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» TN
Fecha: 26/04/2026 05:44
En la Argentina de hoy, el sueño de la casa propia se volvió, para muchos, una meta lejana. Créditos inaccesibles, costos de construcción en alza y salarios que no alcanzan configuran un escenario donde tener un techo propio es un privilegio. En ese contexto, la historia de Gonzalo Chalo Parma rompe el molde: construyó su casa con materiales que, en total, no superaron los $250.000 para levantar las paredes. No es una metáfora. Es literal. Dos camiones de tierra y dos rollos de paja, resume el hombre en diálogo con TN. Esa es la base de su vivienda en La Plata. Así, con recursos mínimos y sin experiencia previa, logró lo que para muchos hoy es inalcanzable: tener una casa propia. Leé también: ¿Cada cuánto cambiamos el auto?: costos, recomendaciones de expertos y los peligros de estirar la vida útil A simple vista, la construcción no llama la atención. Tiene terminaciones prolijas, paredes derechas y un aspecto similar al de cualquier vivienda tradicional. Pero la diferencia está en su esencia: es una casa de barro, hecha con el sistema de quincha, una técnica que combina madera, tierra y fibras naturales. La clave no está solo en el material, sino en el proceso. Chalo no contrató una empresa ni accedió a financiamiento. Hizo todo él mismo. No tenía un mango, cuenta sin rodeos. Y ese punto, lejos de ser una limitación, fue el motor que lo llevó a buscar alternativas. El punto de partida fue una película que vio en 2010, donde el profesor Jorge Belanko explicaba distintas técnicas de construcción natural. Me explotó la cabeza, recuerda. Desde entonces, la idea quedó latente hasta que tuvo la oportunidad de ponerla en práctica. Primero lo intentó en la costa, en un terreno familiar. Después, ya instalado en La Plata, decidió avanzar con un proyecto más ambicioso. Compró un lote junto a su hermano y comenzó a construir desde cero. La casa no se levantó de un día para el otro. Fue un proceso gradual, marcado por la necesidad y la disponibilidad de recursos. En ocho meses logró mudarse, con lo básico para habitar. En un año ya tenía el baño terminado. Y con el tiempo fue ampliando, sumando ambientes y mejorando terminaciones. Leé también: Ingresos insuficientes, alquileres altos y empleo inestable: mudarse solo cada vez se hace más difícil Esa lógica escalonada es parte central del modelo. No hace falta tener todo el dinero desde el inicio. Se puede empezar con poco e ir creciendo. El barro te permite eso, explica Chalo. Es intuitivo, accesible y te da margen para equivocarte y corregir, sostiene. En términos económicos, la diferencia con la construcción tradicional es abismal. Mientras levantar una casa de material implica millones de pesos, en este caso el costo de las paredes uno de los pasos más importantes se reduce a cifras mínimas. Con $250 mil levanté todas las paredes, asegura el hombre y detalla: unos $100 mil en paja y alrededor de $150 mil en tierra. Números que, incluso con la inflación actual, siguen siendo marginales frente a cualquier obra convencional. Claro que no todo es tan barato. Hay componentes que no se pueden evitar: instalaciones eléctricas, cañerías, aberturas. Esos costos se mantienen, independientemente del sistema constructivo. Pero el ahorro en la estructura principal cambia completamente la ecuación: La diferencia es que lo más caro de una casa, que son las paredes, acá es lo más barato, sintetiza el constructor. Además del costo, hay otro factor clave: la posibilidad real de hacerlo sin conocimientos previos. Chalo insiste en este punto. Yo no sabía nada. Nunca había levantado ni una pared, dice. Aprendió en el proceso, a prueba y error, guiado más por la práctica que por la teoría. Esa accesibilidad técnica abre una puerta para quienes quedan fuera del sistema formal de vivienda. Personas sin acceso a crédito, sin ahorros significativos o sin posibilidad de pagar un alquiler elevado encuentran en la autoconstrucción una salida concreta. Leé también: Tiene 60 años, no sabía andar en bicicleta y tomó una valiente decisión: Se cura y listo Pero no se trata solo de economía. Las casas de barro también ofrecen ventajas en términos de confort. La eficiencia térmica es una de las más destacadas: en verano mantienen el interior fresco y en invierno conservan el calor. En invierno prendés una salamandra un rato y alcanza. En verano, con un ventilador estás bien, describe. Esto no solo mejora la calidad de vida, sino que también reduce el gasto en energía. Otro de los prejuicios que enfrenta este tipo de construcción es su durabilidad. La idea de que el barro se lava con la lluvia es, según Chalo, un mito. Con buenas terminaciones y mantenimiento básico, una casa de este tipo puede durar años sin problemas. También desmiente la supuesta invasión de insectos. Eso pasa cuando no terminás la casa, explica. Las paredes sin revocar pueden convertirse en refugio de bichos, pero una obra bien finalizada no presenta ese inconveniente. Su casa, de unos 110 metros cuadrados, incluye cocina, baño, habitaciones y un espacio social donde se destaca un horno de barro construido con materiales reciclados y sin costo. Todo fue hecho por él, en distintos momentos y según sus posibilidades. Hoy, después de haber construido esta vivienda, su elección es definitiva: No volvería a vivir en una casa de ladrillo. No solo por una cuestión económica, sino por la experiencia de habitar un espacio que responde mejor al clima y a sus necesidades. En un país donde cada vez más personas quedan fuera del mercado inmobiliario, su historia plantea una pregunta incómoda pero necesaria: ¿y si la solución no está en el sistema tradicional? Leé también: Arquitectura para no perderse: tres ejemplos de edificios para mejorar la vida de las personas con Alzheimer La autoconstrucción con materiales naturales no es nueva, pero empieza a ganar visibilidad como alternativa real. No es para todos, requiere tiempo, esfuerzo y compromiso. Pero, como demuestra este caso, puede ser la diferencia entre no tener nada y construir un hogar propio. Si estás esperando a tener toda la plata para empezar, no vas a arrancar nunca, resume Chalo y propone terminar la entrevista cantando una canción que compuso junto a su banda Los Hijos de Enrique. Entre guitarra y percusión a cargo de Pablo Yañez, la letra dice: Y un buen día dejé de alquilar, un terrenito, un 3x4 y a soñar. Papel y lápiz me puse dibujar. Mi casa es de barro, y dale hermano, que vos también tenés dos manos.
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