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Con Bienestar
TN 19/05/2026 09:57 4 min de lectura

Una singular mirada sobre el estrés propone tomarlo como el punto de partida para la creación

Un experto afirma que la ausencia total de tensión no equivale a paz, sino que puede traer estancamiento. Recuerda que inventos como el motor a reacción o los bancos de sangre nacieron en contextos de máxima dificultad. Y propone cinco movidas para e

Una singular mirada sobre el estrés propone tomarlo como el punto de partida para la creación
Foto: TN

Vivimos esquivando al estrés como si fuera un virus. Lo combatimos con yoga, mindfulness, podcasts de meditación y promesas de domingo a la noche que duran hasta el lunes a las 9 am. Sin embargo, un experto británico en liderazgo asegura que ese plan de fuga es justamente lo que nos está saliendo mal.

Para Drew Povey, autor y fundador de la consultora Drew Povey Consultancy, el estrés está mal vendido. Bien usado, sostiene, puede convertirse en el empujón que separa a quienes crecen de quienes se aplanan.

Hemos pasado muchos años hablando de cómo eliminar el estrés y tenemos maneras de evitarlo, reducirlo o intentar escapar de él, pero ¿y si ese es precisamente el problema?, planteó Povey.

Su argumento principal arranca con una incomodidad: la ausencia de estrés no equivale a calma. Equivale, según el especialista, a estancamiento. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que el estrés mal gestionado está detrás de millones de horas de productividad perdidas y de diagnósticos de burnout en todo el mundo, pero al mismo tiempo aclara que cierta dosis de tensión es parte normal del desempeño humano. El problema, dicen desde el organismo, aparece cuando se vuelve crónico o incontrolable.

La trampa de querer huir todo el tiempo

Povey insiste con un detalle elocuente: muchos de los inventos que hoy se dan por hechos nacieron en contextos de presión extrema. El motor a reacción, los autoinyectores de adrenalina, los bancos de sangre y hasta el formato moderno del supermercado. Todos surgieron como respuestas a problemas urgentes.

Algunas de las decisiones más acertadas y los mayores avances se producen no a pesar del estrés, sino gracias a él, afirmó el experto británico.

El consultor pone la lupa sobre cómo el cerebro interpreta la tensión. Desde el punto de vista neuronal, el estrés y la excitación son casi idénticos. Lo que cambia es la lectura mental: si una situación se etiqueta como amenaza, el cuerpo entra en modo defensa; si se lee como desafío, se libera la misma adrenalina pero canalizada hacia la acción.

Cinco movidas para hacer del estrés un trampolín

- Reinterpretar lo que se siente. Algo que paraliza a una persona puede entusiasmar a otra, y la diferencia está en cómo el cerebro procesa la información. Los CEO con los que trabaja, contó Povey suelen replantear su mentalidad para que la adrenalina rinda a favor.

- Usar el estrés como una señal, pero no como una luz roja. Que algo nos ponga nerviosos significa que importa. Si no importara, ahí sí habría un problema mayor. A menudo, el límite del estrés será el límite del crecimiento, apuntó Povey.

- Analogía gimnástica. En la sala de musculación, nadie progresa levantando siempre el mismo peso: las fibras se rompen para reconstruirse más fuertes. Lo mismo, sostiene, ocurre con las conversaciones difíciles, las decisiones grandes o los momentos de incertidumbre repetida. Lo que parece destrucción, dosificado, es entrenamiento.

- Dejar que la presión afile el pensamiento. El procrastinador profesional lo sabe: sin fecha límite, el foco se desinfla. Una lista, un deadline o una responsabilidad clara obligan a ignorar el ruido y mirar lo que importa ahora.

- Separar el estrés del malestar. No es lo mismo presión que angustia. La primera puede mejorar el rendimiento; la segunda lo deteriora. Y el secreto, según el especialista, está en saber alternar intensidad y descanso, como en cualquier rutina deportiva seria.

Es la intensidad seguida del descanso lo que produce el crecimiento, resumió Povey, retomando una vez más la metáfora del gimnasio.

La mirada del consultor desafía la idea más difundida de los últimos años, esa que iguala bienestar con ausencia total de tensión. La pregunta, propone, no debería ser cómo eliminar el estrés, sino cómo aprovecharlo. La diferencia entre quien queda paralizado y quien sale fortalecido no está en cuánta presión hay en la vida, sino en qué se hace con ella.

TN Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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