Contacto

Volver a la portada
Con Bienestar
TN 07/06/2026 06:17 4 min de lectura

Lo que la IA no puede hacer por nosotros: dudar, sentir y construir junto a otros

Columnista invitado (*) l La irrupción de las herramientas de Inteligencia Artificial en las aulas obliga a replantear qué significa aprender. No se trata de prohibirlas ni de rendirse ante ellas, sino de encontrarles un lugar que no desplace al suje

Lo que la IA no puede hacer por nosotros: dudar, sentir y construir junto a otros
Foto: TN

La inteligencia artificial ya está en las aulas. La pregunta ya no es si debe entrar, sino qué lugar se le otorga dentro de los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Desde una definición ampliamente aceptada, los investigadores entienden la inteligencia artificial como el estudio y diseño de agentes capaces de percibir su entorno y actuar racionalmente para alcanzar determinados objetivos. Dicho de otro modo: sistemas que procesan grandes cantidades de información, reconocen patrones y generan respuestas en función de criterios preestablecidos. Una definición técnica que, sin embargo, no alcanza para comprender el problema educativo de fondo.

Porque la pregunta no es qué puede hacer la IA, sino qué ocurre con quienes aprenden cuando ella interviene en la construcción del conocimiento.

Herramienta poderosa, pero no sujeto

Si se piensa la educación desde la clásica tríada pedagógica el que enseña, el que aprende y el objeto de conocimiento, la inteligencia artificial puede ocupar el lugar de una herramienta cultural de enorme potencia. Puede ampliar accesos, facilitar búsquedas, organizar información y colaborar en la producción de materiales.

Pero una herramienta deja de ser una herramienta cuando comienza a ocupar el lugar del sujeto.

El problema no es tecnológico sino cultural. La escuela corre el riesgo de dejar de preguntarse qué vale la pena conocer para comenzar a preguntarse únicamente qué resulta útil conocer. El conocimiento deja entonces de ser una experiencia de encuentro con la complejidad para transformarse en un producto eficiente de consumo rápido.

Lo que la máquina no puede sentir

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han sostiene que la inteligencia artificial puede procesar cantidades inmensas de información, pero carece de aquello que inaugura verdaderamente el pensamiento: la afección. En una de sus formulaciones más conocidas afirma que la IA no puede pensar porque no puede sentir piel de gallina. Le falta esa dimensión sensible mediante la cual el mundo nos toca antes, incluso, de que podamos comprenderlo.

La afirmación puede parecer poética, pero encierra una profunda verdad pedagógica. Pensar no consiste simplemente en procesar información. Pensar supone sorprenderse, angustiarse, entusiasmarse, conmoverse, equivocarse y volver a empezar.

La inteligencia artificial responde. El sujeto, en cambio, pregunta.

El psicoanálisis también ofrece una advertencia en este sentido: el saber nunca es completo. Siempre existe una falta, un punto imposible de colmar. El sujeto se constituye precisamente en relación con aquello que desconoce. La IA, en cambio, suele presentarse bajo la apariencia de un saber compacto, ordenado, disponible. Un saber sin fisuras. Y allí donde todo parece respondido, ya no queda demasiado espacio para el deseo de saber.

El desafío es incluir sin perder la asimetría

Humanizar las prácticas educativas no implica rechazar la inteligencia artificial. Implica incluirla, contextualizarla y otorgarle un lugar dentro de la planificación pedagógica. Convertirla en una herramienta al servicio de la construcción de preguntas, del debate y de la reflexión crítica. Allí donde la IA tiende a presentarse como portadora de respuestas cerradas, la tarea educativa consiste en abrir interrogantes.

Leé también: Más que matches: cómo la inteligencia artificial redefine las apps de citas

Los riesgos no se encuentran únicamente en el uso de la IA, sino en su utilización descontextualizada y desvinculada del encuentro con otros. Cuando desaparecen la pregunta, la inquietud y la discusión colectiva, los procesos de conocimiento corren el riesgo de mercantilizarse. El saber deja de ser pensado en términos de comprensión o transformación para ser evaluado exclusivamente por su utilidad inmediata: lo que sirve o no sirve, lo que rinde o no rinde.

La escuela, sin embargo, constituye mucho más que un espacio para transmitir conocimientos. Es un dispositivo de alojamiento de las infancias y las adolescencias, un lugar donde el Estado construye condiciones de pertenencia e inscripción social. Para que esa función sea posible, también es necesario sostener diferencias. Y allí los adultos docentes, directivos, familias corren el riesgo de perder la posición asimétrica que los constituye como responsables de la transmisión cultural.

El desafío, entonces, no consiste en competir con la IA ni en prohibirla, sino en ocupar una posición diferente frente a ella. Hacerla dialogar con textos, experiencias y saberes diversos. Confrontar sus respuestas con otros marcos teóricos. Contextualizarla en función de la historia y la cultura de cada comunidad.

Porque lo que está en juego no es qué pueden hacer las máquinas, sino qué lugar queremos reservar para aquello que ninguna puede hacer por nosotros: dudar, desear, equivocarse, narrar, crear y construir junto a otros una experiencia común del mundo.

(*) El Lic. Jorge Prado es Psicólogo (M.N. 55.582). Universidad de Buenos Aires (UBA). Profesor en Psicología (UBA), Esp. en Clínica de Niños y Adolescentes. Docente de Salud Pública y Salud Mental UBA y Miembro de la AASM (Asociación Argentina de Salud Mental). Se desempeña en el área de Psicología Comunitaria y Pedagogía Social, La Matanza.

TN Esta nota se publicó originalmente en el medio.
Ver noticia original

Aviso legal. Examedia es un sistema automático de monitoreo y análisis de medios. Esta noticia fue publicada originalmente por TN y se reproduce aquí con fines informativos y de seguimiento. Los contenidos, títulos y opiniones pertenecen exclusivamente a su fuente original; Examedia no los redacta, edita, avala ni asume responsabilidad alguna por ellos. Si sos titular de los derechos y querés que esta nota se retire, escribinos.

Examedia © 2026