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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 05/04/2025 06:53
Istvansch reflexiona sobre cómo el amor y las condiciones sociales moldean la identidad lectora desde la infancia Istvan Schritter, conocido como Istvansch, es un ilustrador, diseñador y escritor, todo un creador que ha alcanzado proyección internacional sustentada en una producción de libros y proyectos artísticos premiados en diversos lugares del mundo. Obtuvo doce premios Destacado de ALIJA; fue incluido en la Lista de Honor de IBBY 2016 y distinguido con el premio Pregonero de Honor 2022 por la Fundación El Libro en Argentina. Ese mismo año fue nombrado Miembro Honorífico de la Asociación de Dibujantes de Argentina (ADA). Además, fue candidato en dos ocasiones al prestigioso premio Hans Christian Andersen (2002 y 2004) y al Astrid Lindgren Memorial Award en tres ediciones consecutivas (2016, 2017 y 2018). Comprometido con la formación, Istvansch fue profesor titular del seminario sobre ilustración de libros infantiles en la Universidad Nacional de Arte en Buenos Aires (2003-2006). Su libro La otra lectura: Las ilustraciones en los libros para niños, publicado por Lugar Editorial, recopila sus reflexiones sobre el arte de ilustrar y su relevancia cultural. Sus enseñanzas lo llevaron a colaborar en publicaciones especializadas en diversas partes del mundo. El ilustrador y escritor Istvansch, galardonado con premios internacionales, explora nuevas formas de narrativa visual en Argentina Como editor, fundó la colección Libros-álbum del Eclipse y otras líneas editoriales. como Pequeños del Eclipse y Tres Mosqueteros, con las que innovó en el campo de la narrativa visual en Argentina. Entre sus obras más conocidas se encuentran títulos como El ratón más famoso, Todo el dinero del mundo, Avión que va, avión que llega y Una vaca que habla, entre muchos otros, que combinan creatividad, narrativa y diseño visual para incentivar la imaginación infantil. —¿Cómo se construye la identidad lectora? —Creo que desde el primer día de vida eso empieza a funcionar en el simple hecho de leer la realidad que circunda a cualquier bebé. Hay condiciones sociales que que favorecen que un bebé esté ya construyéndose como lector. Creo que por supuesto que es más fácil cuando a su alrededor funciona el amor. Tratar de comunicarse con ese bebé desde el amor o desde una canción. La canción ya es poesía, ahí ya estamos construyendo esa identidad. Y lo digo de esta manera porque pienso, por ejemplo, en el otro extremo. Cuál sería la forma para un chico nacido en el medio de una guerra, donde las condiciones son precisamente las menos propicias, quizás. Pero, de todas maneras creo que incluso en las peores condiciones, un lector está con toda la capacidad de formarse. Y después, con acceso a material de lectura, a libros, se va creciendo como lector. Pero a la vez no creo que esto quede circunscripto al libro ni al libro de papel, porque un lector se forma con lo que sea, mirando el mundo. O sea, el mundo es un enorme lienzo de cosas por leer y puede formarse un lector de imágenes, puede formarse un lector de sonidos, un lector de letras, un lector de baile. Hay tantas formas de llegar a la lectura. Aunque sé que estamos hablando principalmente de libros. "La mediación de lectura es un diálogo constante que puede surgir en cualquier espacio o momento de la vida", destaca Istvansch —¿Creés que un libro podría despertar el interés por leer? —Totalmente, los estímulos son todos. Desde el nacimiento un bebé debería estar rodeado de libros. De esa manera, estoy absolutamente seguro de que hay muchísimas más posibilidades de que un chico se transforme en lector. Y que pueda jugar con libros. Si los libros se rompen, ¿qué importa? Me encantan los libros marcados en la infancia. Cuando voy a casa de amigos o amigas que tienen niños y veo que los libros están chupados y masticados y están como carcomidos, me encanta. —De un hogar sin madre ni padre ni familiares lectores ¿puede surgir un ávido lector? —Estoy absolutamente seguro de eso, poniendo el asterisco en que si hay familia lectora, creo que es más fácil. También me resulta realmente emocionante cuando descubro lectores y lectoras que se han formado sin tener un ambiente de gente que lee alrededor. Creo que un ávido lector puede formarse a sí mismo. Primero, hay otras instituciones que participan de la formación de un lector, sea la escuela, el club, el barrio, un lugar espiritual. Yo no soy creyente, pero puede ser. Una persona que no tiene nada favorecido alrededor quizás pueda acceder justo al libro que lo estaba esperando. —Pensando en esto, ¿hay un momento para empezar a leer? —Creo que está recontra respondido esto, y es desde el primer día. Podría agregar nada más, al adulto que lea esta entrevista, que no tenga ningún tipo de duda de que si a un bebé recién nacido se le empieza a leer poesía, a cantar canciones, a mostrarle imágenes y hacer que con la manito toquen los libros, es un camino tanto más allanado hacia la lectura. Hay algo que tiene que ver con lo afectivo y con el simple disfrute por fuera de toda conexión con la guita. A un bebé eso le hace bien, lo puede hacer conectar con una vida llena de lecturas. Esta respuesta es para decirle a la gente grande que se muestren en distintos estados de lectura y que favorezcan la llegada del bebé a la lectura. Reconoce el poder transformador de las instituciones como escuelas y clubes en la formación de lectores —¿Qué es ser mediador de lectura? ¿Es algo ligado a la educación o creés que hay otros tipos de mediadores? —Quienes estamos en el mundo de la educación, de alguna manera u otra, tenemos cierta conciencia de lo que podemos hacer como mediadores de lectura. Pero la mediación de lectura está en todos lados. Hablamos mucho de esto pero muchísimas veces son los niños quienes nos median la lectura. O sea, hay que abrirse a que cualquiera puede serlo. Por ejemplo, uno va a hacer una actividad en una escuela y empieza por un lado y de repente hay que ser permeable a cambiar las cosas, porque por ahí los intereses de este grupo van por otro lado. Entonces uno tiene que cambiar. Yo, supuestamente fui a ser mediador de lectura, pero quien terminó mediándome a mí para que ofrezca un mejor espectáculo, una mejor narración, una mejor clase, una mejor mediación de lectura, fue otro. Me mediaron. La mediación de lectura es un constante ida y vuelta entre dos partes que piensan el mundo, y piensan el mundo en general y el mundo de los libros. O sea, finalmente, es un diálogo. —¿Recordás tu primer encuentro con libros? —Por supuesto. Bueno, en realidad recordar... Nací, como te decía, en una casa llena de libros. Entonces, los libros estaban desde el primer momento. Siempre estuve rodeado de libros. Entonces no podría decir cuál fue el primero. Mi papá y mi mamá siempre estaban con un libro en la mano. O sea, se levantaban y llevaban el libro que tenían en la mesita de luz a la cocina para desayunar y después lo pasaban a la mesa, porque todo el tiempo estaban leyendo. Mis abuelas eran superlectoras; mis abuelos, también, pero mi abuelo paterno no tanto. El primer libro largo que leí completo fue 20.000 leguas de viaje submarino, de Julio Verne. —¿Te gustaría decir algo más? —De cualquier manera se puede llegar al libro. Incluso creo que desde el celu y desde las pantallas, con un buen uso y una buena forma de administración del tiempo. Incluso la lectura se puede genera desde ahí. Pero es peligro la adicción a las pantallas: la presencia de la pantalla como lo único a lo que se accede, o que toda la familia está siempre con un aparatito cuadradito negro entre manos. Y que desde muy chico le den el aparatito y lo dejen mucho tiempo. Ese es el peligro.
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