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La Plata » El dia La Plata
Fecha: 25/04/2026 03:57
La República de los Niños tiene algo de espeluznante. Sobre todo de noche, a media luz: era solo cuestión de tiempo para que alguien filmara allí una película de terror. Eso han hecho los hermanos García Bogliano, Ramiro y Adrián, en La mancha, película que se verá hoy y mañana en el Bafici. El cine de género se ha hecho un festín con esas superficies inocentes de lo infantil que esconden debajo lo siniestro, y el nombre de la película sobre un grupo de adolescentes que recorre la Repu buscando a su amiga desaparecida, de hecho, remite directamente al juego infantil de persecución. Pero los hermanos, cuenta Ramiro en diálogo con EL DIA, perseguían algo más que retratar ese costado oscuro de la niñez: querían capturar esa perspectiva joven, esa intensidad, esa sensación de ser niño, adolescente, eso de que lo que es emocionante es súper emocionante y lo que es aterrador es súper aterrador: algo de esa intensidad nos pareció interesante tratarlo en primera persona. Es el punto de vista de ellos, no son los adultos mirando a los chicos, sino los chicos llevando la historia. De alguna manera, retratamos cómo recordamos que vivíamos el mundo en nuestra infancia. Por eso, en la película casi no hay adultos: los chicos pasean por la Repu, juegan al basquet, tocan música, hasta que desaparece Dina, y dos de sus amigos se quedan en la Repu, de noche, buscándola. Y empieza la pesadilla: sillas que se mueven solas, presencias extrañas, gritos desgarradores provenientes de altavoces y parlantes. Un mundo paralelo. Ramiro y Adrián pensaban en películas como El otro, obra maestra de Robert Mulligan que los aterrorizó y que también está protagonizada por chicos. O en Veneno para las hadas, clásico de género mexicano que Ramiro cuenta que redescubrió hace no tanto tiempo. Un año después de haber rodado la película se estrenó La hora de la desaparición, que tiene muchos elementos en común: evidentemente hay ideas, vibras que están dando vueltas en el mundo. Creo que había una necesidad, en ese momento de incertidumbre, pensar en qué pasa con los chicos y las chicas hoy, qué mundo les dejamos, cómo se defienden ellos, cómo interpretan ese mundo que les dejamos. En ese sentido, sin ser una película con bajada de línea ideológica, dice Ramiro, quiere hablar del hoy, de lo que nos toca vivir: es una historia oscura de un grupo de chicos hoy en Argentina. Esa ansiedad que comenzó en 2024 está, no explícitamente, pero está jugando en la película. Es también una ansiedad proyectada: la ve en sus hijos pero la sufre él como padre, se preocupa por el futuro de los chicos. La paternidad te obliga a tomar otra perspectiva. En ese sentido me parecía interesante poner a los chicos en peligro, pero también buscar salidas luminosas: aunque pienso que el cine no cambia la realidad, sí creo que influencia la realidad, en la manera en que pensamos y nos vemos. Queríamos hacer una historia donde hay un mundo de posibilidades abiertas para los chicos, pero también hay oscuridad, y ver cómo indefensos podrían enfrentarse a eso. La mancha comenzó a gestarse en un viaje de Adrián a Argentina: a la salida de una proyección de Entremedio, película que protagoniza Ennio, el hijo de Ramiro, los hermanos se juntaron en el café del Cinema Rocha junto a Catalina Oliva, pareja de Ramiro, madre de Ennio y directora de arte de las películas de Adrián. Y comenzaron a recordar el pasado: No teníamos planes de hacer nada, pero empezamos a recordar esas producciones súper independientes que hacíamos al principio, y nos motivamos muchísimo, cuenta Ramiro. En el estreno se encontraron, además, con Nicolás Marotta, que acababa de asumir como director de la República de los Niños. Y justo había asumido Milei, y ya asomaba el panorama que estamos viviendo: decidimos no quedarnos quietos y hacer una película. El proyecto se convirtió en una reunión de familia y amigos: como hacía tiempo querían hacer una película de terror juvenil, protagonizada por adolescentes y para adolescentes, los hermanos García Bogliano y Catalina Oliva, a cargo del guion, convocaron a Ennio, también a Asia, la otra hija de la pareja, y a sus amigos. Entre los amigos de los chicos eligieron a los protagonistas, y recién ahí escribimos el guion, cuenta Ramiro.La producción estuvo directamente ligada a la creación del argumento: íbamos creando a partir de los elementos que teníamos a mano. La idea era filmar algo en uno o dos días (al final fue una semana, que igual es poquísimo), en busca de una película menos rígida: con Adrían veníamos haciendo películas y series de género pero por encargo, dentro de una estructura más encorsetada. Y queríamos hacer una película mucho más juguetona: una especie de Blair Witch pero como si la filmara Harmony Korine, o una película tipo The Ring pero con el lenguaje del Nuevo Cine Argentino. Así que buscábamos las locaciones dentro de la República, y una vez que encontrábamos un espacio, definíamos que sucedía en esa escena, cuenta Ramiro. Grabábamos un día, revisábamos lo que teníamos de guion y lo redefiníamos en relación a lo que generábamos ese día: muchos detalles del argumento los fuimos descubriendo mientras íbamos rodando, e incluso surgían de la interacción con los chicos. Los cineastas buscaban una película que transmitiera esa energía más improvisada de la juventud, además de viajar al pasado, a esos inicios punk en el cine que protagonizaron a principios de siglo. Ramiro recuerda cómo su hermano y su pareja, después de cuatro años haciendo Habitaciones para turistas, se lanzaron en plan Dogma 95, con un guion de 30 páginas, mucha improvisación, para hacer Grité una noche, una película de lenguaje bien independiente pero con elementos de género: iban con una idea, tocaban una puerta y pedían la locación, directamente. Ese es el espíritu de La mancha, nos fuimos convenciendo entre todos de que queríamos volver a eso. Así que al núcleo familiar sumaron a Pablo Rabe en cámara y edición, y a amigos y alumnos para ayudar en la parte técnica, una especie de comunidad artística que nos reunimos para hacer esta película. En un momento en el que las aguas estaban estancadas, fue aprovechar esa energía que teníamos todos. ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES HA ALCANZADO EL LIMITE DE NOTAS GRATUITAS por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales ¿Ya tiene suscripción? 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