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» Clarin
Fecha: 26/04/2026 07:45
Una mujer levanta la mano para detener el colectivo que viene por Montes de Oca y que tiene parada frente a un complejo de apartamentos ubicado al 251. El colectivo de la línea 12 frena antes de tiempo, sin acercarse al cordón de la vereda. Todos los pasajeros que se bajan por la puerta del medio y por la de atrás lo hacen con cautela: tienen que tratar de moverse con agilidad y esquivar los dos contenedores grises que están frente a ellos y que obstruyen el paso hacia la vereda. Mientras tanto, la mujer que quiere subir recién hace pie en la puerta delantera, luego de haber caminado unos metros hasta el colectivo, que nunca salió de su carril. Todo dura segundos, porque rápidamente el chofer retoma su camino, atento a que la luz del semáforo continúa a su favor. Lo que para muchos se puede ver como una maniobra cotidiana de maltrato en el tránsito, para una joven en Villa Devoto fue el último segundo de su vida. Hace dos semanas, la neuróloga de 31 años murió tras ser aplastada por un colectivo de la línea 134, cuando bajaba por la puerta del medio. La puerta se cerró repentinamente y eso provocó que se le enganchara la mochila, cayera al asfalto y fuera arrollada por el mismo transporte. Es una maniobra que se repite y verifica Clarín en una recorrida. Un poco más allá, en avenida Caseros y Gral. Hornos, frente a la Estación Constitución, las paradas se acumulan y las filas son constantes a cualquier hora. Los colectivos que llegan en cadena muy rara vez se acercan al cordón. Las filas se mueven rápido hasta sus transportes, que salen disparados hasta la próxima parada. Estas son imágenes frecuentes que pasan en cualquier parada, independientemente de si se ubican en avenidas o en calles. En Ituzaingó y Bolívar se acerca un colectivo de la línea 29 que tampoco llega a ponerse en donde le indica su parada. Abre las puertas antes de tiempo, mientras está en movimiento todavía, porque hay un colectivo adelante. Los pasajeros de la puerta del medio aguardan hasta que es seguro para bajar, pero tampoco cuentan con todo el tiempo del mundo: baja una señora primero y luego una mujer más joven que pone sus dos pies sobre la calle segundos antes de que la puerta se cierre y el colectivo arranque. Mientras esperan en la parada del 132, sobre avenida Pueyrredón y San Luis, dos colectivos de la línea 101 ocupan el espacio. El de la línea 132 se aproxima, pero abre sus puertas unos metros antes, frente a dos contenedores de basura. La misma escena que ocurre en las otras zonas mencionadas de la Ciudad. A mí lo que me pasó hoy fue que el bondi frenó frente a un contenedor. Casi siempre me pasa eso, pero el colectivo para en una avenida y es un tema ese. No me molesta tanto cuando frena antes o después, pero sí me molesta cuando tocás el timbre y no te abren y se pasan como dos cuadras, porque van distraídos o lo hacen a propósito, dice Martín, pasajero frecuente del 132. En la Ciudad de Buenos Aires está la Ley 2.148, que aprueba el Código de Tránsito y Transporte. Dentro de esta, se destacan una serie de obligaciones que deben cumplir los choferes de colectivos. Los nueve puntos que contempla son los siguientes Deben exigir a los pasajeros el cumplimiento de sus obligaciones disponiendo el descenso inmediato de aquellos que no lo cumplan; les está prohibido el expendio de boletos o cobro del viaje en forma directa; tienen prohibido realizar aceleraciones o frenadas bruscas; no deben realizar acciones que los distraigan de la conducción; no deben fumar dentro del vehículo. Además deben acercarse lo más posible a la vereda para que los pasajeros suban o bajen del colectivo; no permitir que los pasajeros suban o bajen del colectivo en otros lugares que no sean las paradas, a menos que llueva o sea de noche (entre las 22 y las 6 de la mañana); no circular con las puertas del colectivo abiertas; no escuchar música ni radio. La primera que se incumple -en parte por responsabilidad del conductor del colectivo, por mala estructuración del espacio público y por la falta de respeto a los lugares de estacionamiento- es la de no arrimarse a las paradas de colectivo para que la gente pueda subir y bajar en forma segura, señala a Clarín Fabián Pons, presidente del Observatorio Vial Latinoamericano (OVILAM). Para Pons, el conflicto sobre el mal manejo de estos conductores profesionales no es solo con sus propios