. Uno de ellos miró el reloj pulsera que llevaba en su muñeca izquierda y comprobó que el transporte cumplía su horario con puntualidad suiza. El chofer de la ambulancia dejó que la camioneta se adelantara y recién entonces encendió el motor y la sirena, aceleró y lo superó para llegar primero al estacionamiento y entrada de ambulancias del Policlínico, en Gaona al 2100. En la barrera los detuvo el guardia Juan Carlos Lowry. -Traemos un enfermo– le dijo el conductor en tono urgente. La camioneta IKA, que entró después, fue también hasta el fondo de la playa y estacionó a la izquierda. El conductor se bajó y abrió la puerta de atrás, donde estaba el sargento de la Policía Federal Alfredo Martínez, que empezó a bajar la saca de dinero para entregársela a los empleados Victorio Gogo y Alejandro Morel. También se bajaron de la camioneta la cajera Nelly Culliazo y el empleado Vicente Bóvolo, encargados de pagar los sueldos. El reloj marcaba las 10.31 cuando un hombre se bajó de la ambulancia y les apuntó a los empleados con una ametralladora; detrás de él, otros tres hombres empuñaban pistolas. El hombre de la ametralladora se culparía toda la vida por lo que sucedió después: por pura torpeza se le escapó una ráfaga de la “tartamuda” y mató a Gogo y Morel e hirió a Culliazo, Bóvolo y el policía Martínez, el único que estaba armado. Otro hombre, que también empuñaba una pistola, le cortó de golpe la carrera al guardia Lowry cuando quiso acercarse al lugar. A continuación, dos de los hombres de la ambulancia cargaron la saca, que pesaba unos 80 kilos porque también había muchas monedas para pagar las cifras exactas de los sueldos. No habían pasado más de cinco minutos cuando la ambulancia salió a toda velocidad del estacionamiento y escapó por Gaona, seguida por un Valiant I que esperaba en la esquina para proteger su escape. A diez cuadras del Policlínico, los autores del robo se bajaron de la ambulancia; unos se alejaron a pie mientras que otros, con las armas y el dinero, escaparon en el Valiant. La policía encontró la ambulancia, 15 minutos después, y en su interior hallaron narcotizado en la camilla al supuesto enfermo “enfermo”, todavía dormido. Después comprobarían que era Mario Voda, el hombre al que le habían alquilado la ambulancia. De los asaltantes no quedaba un solo rastro: se habían esfumado. Sin imaginar que era el operativo de una organización político-militar, el comisario Evaristo Meneses armó la investigación para culpar a dos ladrones famosos, uno de los cuales terminó muerto Un comisario desorientado A cargo de la investigación del asalto –es decir, de capturar a los ladrones y recuperar el botín– quedó el jefe de robos y Hurtos de la Policía Federal, el comisario Evaristo Meneses, conocido también como “El Pardo”, un hombre de métodos duros que aplicaba respetando ciertos códigos: prefería los puños a la picana para “ablandar” a los delincuentes. Como todo el mundo, “El Pardo” ni siquiera imaginó que el asalto podía ser obra de una organización política armada. Su ortodoxia policial lo llevó a hacer lo de siempre: interrogar a los testigos, pedir la lista de despedidos recientes del Policlínico Bancario para seguir la pista del “empleado infiel” y, claro, interrogar a “los sospechosos de siempre”. Puso en la mira, por las características del robo, a aquellos que creía capaces de una jugada tan grande: además del “Pibe” Villarino, el delincuente más famoso de la época, se puso entre ceja y ceja a Félix Miloro, alias “El Pibe Ametralladora” o “El Arcángel”, y a Salustiano Franco. Los dos últimos habían empezado su carrera con Villarino, pero hacía un tiempo que se habían cortado solos y armado su propia banda. No había ningún indicio que los incriminara, pero Meneses tenía recursos para obtenerlos. Entre “los sospechosos de siempre” buscó a delincuentes menores que hubieran trabajado alguna vez con alguno de ellos para que le confirmaran la teoría. Y lo consiguió interrogando a “M”, un delincuente menor cuyo nombre nunca trascendió. Los panfletos impresos por el ala