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  • A 40 años de Chernobyl, los errores humanos y las fallas de la URSS que desembocaron en la peor catástrofe nuclear de la historia

    » TN

    Fecha: 26/04/2026 05:04

    Hace 40 años, una prueba de seguridad mal hecha en el reactor número 4 de la central nuclear de Chernobyl provocó la peor catástrofe nuclear de la historia. Durante un ensayo inapropiado a baja potencia se produjo una pérdida de control que derivó en una explosión y un incendio que destruyeron por completo el edificio del reactor y liberaron grandes cantidades de radiación a la atmósfera. Al ignorar medidas básicas de seguridad, el combustible de uranio se sobrecalentó, se fundió y atravesó las barreras de protección. Lo que parecía una prueba técnica terminó en un desastre que afectó a millones de personas y convirtió a Pripyat en una ciudad fantasma. Pero Chernobyl no fue un accidente aislado: fue el resultado de una cadena de fallas que expuso errores humanos, problemas de diseño y un sistema sin control real. Leé también: Ucrania denunció que un ataque ruso dañó el escudo protector que cubre el reactor nuclear de Chernobyl Desde aquel 26 de abril de 1986, Chernobyl es una advertencia global. No solo por la magnitud de la tragedia, sino porque obligó a cambiar para siempre la forma en la que el mundo controla la energía nuclear. Hoy, los especialistas coinciden en que un episodio idéntico sería mucho más difícil, aunque el riesgo nunca desaparece por completo. Un contexto político y técnico que marcó el desastre Hubo una combinación letal entre fallas técnicas y humanas en Chernobyl, pero lo más importante fue el contexto, explicó a TN Julián Gadano, sociólogo y director del Programa de Estudios de Energía Nuclear e Innovación de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF). Todo ocurrió dentro de una Unión Soviética en crisis, con un régimen autoritario, en descomposición política y con graves problemas económicos. En ese contexto fue posible tomar decisiones totalmente enfrentadas a la seguridad. Nadie podía decir que no, señaló. En la misma línea, Darío Jinchuk, consultor senior en energía nuclear y no proliferación, explicó que esa noche los operadores realizaron una prueba sin respetar los protocolos establecidos y desactivaron sistemas automáticos clave, entre ellos el de refrigeración de emergencia y otros mecanismos de protección, para evitar que el experimento se detuviera. El objetivo era comprobar cuánto tiempo podían funcionar las bombas ante una parada de emergencia sin energía externa. Un reactor que tenía fallas desde su origen Según Jinchuk, el RBMK-1000 tenía varias características que lo hacían especialmente vulnerable. Una de las más graves era el llamado coeficiente de vacío positivo, que hacía que cuando aumentaba la temperatura y se formaba vapor, también aumentara la reacción nuclear. En lugar de estabilizarse, el reactor se volvía más inestable. Esa retroalimentación positiva podía descontrolar todo en segundos. Leé también: Misterio en Chernobyl: aparecieron perros con pelaje completamente azul en la zona de exclusión A eso se sumaba un defecto crítico en las barras de control, que debían frenar la reacción pero primero aumentaban la potencia. Era como si al apretar el freno de un auto, primero acelerara, explicó Jinchuk. Gadano agregó que el diseño del RBMK respondía a una lógica militar adaptada luego a la generación eléctrica, en línea con la política soviética de maximizar la inversión. Además, las barras tenían grafito en la punta, lo que en ciertas condiciones provocaba un efecto contrario al esperado: al ser insertadas, generaban primero un aumento brusco de potencia. Ahí se produjo el descontrol total, remarcó. Otro problema era la velocidad: las barras tardaban unos 20 segundos en entrar completamente al núcleo, mientras que en los reactores occidentales lo hacían en dos segundos o menos. La combinación de estos factores provocó una subida de potencia incontrolable que terminó en dos explosiones y la destrucción total del reactor. La ausencia de una barrera que agravó todo Otro punto crítico fue la falta de un edificio de contención. A diferencia de los reactores occidentales, Chernobyl no tenía una estructura de hormigón armado y acero diseñada para contener explosiones internas o fugas radiactivas. Esto permitió la liberación masiva de radionúclidos como el yodo-131 y el cesio-137, que se dispersaron a gran distancia, detalló Jinchuk. En la misma línea, Gadano fue más gráfico al describir la estructura del reactor: Era algo parecido a un galpón, lo que ayudó a que la explosión tuviera ese nivel de impacto y liberación radiactiva. Sin esa barrera física, el accidente pasó de ser un problema industrial a una crisis ambiental y sanitaria internacional. El secreto soviético también fue parte del desastre Chernobyl expuso también las fallas del sistema de control soviético. No existía un organismo regulador independiente. El mismo sistema operaba y se controlaba a sí mismo, explicó Jinchuk a TN. La opacidad, el autoritarismo y la imposibilidad de cuestionar órdenes agravaron la situación. Hoy eso es imposible en cualquier sistema nuclear del mundo, señaló Gadano. Los operadores tampoco contaban con información completa sobre los riesgos del reactor. Durante horas, además, las autoridades minimizaron lo ocurrido, lo que retrasó la respuesta. Cómo cambió el control nuclear después de 1986 Tras el desastre, la industria nuclear mundial cambió por completo. Se fortaleció el rol del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y se creó la Asociación Mundial de Operadores Nucleares (WANO) para mejorar la cooperación y el intercambio de información. El cambio fue profundo. Hoy es inconcebible un accidente como el de Chernobyl, afirmó Gadano. Se consolidó la lógica de defensa en profundidad, con múltiples barreras físicas, sistemas redundantes y protocolos para evitar que una sola falla derive en una tragedia. También se incorporaron sistemas de seguridad pasiva, que funcionan sin intervención humana ni electricidad. Leé también: A 36 años del accidente nuclear de Chernobyl: el drama que se vivió durante la explosión Los reactores de generación III y III+ incorporan mejoras clave: coeficiente de reactividad negativo, edificios de contención robustos, sistemas de enfriamiento pasivo e instrumentación digital avanzada. Además, ya existen diseños de cuarta generación y reactores modulares pequeños con estándares aún más altos de seguridad. Un evento idéntico al de Chernobyl es altamente improbable, aseguró Jinchuk. Eso igualmente no significa que el riesgo desapareció. Hoy las principales amenazas están vinculadas a eventos externos extremos como terremotos, tsunamis o conflictos armados, como Fukushima en 2011 o Zaporiyia en la guerra de Ucrania. También continúan siendo desafíos la gestión de residuos, la ciberseguridad y la proliferación nuclear. La seguridad es mucho mayor, pero requiere vigilancia constante, concluyó Jinchuk. Redacción: Lola Blasco

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