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» Clarin
Fecha: 24/04/2026 06:20
El mal dato de inflación de marzo y el dólar "dormido" le sumó un poco más de presión al tipo de cambio, un fenómeno que no parece preocupar al gobierno. Desde el inicio del año hasta el 22 de abril, el peso ya se apreció 10,7% en términos reales en relación con las monedas del resto del mundo, según los datos del Banco Central. Ese resultado implica una pérdida de competitividad frente a los principales socios comerciales, dada por la suba de precios y el retroceso del dólar el jueves cerró en $ 1.415). El peso fue a contramano, aun cuando la Guerra en Medio Oriente impulsó el alza del petróleo, el fortalecimiento del dólar y el debilitamiento de la mayoría de las monedas emergentes. El viceministro de Economía, José Luis Daza, reconoció la semana pasada que "la moneda argentina es la que más se apreció" desde la guerra, un dato que lo tomó como un indicador positivo. "Bajaron las expectativas de depreciación y se apreció el tipo de cambio; esto es un equilibrio sumamente virtuoso", agregó. El Gobierno apuesta a usar el dólar como ancla inflacionaria. Si el dólar se moviera, los precios se acelerarían aún más y el mercado ya proyecta una inflación del 30% en 2026, el triple del presupuesto. Sin embargo, Luis Caputo viene advirtiendo que, si no fuera por las compras de reservas, el dólar estaría más abajo, es decir, más barato. "Uno podría decir que es razonable que se haya apreciado el tipo de cambio real después de las elecciones, pero a futuro quizás no siga ocurriendo eso. En principio, daría la impresión de que el gobierno quiere que siga estable, con lo que aumentaría la apreciación real por la inflación", dijo Pablo Guidotti, extitular del Banco Central. En ese marco, el mercado empieza a preguntarse cuánto tiempo puede sostenerse ese esquema sin generar desequilibrios mayores. El equipo económico permitió tasas relativamente altas para sostener el "carry trade" -esto es, la inversión en activos en pesos para ganar con la tasa mientras el dólar está quieto de manera de reducir la demanda de la divisa norteamericana y estabilizarla. El peso fuerte alimentó un veranito cambiario extendido, con flujo de entrada de dólares financieros. Y desde abril, se sumaron las divisas de la cosecha gruesa. Si bien el Gobierno alentó una baja de tasas en pesos desde marzo para reactivar la economía, las compras de reservas podrían haber sido mayores. Pero el BCRA priorizó el ancla sobre el dólar. "La apreciación cambiaria viene a lo largo del año. Sin embargo, no hizo dudar a los inversores, que siguieron apuntando al carry, lo cual permitió que el dólar volviera a caer. El gran problema del tipo de cambio hoy es que la inflación local sigue muy alta y abril seguramente esté por encima del 2,5%", dijo Martín Polo, economista jefe de Cohen. ¿Se viene el fin del "carry trade"? Los bonos en pesos ajustados por inflación ofrecieron ganancias promedio del 18% desde febrero. El riesgo es una reversión abrupta y algunos ya recomiendan darle un "cierre" al carry. "La rápida compresión en las tasas reales y la apreciación cambiaria reciente nos inclinan a tomar ganancias y buscar alternativas dolarizadas", señaló el Banco Comafi. La contracara del dólar bajo es que abarata las importaciones y encarece las exportaciones. El modelo "Lumilagro" implica el cierre de plantas y la pérdida de empleo local para producir desde China. En las reuniones de comité de la UIA, la apreciación del peso ya se convirtió en un tema de preocupación, lo mismo que la competencia importada. En la agroindustria, el dato que llamó la atención es que en más de tres meses, apenas se inscribieron 27.000 toneladas de poroto de soja para exportar. Incluso, después de lo anotado durante las 48 horas de las retenciones cero en septiembre del año pasado, prácticamente no hubo más registraciones para exportar poroto, según RIA consultores. Los analistas observan que el tipo de cambio real volvió a mínimos del 2017, un año en que la economía registró récord de déficit de dólares. En el primer bimestre, la cuenta corriente arrojó un rojo de US$ 1.000 millones (menor a los US$ 2.500 millones del año pasado), principalmente por el aumento del pago de intereses de bonos de la deuda. Mientras tanto, hay un flujo positivo comercial y financiero por las exportaciones de Vaca Muerta y el agro, y los dólares que consiguen las empresas emitiendo deuda. El Banco Central acumuló US$ 3.400 millones, pero este año hay que pagar US$ 12.000 millones en vencimientos de deuda. La incógnita es si el campo va a seguir liquidando dólares. Si la actividad se recupera, puede que la industria necesite más dólares para importar y se reduzca el superávit comercial. En ese contexto, el economista, Roberto Frenkel, advirtió en Plan M que el carry "no es sostenible" y que "un tipo de cambio de Arabia Saudita sirve para la energía, pero tenemos un conurbarno de 12 millones de personas". NE Sobre la firma Newsletter Clarín
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