de Tacuara liderada por Joe Baxter tenían dos consignas: “Guerra al imperialismo” y “En marcha hacia la liberación nacional” Un interrogatorio salvaje La revista Primera Plana –un medio que renovó el periodismo argentino en los ’60– pudo reconstruir a través de una fuente policial el interrogatorio al que fue sometido “M”. Lo que sigue es lo que publicó: -Mirá. Vos me has mentido. Empezaste mal. Primero me dijiste que no lo conocías a Franco y después que sí. —Bueno —musita M—, ya le dije qué pasaba... —¿Qué pasaba? —insiste Rojas (un subcomisario a las órdenes de Meneses). —Vea, tengo miedo de Franco. Es capaz de hacerme cualquier cosa. La cara del subcomisario aparece maciza, inexpresiva: —¿Cuánto ganás? —Mire —dice M—, con mi mujer apenas si alcanzamos a sacar tres mil pesos por semana. —Sin embargo, estás gastando 30 mil por mes -—dispara Rojas—. ¿De dónde sacás la diferencia? —No, señor, qué esperanza —farfulla M—. Si éste es el único pantalón que tengo... El asalto al Policlínico Bancario de 1963 marcó el mayor robo a mano armada en Buenos Aires, con 14 millones robados, dos muertos y cuatro heridos Rojas lo mira con sorna: —No sigas. Anoche estuve en tu casa. Hay por lo menos una docena de trajes. El sospechoso se calla, parece abrumado. Rojas remueve la llaga: —Y tu hermano, ¿tu hermano no ha visto en estos días a Franco o a Miloro? —No, señor... De ninguna manera... —¿Pondrías las manos en el fuego por tu hermano? —Sí, señor —dice M—, pondría las manos en el fuego. Otro de los policías saca un encendedor, lo enciende y lo aproxima a la cara de M: —Dale, poné tu mano. Hasta aquí la reproducción del amable interrogatorio. Por los buenos modos del subcomisario Rojas, “M” no dudó en señalar a Franco y a Miloro como los cabecillas del asalto. Unos días después, Miloro fue cercado en una casa en la provincia de Córdoba. Intentó escapar disparando con un subfusil y cayó muerto por las balas policiales. A Franco lo detuvieron en Buenos Aires. En el interrogatorio presentó su coartada: el día del asalto al Policlínico estaba robando un banco. Era comprobable, pero Meneses no le creyó o decidió que no le convenía creerle. Aunque el dinero no aparecía, “El Pardo” anunció que había resuelto el caso. La policía cerró el caso tras la muerte de Félix Miloro y la detención de Salustiano Franco, aunque el dinero nunca apareció y la autoría real permaneció oculta El “Operativo Rosaura” del MNRT La verdad de los hechos era muy diferente al montaje “armado” por Meneses. El asalto al Policlínico Bancario había sido planificado y llevado a cabo por miembros del Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara (MNRT), con información brindada por un hombre que no pertenecía a la organización. El MNRT era un desprendimiento por izquierda del Movimiento Nacionalista Tacuara, una organización de ultraderecha de claro corte antisemita y anticomunista, vinculado a los sectores más derechistas del peronismo e inspirados por las ideas del sacerdote católico Julio Meinvielle y del sociólogo francés Jacques de Mahieu. A principios de los ’60, un grupo liderado por Joe Baxter y José Luis Nell, entre otros, se había alejado de esta concepción, influidos por la Resistencia Peronista y por la Revolución Cubana. Para obtener fondos, comenzaron a realizar una serie de asaltos –sin propagandizar su autoría-, pero el asalto al Policlínico Bancario fue una operación mucho más ambiciosa. La planificación se hizo sobre la base de los datos que les brindó un informante llamado Gustavo Posse, que como retribución recibiría el 30 por ciento del botín. Lo bautizaron “Operativo Rosaura”, y para llevarlo a cabo conformaron tres grupos comando: uno con Alfredo Zarattini, Rubén Daniel Rodríguez y Jorge Andrés Cataldo, en un auto de apoyo; otro con Tomislav Rivaric, Horacio Rossi y Mario Héctor Duaihy; y el tercero con Jorge Norberto Caffatti, Carlos Alberto Arbelos y José Luis Neill, estos dos últimos armados con ametralladoras. Baxter participó en la planificación, pero hay versiones contradictorias sobre su presencia