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  • Peter Thiel: El profeta apocalíptico del tecnofascismo

    Parana » Radio La Voz

    Fecha: 24/04/2026 07:44

    Un pope libertario que ve en Greta Thunberg al Anticristo. Sus sistemas de IA selañaron blancos en Irán y confundieron una escuela de niñas con un cuartel matando a cien. Peter Thiel mira la geopolítica, la tecnología, los negocios y las relaciones sociales, a partir de una figura que lo obsesiona: el anticristo. A partir de allí, construye una teoría político-corporativa que derivó en sus tesis conspirativas, proponiendo una suerte de tecnofascismo donde el poder estatal tiende a desaparecer, en paralelo a que es transferido a las grandes tecnológicas de Silicon Valley que nos salvarán del Armagedón. El personaje rompe la norma del entreperneur high-tech de California. No estudió ciencias exactas: se graduó en derecho y filosofía en la Universidad de Stanford. Su especialidad es juntar fondos para invertirlos en empresas tecnológicas, comenzando con PayPal en 1998 junto a Elon Musk. Su otra apuesta ganada fue al aportar el 10 por ciento de la inversión externa que apuntaló a Facebook en su origen. Hoy es dueño de Founders Fund y de Palantir Technologies, la empresa de análisis de big data que las fuerzas armadas de EE.UU. usan para la selección automática de blancos a bombardear en Irán, incluyendo el caso donde un dato erróneo hizo confundir a una escuela con un cuartel, matando a más de 100 niñas. Anarco por conveniencia En su libro El fin de la realidad (Universidad Nacional de Avellaneda, 2024) el académico Jonatan Taplin analiza los claroscuros de Thiel. Cuenta que ha sido un personaje de la extrema derecha desde los 16 años. Cree que nada debe interponerse en el camino del progreso tecnológico y que este proviene de los monopolios creativos. Tiene una influencia política desmesurada en el Partido Republicano vía aportes millonarios-- que le permite incidir en legislación y políticas gubernamentales. En 2015 Thiel dijo: Una de las cosas que me gustan de la tecnología es que cuando no está regulada, puedes cambiar el mundo sin necesidad de obtener la aprobación de otras personas. En el mejor de los casos, no está sujeta al control democrático ni a las mayorías, que creo que a menudo son hostiles al cambio. En diálogo con Página/12, Taplin explicó que Peter Thiel no cree en la democracia ni le gusta la competencia. Es para tontos --declaró Thiel a The Wall Street Journal si quieres crear y capturar valor duradero, busca construir un monopolio. Nacido en Alemania, de niño fue con su familia a vivir a la Sudáfrica del apartheid. Lo enviaron a una escuela alemana que aplicaba castigos corporales donde sufrió de bullying. Sin embargo, le encantaba Sudáfrica. Ya en la universidad en EE.UU.-- seguía defendiendo el apartheid. Una estudiante afroamericana confrontó a Thiel por esa postura y él le dijo que la negación de los derechos civiles a los negros era económicamente sensata. Cualquier cuestión moral le era irrelevante, contó su compañera. En la universidad, Thiel fundó la revista The Stanford Review que se proponía destruir los esfuerzos por introducir la diversidad y el multiculturalismo en el plan de estudios. Según Taplin, Thiel es un cúmulo de contradicciones y una de las más extrañas era la escandalosa homofobia de su revista. Aunque Thiel no admitió su homosexualidad hasta 2007, resulta extraño que él y muchos de sus amigos del equipo editorial fueran homofóbicos militantes que ocultaban su homosexualidad. Fobias redituables Thiel le tiene fobia al Estado porque le limita la capacidad de mover dinero con fluidez. Por eso creó Pay Pal, que al principio funcionó como un banco multinacional paraestatal que facilitaba el lavado de dinero. Su sueño húmedo es que el ámbito digital tenga autonomía y desregulación absolutas para no pagar impuestos y al mismo tiempo, tener derecho a extraer y procesar todo tipo de datos personales de millones de personas, países, instituciones e infraestructuras energéticas: esta acumulación de inteligencia sirve para identificar blancos de dron o hacer políticas preventivas durante la pandemia de Covid. Palantir de define como empresa de software que facilita la toma de decisiones en tiempo real a gobiernos y empresas, desde las fábricas hasta el frente de guerra. Su programa Vantage creó un sistema operativo para el Ejército de EE.UU. La plataforma de análisis de datos Foundry fue contratada a nivel gubernamental en EE.UU. y Europa. La aplicación Gotham es usada por la CIA y el ICE en EE.UU. para registrar información sobre personas a partir de fuentes públicas y privadas: sirvió para la expulsión de 600.000 inmigrantes. La mano derecha de Thiel en Palantir es Alex Karp director ejecutivo-- otro ex estudiante de filosofía Jurgen Habermas fue su tutor de tesis pero lo