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  • Un duelo, 8 chicos y aire: la historia detrás del nuevo récord de Monet

    » Clarin

    Fecha: 24/04/2026 06:20

    Era 1883. Hacía unos cinco años desde que el gran pintor francés Claude Monet había recibido a su segundo hijo Michel y luego perdido a su mujer Camille, de 32 años, se cree que por cáncer de útero. Ahora Monet, de 43 años, estaba tratando de rearmar su vida junto a Michel, su otro hijo Jean (16), Alice Hoschedé y los seis chicos de ella, con quienes había empezado a convivir cuando aún estaba Camille. Es que el marido de Alice, Ernest Hoschedé, amigo de Monet, galerista, crítico y coleccionista, había quebrado y su familia no tenía dónde ir. Los recibieron los Monet y nunca se irían. Es más, en 1892, un año después de la muerte de Ernest, Alice y Monet se casarían. Pero el asunto es que en el marco del adiós a Camille, con Alice y los 8 chicos, Monet quería un lugar tranquilo. Poder pintar. Todos se mudaron de París a una casita alquilada en Giverny, Normandía, norte de Francia, salvo Ernest Hoschedé, quien se quedó trabajando en la capital. Por entonces, mientras florecían los nenúfares de Giverny que Monet recreó vaporosos como sueños -pese a sus problemas de vista tanto o más que a causa de ellos-, él literalmente remaba: andaba en un botecito mirando paisajes, buscando luces para inspirarse. Pintar el aire Monet buscaba más. Quiero pintar el aire", confesó. "El aire en el que existe el puente, la casa o el barco. La belleza del aire donde ellos se encuentran. Bueno, hace unos días pudimos espiar Las islas de Port-Villez, obra de Monet de justamente 1883. La pintura fue subastada por Sotheby 's en Francia por 7,6 millones de dólares, tras pasar 115 años fuera del mercado, en una colección privada. En la misma convocatoria se vendió también otro trabajo de Monet desconocido por las mismas causas: Vétheuil, Efecto matutino (1901), a 12,1 millones de dólares. Y ambos cuadros se convirtieron en los más valiosos del artista vendidos en su país en los últimos 25 años. Las islas de Port-Villez se pueden mirar como un espejo de árboles y de Monet. La obra muestra un grupo frondoso desde y sobre el río ondulante. Se trata de un paisaje que tiende a ser dibujado a través de los tonos más que por formas definidas, como si estuviera hecho de ilusiones, sin las certezas que implican las líneas. Igual que debió pasarle al pintor, sobre todo, cuando descubría la posibilidad de una vida nueva en Giverny. En la otra pieza, Vétheuil, Efecto matutino, también parece estar Monet, acercándose a otro mundo de colores, chiquito, en su bote. Imposible pero real Tanto o más interesante que esta cuestión es que Monet creía que pintar el aire, eso que anhelaba, era imposible. ¿Se equivocó? Aparte de sus nenúfares célebres, los cuadros subastados este mes muestran que estuvo demasiado cerca de ese inalcanzable. Él se achica en las telas casi hasta diluirse pero sin perderse nunca. La obra de Monet, aún la más conocida, muestra siempre algo nuevo. Él también explicó que le llevó un tiempo "comprender" a los nenúfares de Giverny, donde finalmente compró su casa y vivió durante 43 años, hasta su muerte. Explicó: "Un paisaje no te cautiva en un solo día". Sobre la firma Newsletter Clarín

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