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» La Nacion
Fecha: 24/04/2026 19:26
Independiente perdió contra Riestra, que no había ganado y había estado 521 minutos sin convertir Todo en rojo, Independiente. Pero esta vez, todo rojo en el factor negativo, en llamas. Crecía su rendimiento, peldaño por peldaño, con una victoria contra Racing, con una buena tarea frente a Boca en la Bombonera, con un triunfo con fútbol y goles ante Defensa y Justicia. Se debía el cartel de candidato, todavía. Deportivo Riestra, en el Bajo Flores, no parecía un escollo profundo. No solo no había ganado ni un partido (7 derrotas, 7 empates): apenas había convertido tres goles en 14 encuentros, en el fondo de la tabla del Grupo A. Y, sin embargo, la decepción. Inesperada, fuera de contexto. Independiente perdió por 2 a 0 con el Malevo, con una actuación errática de principio a fin. De lo peor del año. No consolidó la clasificación rumbo a los mano a mano y, ahora hay que tener cuidado, le queda San Lorenzo y otra vez de visitante. A todo o nada. Algo más: fue expulsado otra vez Gustavo Quinteros, un entrenador cerebral de modo habitual, pero que pierde la brújula cuando el equipo pierde el rumbo y cada día más seguido. La primera parte fue una de las peores producciones de Independiente en el año. Un adelanto de lo que siguió más tarde. Más allá de la ausencia de Ignacio Malcorra, Gustavo Quinteros, el entrenador, respetó la esencia del clásico 4-3-3, con Santiago Montiel por el sector izquierdo. Incómodo, se movió con el trancurrir del tiempo en otros sectores, pero el concepto global no varió. El gigante de Avellaneda jugó bajo la sombra de Deportivo Riestra, un equipo que corre, mete (muchas veces, en exceso), pero que había extraviado el poder de fuego en el ataque. Incómodo en casi todo el torneo, se sintió más libre frente aun rival apagado, contenido. Rodrigo Rey le contuvo un remate a Antony Alonso en el amanecer del partido. Fue el primer aviso. A los 13, Mariano Bracamonte abrió el marcador, en una salida rápida, que nació con un pelotazo de Nacho Arce. Indepediente estaba mal parado, sin un lógico critero defensivo. Hacía 521 minutos que no convertía un gol el pequeño club del Bajo Flores. Nacho Arce solía excederse con sus salidas, aventuras con los pies y con las manos, pero ni esas ocasiones aprovechó Independiente en la búsqueda del empate. Matías Abaldo, por aquí, Maximiliano Gutiérrez por allá, los ataques del Rojo eran una moneda al aire, esporádicos y poco consistentes. Los minutos transcurrieron bajo el manto de una imagen rústica, destartalada. La pelota era un objeto de deseo esquivo. Riestra la trataba con un relativo desprecio, mientras que Independiente la respetaba verdaderamente poco. Al menos, iba al ataque, pero dio la sensación de que Quinteros demoró los cambios, en un equipo que se despertaba con Gutiérrez por el sector derecho y Zabala, como una suerte de falso wing izquierdo. Al fin, el DT dispuso de dos ingresos, dos jóvenes de 20 años con aires audaces, Lautaro Millán y Felipe Tempone. La desesperación por el ataque hasta convirtió a Marcone de 10. Un remate del capitán (cómplice de un leve desvío en Cristian Paz) chocó con un palo y mansamente, el balón se dirigió a las manos de Arce. El tramo final tuvo pimienta, el Rojo pudo empatar (por un puñado de virtudes), pero se desinfló rápido. Compacto de Riestra 2 vs. Independiente 0 Y a la salida de un córner, un cabezazo de Pedro Ramírez resolvió el misterio. Independiente protestó la posición y una supuesta mano, una ira que derivó en la expulsión del DT, otra vez, como en el clásico contra Boca. Cayó Independiente, cuando estaba escalando la montaña. Crecía, gustaba, soñaba. Hasta que un golpazo sufrido un viernes de otoño en el Bajo Flores lo volvió a esa otra realidad.
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