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  • Tiren papelitos: el viejo folclore del fútbol y una prohibición insólita

    » Clarin

    Fecha: 24/04/2026 07:45

    La megafonía ya había dado las formaciones y había terminado aquel himno que decía si su piloto no es Aguamar, no es impermeable, le puedo asegurar. Se venía el partido. Dale...dale...que ya salen sonaba alguna voz anónima en la tribuna. Se levantaba un telón, por lo general con la publicidad de alfajores Guaymallén, en la boca del túnel. Era la señal. Los equipos estaban por saltar al campo. Y entonces, el público saludaba el ingreso tirando papelitos al viento. Era un mundo más civilizado. Quizás hasta inocente. Había hinchas locales y visitantes. Había bronca de cánticos, claro. Y, tal vez, a la salida, algún encontronazo para apoderarse de banderas ajenas. No mucho más que eso. Las barras bravas estaban en estado embrionario. El fútbol era de la gente. Tal vez entonces, en esa época, con la aparición de los papelitos, las banderas y el coro en los tablones, a alguien se le ocurrió que eso era el folclore del fútbol. Eran los años 60, más o menos. A la Subcomisión del Hincha de River, el domingo en el Superclásico, se le ocurrió hacer un homenaje al pasado, sobre todo al Mundial 78, y reunieron 50 toneladas de papel para que el público los hiciera volar cuando aparecieran los equipos. Como cuando el mundo era más civilizado. FOTO PEDRO LAZARO FERNANDEZ - CLARIN Sin embargo, por accidente o por obra de algún tonto, en un sector del Monumental se inició un incendio, prontamente reducido. El incidente o la tontera hizo que el Comité de Seguridad en el Fútbol anunciara la prohibición de arrojar papelitos en los partidos que se disputen en Ciudad de Buenos Aires. Por seguridad, también se mantiene vigente la ausencia de hinchas visitantes. En fin. El Comité, dependiente de la Subsecretaría de Eventos Masivos y Deportivos, está a cargo de Juan Manuel Castrilli. Lo integran la Liga Profesional, la AFA, los clubes, el Ministerio Público Fiscal y también la Legislatura porteña. Mucho antes hubo una guerra dialéctica (no faltó que dijeran que también era ideológica) durante el Mundial del 78, con líderes bien definidos. El inolvidable Caloi proponía desde la contratapa de Clarín que en cada partido de Argentina los hinchas saludaran al equipo de Menotti con una lluvia de papeles. Su personaje Clemente alentaba a un pueblo que buscaba en el fútbol la única alegría posible en los tiempos más horrendos de la dictadura. Tiren papelitos muchachos fue el eslogan que hasta apareció en el cartel electrónico del Monumental. Y hasta hubo un jingle por televisión:Mire, mire que locura, mire mire que emoción, tiren tiren papelitos... Vamos vamos Argentina que vos sos el campeón. José María Muñoz, El Relator de América, se opuso a la movida de Caloi. Apoyaba a la dictadura que trataba de desacreditar las críticas, sobre todo de la prensa europea, a su gestión de terror, desapariciones y muertes y pretendía un Mundial limpio para mostrar una imagen que estaba muy lejos de la vida cotidiana. Vamos a demostrarles cómo somos los argentinos, palabras más, palabras menos, decía Muñoz en su programa radial, La Oral Deportiva, y en la previa de cada partido. Arengaba, Muñoz, contra los papelitos. Sin embargo, el Gordo no recibió ofensas graves de los hinchas. Era respetado y querido. Y en esos años, sin dudas, el número 1 de los relatores. Aun así, la gente, los hinchas, tomaron partido. Ganó Clemente y una tormenta de papeles bajó de las tribunas del Monumental y en los tres partidos en la cancha de Rosario Central que jugó la Selección que ganaría el título. Él veía la suciedad en eso, solamente ahí. Y bueno, me la dejó picando y con el arquero caído, y yo arremetí con la campaña en pro de los papelitos, que era una manifestación del hincha muy colorida, muy participativa. Los cantitos y los papelitos, eran el decir presente de la gente. Lo cual se convirtió en una guerra simbólica, dijo Caloi muchos años después del Mundial. Hincha de River y futbolero hasta la médula, Caloi siguió abrevando en ese folclore futbolero. A Clemente lo hizo hincha de Boca. ¿Y cómo olvidar cuando en 1982 reconfiguró a su personaje con el inolvidable ¡Bumbumbumbum, yo soy el hincha, de Camerún!, como el supuesto solitario apoyo que tendrían los africanos en el Mundial de España. Pero volvamos a los papelitos. Y a sus derivaciones. Algunas desagradables. Y peligrosas. La primera vez que una hinchada lanzó papelitos al aire para recibir a su equipo fue la hinchada de Quilmes el 19 de agosto de 1961 cuando su equipo visitó a Banfield en el Florencio Sola. Por entonces ese partido no era un clásico, sino un partido grande del sur del Gran Buenos Aires. Y los muchachos quilmeños hicieron volar papeles en Peña y Arenales. Pero no eran papeles. Eran etiquetas viejas de las botellas de cerveza Quilmes que la empresa tenía en desuso. Las pidieron, se las dieron y las llevaron a Banfield. Algunas fuentes dicen que cayeron 210.000 etiquetas sobre el verde césped. La prensa de la época, adelantándose a Muñoz, criticó la movida porque ensuciaba innecesariamente el campo de juego. Era cierto. La empresa cervecera deslindó responsabilidades pero pagó multas a la vez que vio el episodio como una forma de promocionar su producto. El año siguiente, en la vieja cancha de Quilmes y en un partido ante San Lorenzo, de los cuatro costados de la cancha cayeron papelitos. Había nacido definitivamente un rito futbolero en Argentina. FOTO Francisco Loureiro - CLARIN Hace unos días se cumplieron 40 años de otra batalla de los papelitos. En el Superclásico de ida, los hinchas de River inundaron el Monumental de papelitos que cubrieron el campo. La pelota casi no se veía. Para la revancha, Hugo Gatti intuyó que en la Bombonera la hincha de Boca devolvería el gesto y en la semana previa pidió a Adidas una pelota naranja. En efecto, a orillas del Riachuelo hubo un mar de papeles y el primer tiempo del 6 de abril de 1986 se jugó con la pelota naranja con la que el Beto Alonso marcó de cabeza el primer gol de River. Despejado el campo por los modernos sopladores, la segunda parte se jugó con la tradicional pelota blanca y Alonso clavó el 2-0 con tiro libre. Pero la felicidad no es eterna. Cuando el mundo aún era analógico, las calculadoras tenían rollos de papel adheridos a un cilindro de cartón duro o de madera. Desde las tribunas primero tiraban las cintas y después, ya como proyectiles, los cilindros. En 1998 los organismos de seguridad de la época prohibieron no sólo los papelitos sino también las banderas grandes donde podían esconderse armas de fuego o cortantes y la pirotecnia. En 1983, una bengala náutica lanzada desde la tribuna de Boca en la Bombonera atravesó toda la cancha y estalló en la garganta de Roberto Basile, de 25 años, hincha de Racing, quien murió en el Argerich. A propósito de ese crimen, Luis Alberto Spinetta escribió la bengala perdida se le posó allí donde se dice gol.

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