abandonó por desinteligencias--, quien escribió un libro con pretensiones tecno-platónicas: La República Tecnológica. Allí, Karp judío y no católico como Thiel-- denuncia que Silicon Valley ha perdido el rumbo. A partir de esta obra, Palantir posteó el fin de semana un resumen de ese libro en 22 tesis, un manifiesto empresarial que es un canto al tecnofascismo. Karp profetiza que la era nuclear está llegando a su fin. Porque la capacidad de disuasión de los países ya no se lograría mediante armas nucleares, sino sistemas de IA como los que vende su empresa: La cuestión no es si se construirán armas de IA, sino quién las construirá y con qué propósito. Una de las tesis parece un velado llamado a la guerra, dejando de lado el soft-power de la diplomacia para ir hacia un poder-duro, a partir del soporte del software aplicado al hardware de guerra. Por eso reclama que ciertos países se rearmen: La castración de Alemania y Japón tras la guerra debe revertirse. El mensaje es ambiguo: pareciera insinuar que Japón debe enfrentar a China, y Alemania a Rusia, como en la Segunda Guerra Mundial. Pero esta vez EE.UU. tendría que alinearse con el Eje. Contra el progresismo La teoría de Palantir denuncia que en el discurso político actual por culpa del progresismo-- está prohibido hablar de las historias de éxito de diversas culturas. O sea: quedaría mal subrayar el supremacismo del Occidente blanco judeo-cristiano. Por eso habría que resistir el pluralismo vacío y superficial. Todo esto sintoniza con los prejuicios de la ideología MAGA, con el llamado de Javier Milei a no convivir con determinadas culturas y la amenaza de Donald Trump de que toda una civilización morirá esta noche, para nunca volver. El manifiesto Palantir se opone filosóficamente no de hecho-- a la liviandad de Facebook, Instagram, X y TikTok como el modo que marcó el camino del desarrollo de internet. Queríamos coches voladores y en su lugar nos dieron 140 caracteres, declaró Peter Thiel. Dice Palantir que Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que propició su auge. Y Palantir viene a saldar esa deuda, dejando de lado las aplicaciones de entretenimiento para alimentar en cambio con su software, hacia una economía tecnológica que vaya por el lado de la seguridad, a la que se presenta como defensiva. Aunque es en verdad de ataque, como la aplicada por Donald Trump en Irán: Silicon Valley debe desempeñar un papel en la lucha contra los delitos violentos, especialmente frente a ese comodín que es el terrorismo, la descalificación perfecta para eliminar a todo aquel que genere desagrado. Este es el llamado a un mundo dominado por un EE.UU. autoritario que retome su liderazgo a partir de una vigilancia tecnológica marca Palantir. La crítica de la crítica Yanis Varoufakis ex Ministro de Financias de Grecia criticó esta semana al tecnofeudalismo de Palantir: los robots asesinos impulsados por IA están llegando. La tarea es lucrar magníficamente construyéndolos primero y haciendo preguntas después. Palantir hará lo que sea para evitar cualquier tratado internacional. Y denuncia que esta ideología libertaria quiere beatificar a Donald Trump, equipar a los marines de EE.UU. con bots asesinos que les quiten los restos de juicio ético que les queden en el campo de batalla, y que la política termine actuando como la IA, desprovista de toda empatía humana. Estos supermillonarios según el economista aspiran a eso mediante grandes narrativas que les ayuden a convencer a los pobres de entregar su libertad para mantener a la tecno-elite en el poder. Esto incluiría la necesidad de desechar la idea de que está mal juzgar a alguien por el color de su piel, etnia, género o religión. Así volverían a ser subhumanos los negros, musulmanes, asiáticos y las mujeres. Por eso, la idea de inclusivisdad fue un error desde la perspectiva Palantir: los subhumanos solo serán aceptados como sirvientes o proveedores de servicios sexuales, hasta que sean superados por los robots, denuncia Varoufakis. Thiel desea cambiar la geopolítica mundial: En lugar de la ONU, llena de interminables debates parlamentarios que parecen cuentos de Shakespeare contados por idiotas, deberíamos considerar la coordinación secreta de los servicios de inteligencia del mundo, como el camino decisivo hacia una pax americana verdaderamente global. Este supersistema de vigilancia que Thiel vende-- podría actuar como un marco político que opera fuera de los controles y equilibrios de la democracia representativa. El decálogo tecnolibertario predica que el progreso tecnológico debe buscarse sin descanso y desechando los peligros sociales. Asocian, a priori, al desarrollo con la idea de la libertad personal. Y el progreso científico sería la salvación. Por eso Thiel ha donado dinero a la Fundación Matusalén, dedicada a la prolongación de la vida y a detener el envejecimiento. La