pasajeros, sino que se traslada a la convivencia dentro del sistema vial en general. Hay situaciones que ocurren entre colectiveros y autos individuales, o con peatones. Uno de los más graves incumplimientos para él es la ocupación de carriles no debidos, circular por carriles izquierdos en vías multicarriles u ocupar carriles de giro en ciertos lugares. Pone de ejemplo la colectora de Av. General Paz y Av. Balbín. Cuando se está llegando a Balbín hay tres carriles; el carril de la derecha es para doblar e incorporarse a Balbín. Los colectivos ocupan ese espacio y no dejan doblar a la derecha para ellos poder colarse entre los autos que están en los carriles central e izquierdo. Después tenemos el tema del exceso de velocidad. El tema de no respetar las prioridades de paso, algo fundamental a la hora de analizar la cantidad de siniestros protagonizados por colectivos, explica. La velocidad máxima permitida para colectivos en calles según la normativa nacional argentina es de 40 km/h. En Ciudad Autónoma de Buenos Aires, normativas específicas mantienen el límite de 40 km/h en calles; la máxima para avenidas en 50 km/h y 60 km/h en vías rápidas. Según registros de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) a los que pudo acceder Clarín, durante 2025 hubo un total de 36.079 denuncias de usuarios a líneas de colectivo de jurisdicción nacional. Los motivos son variados, pero los que involucran el manejo de los choferes se concentran en cinco: - No respetar la parada - Conducir de forma imprudente - Trato desconsiderado - Conducir usando el celular - Conducir con exceso de velocidad Con respecto a la empresa que brinda el servicio, los principales motivos de las denuncias fueron: - No exhibir el cuadro tarifario - No respetar la modalidad del servicio - Servicios no habilitados - Negarse a transportar equipaje Acerca del servicio, los principales motivos fueron la falta de frecuencia y el desvío de recorrido. En lo que va de 2026 -hasta marzo inclusive- se hicieron 6.744 denuncias. Los principales motivos contra los choferes y el servicio se mantuvieron. Hay un empeoramiento porque no hay controles cotidianos, no hay penas. Las multas se negocian como un paquete por parte de la empresa, no va hacia el conductor del colectivo sino que va a la empresa. Entonces, (los choferes) sienten una impunidad enorme y eso se agrava aún más con el hecho de que hoy el otorgamiento de una licencia profesional es un mero trámite administrativo, dice el experto en seguridad vial. Observa que falta mucha más regulación, sobre todo luego de que se perdieran los controles dinámicos. Dice que hay algunos que se mantienen en la Ciudad, pero son pocos. También remarca la falta de conocimiento de cosas elementales del tránsito que demuestran de conductores que llegan para hacer sus capacitaciones. Vemos también el tema del uso del celular, constantemente se los ve usando el celular mientras conducen, y no es que tienen que comunicarse con la central, sino que son problemas personales que se atienden a través del teléfono. Hay cambios negativos, que también coinciden con el resto del sistema vial argentino. No solo los profesionales, sino también los particulares, añade. En las 28 líneas de colectivos que controla la Ciudad, se obligatoria la incorporación de cámaras frontales, traseras, interiores y laterales en todas las unidades. Si bien una gran parte ya las tiene, la novedad es la conexión con el Centro de Monitoreo de Movilidad, que recibe información en tiempo real y permite activar respuestas más rápidas en casos de incidentes viales o de inseguridad. Además, se vienen incrementando los controles de alcoholemia y narcotest a los choferes en las estaciones cabeceras de cada línea. La sensación de impunidad se hace más peligrosa a medida que crece el tamaño del vehículo. Hace un tiempo, Clarín hablaba de que la cantidad de camionetas pickups en las ciudades es cada vez mayor, como también la imprudencia y la falsa seguridad de quienes las conducen, que en algunas oportunidades terminan protagonizando choques. Especialmente los más peligrosos son los que tienen mayor porte porque donde pegan lastiman. Tienen una menor capacidad de visibilidad, tienen más puntos ciegos, transportan gente que está parada muchas veces, entonces cualquier frenada o golpe puede ser muy peligroso para los pasajeros, concluye. SC Sobre la firma Newsletter Clarín
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