en el asalto. El día del operativo Luis Alfredo Zarattini, Jorge Cataldo y Rubén Rodríguez asaltaron el garaje de Zavala 2552, robaron un Valiant gris y le cambiaron las chapas patentes. Rubén Rodríguez y Mario Duaihy alquilaron en Ramos Mejía una ambulancia, conducida por su dueño, supuestamente para ir a buscar un enfermo a la Capital Federal. En el camino subieron Tomislav Rivaric, que era estudiante de medicina, y a Horacio Rossi que dominaron al conductor y lo narcotizaron. Cafatti, José Luis Nell y Carlos Arbelos esperaron cerca del Policlínico Bancario. Mientras tanto, desde otro auto Alfredo Zarattini seguía de cerca a la camioneta que transportaba el dinero y cuando faltaban pocas cuadras para llegar se le adelantó para avisar a los de la ambulancia que pronto llegaría al Policlínico. Caffatti entró al establecimiento a pie y permaneció mezclado con el público en la escalinata que conducía a la administración, lugar por donde debían pasar los empleados con el dinero. Cuando la camioneta IKA estacionó dentro de la playa del Policlínico estaba todo listo para reducir sin disparar un tiro a los empleados y huir con el dinero, pero el fallo de Nell con la ametralladora transformó lo que debía ser una operación “limpia” en un tiroteo sangriento. El informante del MNRT y el pago en un cabaret de París sentenció la caída de los integrantes del comando que asaltó el Policlínico Bancario en 1963 Billetes marcados en París El Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara no se adjudicó el robo y el comisario Meneses, aunque no había recuperado el dinero, dio por resuelto en caso en beneficio de su propia leyenda. Miloro –presunto autor– había muerto cosido a balazos y su presunto cómplice, Franco, estaba preso. Para la policía, el caso estaba cerrado, sin que siquiera se imaginara la verdadera naturaleza del hecho. Sin embargo, el comando del MNRT había dejado un cabo suelto: el informante. Gustavo Posse no tenía ninguna intención de invertir el 30 por ciento del botín que le había tocado en una causa política, a él no le interesaban esas cosas, pero sí la buena vida. Agarró el dinero e invitó a su hermano Lorenzo a gastarlo en París. No sabía que una parte de la fortuna que tenía en sus manos –los billetes de 5000 pesos, que recién habían sido emitidos– tenían números correlativos y estaban registrados. Al día siguiente del asalto, esos números los tenían los cajeros de todos los bancos argentinos, por si aparecía alguien para cambiarlos o depositarlos, y también Interpol. A principios de 1964, el propietario de un cabaret de la capital francesa depositó algunos de esos billetes en un banco. El dato llegó a la Sureté y de ahí a Interpol. Cuando lo interrogaron, el hombre dijo que se los habían dado como pago dos hermanos argentinos que desde hacía un tiempo frecuentaban su local. La policía francesa los puso bajo vigilancia. Cuando los Posse volvieron a Buenos Aires, los estaban esperando en Ezeiza, donde los detuvieron. En el primer interrogatorio, Gustavo le quitó toda responsabilidad a su hermano Lorenzo, pero en cambio delató a Mario Duaihy, Horacio Rossi, Jorge Caffatti y Tomislav Rivaric, en cuya casa se encontró el arma del sargento Martínez y billetes del robo. José Luis Nell fue detenido en la base aérea de Río Gallegos donde estaba cumpliendo el servicio militar. También se emitieron órdenes de captura respecto de Jorge Cataldo, Eduardo Viera, Rubén Rodríguez, Carlos Arbelos, Alfredo Roca, Amílcar Fidanza y Joe Baxter. El comisario Evaristo Meneses, alias “El Pardo” que acababa de retirarse con la satisfacción de ser una leyenda dentro de la policía, se enteró de todo por los diarios y vio cómo el personaje de policía infalible que tanto le había costado construir se derrumbaba ante la opinión pública. Meses después se convirtió en detective privado. Murió en Buenos Aires en noviembre de 1992 sin poder borrar el estigma de su vergonzosa actuación en la investigación del asalto del Policlínico Bancario.

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