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  • Un zorzal entre dos mundos: ¿aliado o problema para la biodiversidad?

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 05/04/2025 18:31

    Un estudio reveló que el zorzal colorado dispersa semillas nativas y exóticas, favoreciendo la germinación de la ligustrina en reservas urbanas y desafiando la conservación (Fauba) En los parques y reservas urbanas, la naturaleza parece tener su propio equilibrio. Sin embargo, algunas interacciones pueden cambiar el destino de un ecosistema. Un reciente estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) reveló que el zorzal colorado, un ave omnipresente en áreas verdes, cumple un doble papel: favorece la regeneración de especies nativas, pero también contribuye sin querer a la expansión de invasoras como la ligustrina. Este hallazgo desafía los esfuerzos por conservar la biodiversidad y abre preguntas sobre cómo manejar estas dinámicas en espacios naturales protegidos. Un pájaro con impacto El zorzal colorado (Turdus rufiventris) es un ave nativa de Sudamérica fácilmente reconocible por su canto melodioso y su pecho anaranjado. Habita en zonas arboladas, parques y jardines, donde se alimenta principalmente de frutos e insectos. Su rol como dispersor de semillas es clave en la regeneración de la vegetación, ya que al ingerir frutos y luego excretar las semillas, contribuye a su propagación en distintos puntos del territorio. No distingue entre especies autóctonas e introducidas, lo que lo convierte en un actor central en la dinámica de los ecosistemas urbanos. Cada ejemplar de ligustrina puede generar millones de semillas al año, cubriendo el suelo y desplazando a especies autóctonas (Fauba). El problema de la ligustrina La ligustrina (Ligustrum lucidum), originaria de Asia, es una especie ornamental muy utilizada en calles y jardines. Su rápido crecimiento y alta producción de semillas la han convertido en una planta invasora que amenaza la flora nativa. Al florecer, atrae a gran cantidad de polinizadores, y sus frutos carnosos resultan irresistibles para aves como el zorzal. Cada ejemplar puede generar millones de semillas al año, cubriendo el suelo y desplazando a especies autóctonas. Su expansión descontrolada en espacios protegidos como el Parque Natural Municipal Ribera Norte, en San Isidro, ha encendido las alarmas entre investigadores y conservacionistas. El experimento: siguiendo el rastro de las semillas Para entender mejor el impacto del zorzal en la dispersión de la ligustrina y otras especies, un equipo de la FAUBA llevó a cabo un experimento en el Parque Natural Municipal Ribera Norte. Los investigadores recolectaron excrementos del ave y analizaron su contenido. Encontraron semillas tanto de plantas nativas como de la invasora ligustrina. Luego, las sembraron en condiciones controladas para evaluar su capacidad de germinación. Los resultados fueron reveladores. En el caso de la ligustrina, el paso por el sistema digestivo del zorzal favoreció su germinación en ciertos momentos del año, lo que explica en parte su capacidad de colonización. Por otro lado, se observó que una especie nativa, Solanum bonariense, también se benefició del proceso, ya que sus semillas requieren la eliminación de la pulpa para germinar con éxito. Esto confirma el papel clave del zorzal en la regeneración del ecosistema, aunque con consecuencias inesperadas. Estrategias de control: ¿cómo manejar la invasión? El crecimiento descontrolado de la ligustrina requiere estrategias de manejo tanto dentro como fuera de la reserva. En lugar de talar los árboles adultos, una técnica efectiva consiste en cortar un anillo de corteza para que la planta muera de pie, evitando que se generen claros en los que puedan brotar nuevas plántulas. Además, los guardaparques realizan plantaciones de especies nativas para restablecer el equilibrio. Pero el desafío no termina en los límites del Parque. El flujo constante de semillas desde las áreas urbanas cercanas, transportadas por zorzales y otras aves, hace necesario ampliar las estrategias de control a calles y jardines del entorno. De esta manera, se reduciría la cantidad de semillas disponibles y, con ello, la capacidad de expansión de la especie invasora. Mirando hacia el futuro El equipo de la FAUBA planea continuar sus investigaciones analizando el banco de semillas del suelo, es decir, aquellas que quedan latentes en la tierra a la espera de condiciones favorables para germinar. Se espera que la ligustrina sea la dominante, pero también se busca identificar qué otras especies forman parte del ecosistema y cómo interactúan con los mecanismos de dispersión. En definitiva, este estudio no solo permite comprender mejor el papel del zorzal colorado en la regeneración vegetal, sino que también ofrece información clave para diseñar estrategias de conservación más efectivas. En un mundo donde las fronteras entre lo natural y lo urbano son cada vez más difusas, entender estas interacciones se vuelve esencial para proteger la biodiversidad y mantener el equilibrio de los ecosistemas. Fuente: Fauba SLT

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