modernidad misma es un problema para el empresario: Hoy en día, la mera auto preservación nos obliga a todos a mirar el mundo con otros ojos, a tener ideas nuevas y extrañas, y así despertar de ese largo y provechoso período de letargo intelectual y amnesia que tan engañosamente se denomina Ilustración. Libertad para pocos En un ensayo escribió que no cree que la libertad y la democracia sean compatibles y que el enorme aumento de beneficiarios de la asistencia social y la extensión del derecho al voto a las mujeres, han convertido la noción de una democracia capitalista en un oxímoron. Hubo escándalo y se defendió a medias: Si bien no creo que se deba privar del voto a ningún grupo de personas, tengo pocas esperanzas de que votar mejore las cosas. En un artículo argumentó en favor de la aceleración del desarrollo tecnológico a toda costa: La ciencia y la tecnología son aliadas naturales de un marco escatológico en el que Dios obra a través de nosotros para construir el reino de los cielos hoy, aquí en la Tierra. Es decir que empresarios como él serían los salvadores de la humanidad que avanza aunque es evitable gracias a ellos hacia el Armagedón. Su ideología innovadora mezcla un futurismo utópico tecnocrático con una idea de redención mesiánica, un discurso que toma de la literatura de ciencia ficción. Y se nutre de la antropología de René Girard --autor de la teoría de la rivalidad mimética, también admirado por J.D. Vance mezclada con una teología apocalíptica y Thomas Hobbes. Opina que el mundo apático y zombi le teme a la tecnología y hay demasiado yoga. Y que por querer evitar el Armagedón tecnológico nuclear, por ejemplo-- la civilización se ha vuelto susceptible a algo aún más peligroso: el Anticristo, esa figura bíblica que unificará a la humanidad bajo un mismo gobierno, antes de llevarnos al apocalipsis: ¿Cómo podría llegar al poder el Anticristo? Jugando con nuestros miedos a la tecnología y seduciéndonos a la decadencia con el eslogan de paz y seguridad. Y el Anticristo podría aparecer bajo la piel de un filósofo crítico de los usos de la tecnología como Nick Bostrom. Thiel está convencido de que sin una nueva revolución tecnológica, el descontento con la globalización conduciría a un aumento de los conflictos y, tal vez, a una conflagración mundial. O sea: al Armagedón. El Anticristo que nos conduciría al fin del mundo ya podría estar aquí. Este proceso estaría siendo acelerado por las agencias internacionales ONU, OMS y otras y el ecologismo. Soy libertario, o liberal clásico, con una pequeña diferencia: me preocupa el Anticristo, dijo en una conferencia en San Francisco. Este Anticristo es quien cultiva el miedo al cambio climático, a la IA y a la guerra nuclear. Y usa esto para acumular un poder desmesurado y lograr un gobierno de unidad mundial que impondría restricción total al progreso tecnológico para evitar el colapso de la Tierra. Los organismos financieros internacionales tendrían su cuota de culpa, al dificultar que los ricos oculten su riqueza en paraísos fiscales, otra señal de que el Anticristo estaría acumulando poder: Se ha vuelto bastante difícil esconder el dinero porque el Anticristo no para de hablar del Armagedón. Todos estamos aterrorizados de que estemos caminando sonámbulos hacia el Armagedón. Y luego, como sabemos que la Tercera Guerra Mundial será injusta, eso nos impulsa. Nos esforzamos por alcanzar la paz a cualquier precio dijo Thiel, sin que nadie en la audiencia le recomendara un psiquiatra. Al contrario: pagan por escucharlo y aplauden. La Corte Penal Internacional es parte de la confabulación. Thiel lamenta que se persiga a Rodrigo Duterte --expresidente de Filipinas y la orden de arresto contra Benjamín Netanyahu. El Anticristo es un ludita que quiere detener toda la ciencia y podría serlo la militante ecologista Greta Thunberg: Greta es, quiero decir, tal vez, sea una especie de arquetipo o la sombra del Anticristo. El otro posible candidato es Eliezer Yudkowsky, un personaje del mundo de los negocios de la IA que se volvió tecnopesimista y profetiza un 99.5% de probabilidades de que si se alcanzara una Inteligencia Artificial General, esta aniquilaría a la especie humana. Vale aclarar que Thiel no es metafórico cuando habla desde el esoterismo: cree profundamente en todo esto. Cada profeta libertario tiene sus delirios místicos y los une la incoherencia. Ninguno llegó tan lejos como Thiel en sus fijaciones apocalípticas. Pero no se atrevió a decir que Robert Prevost --León XIV sea el Anticristo, aunque sí le preocupa que haya un papa estadounidense progresista. Al menos no llegó al extremo de Javier Milei diciendo que Francisco era el representante del maligno o sea, Satán-- en la Tierra, un insulto categóricamente mayor al de catalogar a alguien como El Anticristo.

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