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» Clarin
Fecha: 28/04/2026 16:12
Las cumbres de jefes de Estado y de Gobierno de la OTAN fueron tradicionalmente ceremonias a las que se llegaba con todo decidido y masticado, donde los líderes básicamente se limitaban a repetir el compromiso de la defensa común noroccidental, a mostrar unidad y a poner buenas caras. Las advertencias a Rusia eran más o menos duras en función de la temperatura de la relación en ese momento y los presidentes estadounidenses de turno pedían a los europeos que gastaran más en Defensa, sin que estos hicieran mucho caso desde el fin de la Guerra Fría. La relación era conveniente para todos. A los europeos les garantizaba la protección del paraguas militar, y nuclear, estadounidense. A Estados Unidos la posibilidad de disponer de bases militares en Europa y de contar con países amigos y aliados que ayudaban en misiones y que compraban la mayoría de sus armas a la industria estadounidense. Las cumbres eran políticamente aburridas porque todo se había decidido días o semanas antes en reuniones previas de cancilleres o ministros de Defensa. Pero entonces llegó Donald Trump y empezó a romper la vajilla. En su primer mandato amenazó, sin ir más allá, con sacar a su país de la Alianza Atlántica si los europeos no gastaban más en medios militares. Ese gasto adicional, claro, tenía que ir a la industria militar estadounidense. Los europeos apretaron los dientes y esperaron a que el líder republicano se fuera, comprometiéndose a gastar el 2% del PBI en defensa, un porcentaje al que sólo llegaron el año pasado. Trump se iría, pensaron muchos. Pero Trump volvió. Y volvió como un elefante en un bazar. Las exigencias del presidente estadounidense empezaron de nuevo por el gasto militar. En la cumbre de julio del año pasado en La Haya los europeos (excepto España) y Canadá se comprometieron a alcanzar para 2030 un gasto en Defensa equivalente al 5% del PBI de cada uno. Pocos lo cumplirán, pero Trump salió contento más allá de su bronca con el español Pedro Sánchez, que se ha ido repitiendo en los últimos meses. Pero las broncas no se limitan ya al gasto. A finales del año pasado el presidente estadounidense empezó a amenazar con usar la fuerza para anexionar a Estados Unidos la isla danesa de Groenlandia. Dinamarca es miembro de la OTAN, una organización que de repente pasaba de ser de defensa mutua a ser un lugar donde el más fuerte amenazaba con las armas a uno de los más débiles. Los europeos cerraron filas con Dinamarca, enviaron unos pocos cientos de soldados a Groenlandia y Trump pareció dejar de lado el tema. La guerra contra Irán Entonces llegó el ataque estadounidense e israelí a Irán y el inquilino del Despacho Oval volvió a mirar a la OTAN con cara de pocos amigos. El ataque a Irán se sale totalmente del marco jurídico de la Alianza Atlántica porque no es un ataque a un país de la OTAN. Es lo contrario: uno de los socios de la OTAN ataca a un tercer país, sin provocación previa y sin consultarlo con sus supuestos aliados, a los que sólo exige sumarse cuando la guerra empieza a torcerse y no se convierte en la operación relámpago que hubiera querido el mandatario estadounidense. Las cumbres anuales vuelven el 7 y 8 de julio a la capital turca de Ankara, pero a partir de ahí, según desveló en primer lugar este lunes la agencia Reuters y pudo confirmar Clarín en Bruselas en varias entrevistas este martes, la OTAN estudia simplemente no organizar esos cónclaves para no poner en bandeja a Donald Trump un escenario en el que pueda comportarse de forma disruptiva. La cumbre de Ankara sigue sin una agenda clara y, salvo solución diplomática entre Irán y Estados Unidos, la guerra marcará el cónclave. Pero a partir de ahí el calendario es vidrioso. La cumbre de julio de 2027, que debe organizar Albania, podría pasarse al otoño de ese mismo año. Y en 2028 ya no celebrarse ninguna, para que las siguientes fueran ya con el sucesor de Donald Trump. Algunos países estarían pidiendo que se hiciera oficial una decisión indicando que a partir de ahora las cumbres serían cada dos años, pero la Secretaría General de la OTAN no tomó una decisión todavía. La costumbre de realizar cumbres anuales de varios días es relativamente nueva, porque sólo desde 2021 se han ido repitiendo anualmente estas cumbres. Antes se realizaban en función de la necesidad que los líderes veían de reunirse personalmente, no cada año como si fuera una obligación. Más allá de evitar choques con Donald Trump, algunas fuentes consultadas en Bruselas consideran que la idea de celebrar una gran cumbre anual empuja a la OTAN a tener grandes anuncios que hacer en esas cumbres, aunque no haya necesidad de hacer anuncio alguno. Estiman que la Alianza Atlántica debe centrarse más en el trabajo y la estrategia a largo plazo, y menos en el espectáculo político. Volver a ser aburrida. Sobre la firma Newsletter Clarín
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