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Parana » AIM Digital
Fecha: 24/04/2026 10:05
El avance de la automatización, la inteligencia artificial y los cambios en la organización del trabajo abren un interrogante central a nivel global: cómo sostener el empleo y los ingresos en sociedades donde cada vez se necesita menos mano de obra para producir. Distintos organismos internacionales y centros de estudio coinciden en que la transformación ya está en marcha. Sectores como la industria, el comercio y los servicios administrativos muestran una creciente incorporación de tecnologías que reemplazan tareas humanas, mientras emergen nuevos empleos vinculados a la economía del conocimiento. Sin embargo, el ritmo de creación de puestos no siempre compensa la velocidad de destrucción. Frente a ese escenario, gobiernos y especialistas debaten alternativa para evitar un aumento estructural del desempleo y la desigualdad. Una de las propuestas que gana terreno es la reducción de la jornada laboral, con el objetivo de distribuir mejor el trabajo disponible sin afectar ingresos. Experiencias piloto en Europa muestran que esquemas de cuatro días pueden sostener la productividad y mejorar la calidad de vida. Otra discusión central es la implementación de ingresos básicos o sistemas de protección más amplios. La idea de garantizar un piso de ingresos, independientemente de la situación laboral, aparece como respuesta a un mercado de trabajo más inestable, con mayor informalidad y empleo por plataformas. También se plantea la necesidad de fortalecer el rol del Estado en la regulación de estas transformaciones. Desde sectores académicos y sindicales advierten que, sin intervención pública, la tecnología tiende a concentrar la riqueza y a precarizar condiciones laborales. En ese marco, se propone gravar a las grandes empresas tecnológicas y redistribuir esos recursos para financiar políticas sociales y educativas. La formación y reconversión laboral es otro eje clave. Los sistemas educativos enfrentan el desafío de adaptarse a nuevas demandas, con énfasis en habilidades digitales, pero también en capacidades sociales y creativas que no pueden ser fácilmente automatizadas. Sin embargo, el debate excede lo técnico. Para corrientes de centro izquierda, el problema no es solo la falta de empleo, sino el modelo de desarrollo que prioriza la eficiencia económica por sobre el bienestar social. En ese sentido, sostienen que el futuro del trabajo requiere repensar no solo cómo se produce, sino cómo se distribuyen los beneficios de esa producción. A medida que la tecnología avanza, la discusión sobre el empleo se vuelve una cuestión política de fondo: si el progreso se traduce en mejores condiciones de vida para la mayoría o en una mayor concentración de riqueza en pocos actores. El rumbo que adopten los países en los próximos años será determinante para definir ese equilibrio. De la Redacción de AIM.
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