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» Clarin
Fecha: 26/04/2026 07:25
El mundo es eso. Un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende. No es casual que este fragmento de El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano, se aparezca asÃ, en la memoria, al pensar en ellas. Ellas son las mujeres, voluntarias, que se dedican al que se podrÃa bautizar como el oficio más bello del mundo. ¿Qué hacen? Abrazan; abrazan a hijos ajenos, bebés de apenas dÃas o meses que no tienen quien los sostenga en sus brazos, quien les cante una canción de cuna, quien los calme cuando lloran. Ellas son su primer contacto con el mundo; ese contacto iniciático y fundamental que determinará su desarrollo emocional. Los bebés que estas mujeres abrazan fueron abandonados, están a la espera de ser adoptados o, por alguna razón, sus padres no están en condiciones de hacerse cargo de ellos. Esto ocurre en un hospital público de Santiago de Chile. Las voluntarias integran un plan piloto de la fundación Abrázame. El Programa que lleva este nombre nació en 2015, bajo la inspiración fue una declaración del psiquiatra y psicoanalista Eduardo Jaar, en un reportaje en la revista Paula: Estas guaguas están muy solas, decÃa el especialista, a partir de la observación directa de bebés que carecÃan de la contención emocional de los padres desde el nacimiento y hasta los primeros seis meses de vida, con sus consecuencias a futuro ya que se trata del perÃodo en que empiezan a forjarse las bases de la identidad. Asà nació el proyecto, en busca de voluntarios capaces de brindar todo lo que a esos chiquitos les faltaba. El abrazo poético, como el abrazo carnal, mientras dura, prohÃbe toda caÃda en la miseria del mundo, decÃa André Breton. Si lo sabrán ellas, las voluntarias, esos fueguitos de los que hablaba Galeano, dispuestas a acunar y encender otros fuegos futuros. Sobre la firma Newsletter ClarÃn
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