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Fecha: 20/04/2026 11:05
En un contexto donde la eficiencia productiva y la adaptación a escenarios variables se vuelven cada vez más determinantes, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) presentó dos nuevos cultivares de colza que buscan dar respuesta a las demandas actuales del sistema agroindustrial. Se trata de Juana INTA y Floriana INTA, dos materiales de tipo primaveral que combinan alto potencial de rendimiento, estabilidad y mejoras en el perfil sanitario. Leé también: Pastizales: una señal global para producir más sin perder biodiversidad El desarrollo de estas variedades forma parte del Programa de Mejoramiento Genético de colza que impulsa el organismo, con el objetivo de fortalecer la oferta tecnológica disponible para los productores. Ambos cultivares fueron evaluados durante varios ciclos agrícolas en distintas localidades de la región pampeana, entre ellas Oro Verde, Pergamino y Barrow, lo que permitió validar su comportamiento en ambientes diversos. Desarrollo con base científica Según explicó Lucrecia Gieco, coordinadora del programa, el proceso de selección se apoyó en una red de ensayos comparativos que permitió medir no solo los rendimientos, sino también la respuesta a distintas estrategias de manejo. Confirmamos su alto potencial productivo y su excelente respuesta a las siembras tempranas, una práctica clave para maximizar resultados en colza, señaló. En cuanto a sus características, Juana INTA se presenta como un cultivar de ciclo largo, mientras que Floriana INTA posee un ciclo intermedio a largo, lo que le otorga una mayor flexibilidad frente a distintas fechas de siembra. Esta diferencia, aunque sutil, resulta relevante a la hora de planificar esquemas productivos y rotaciones, especialmente en sistemas que buscan intensificar el uso del suelo. Leé también: Lanzan una nueva plataforma para vender y comprar activos ambientales del campo Otro de los aspectos destacados en el desarrollo de estos materiales es su comportamiento sanitario. Ambos cultivares fueron seleccionados por su resistencia a enfermedades, en particular al cancro del tallo, causado por el hongo Plenodomus lingam. Para ello, se realizaron ensayos tanto en condiciones controladas como en campo, incluyendo inoculaciones artificiales que permitieron evaluar la respuesta de las plantas frente al patógeno. A esto se suma la calidad de materia grasa, un atributo central para la industria aceitera. En este sentido, desde el INTA subrayan que tanto Juana como Floriana presentan perfiles adecuados para su procesamiento industrial, lo que refuerza su valor dentro de la cadena productiva. Del laboratorio al productor Más allá del desarrollo técnico, uno de los desafíos clave radica en lograr que estas innovaciones lleguen efectivamente al campo. En ese sentido, el INTA avanzó en acuerdos de articulación con actores del sector para garantizar la multiplicación y comercialización de las semillas. Las variedades serán producidas por la Cooperativa de Aranguren (COOPAR), mientras que Floriana INTA también contará con una estrategia de comercialización en Uruguay a través de un convenio con una empresa local y la firma MegaAgro. Esta inserción regional no solo amplía el alcance de la tecnología, sino que también valida su adaptación en distintos sistemas productivos. Leé también: Nuevos arándanos argentinos conquistan mercados: más sabor, tamaño y exportación De hecho, Floriana INTA ya cuenta con registro en Uruguay, donde ha mostrado un desempeño destacado en términos de rendimiento y estabilidad. Este antecedente refuerza las expectativas en torno a su adopción una vez que esté disponible en el mercado argentino. Desde el programa de mejoramiento estiman que ambos cultivares estarán disponibles comercialmente a partir de 2027. Su incorporación se suma a otros desarrollos previos del INTA, como Delfina INTA y Macacha INTA, consolidando una línea genética que busca posicionar a la colza como una alternativa cada vez más relevante dentro de las rotaciones agrícolas. Leé también: Caminos rurales: fallos judiciales a favor de los productores En un escenario atravesado por la variabilidad climática y la necesidad de diversificar sistemas, la elección del cultivar adquiere un rol estratégico. Contar con materiales adaptados al ambiente, con buen comportamiento sanitario y adecuados ciclos fenológicos permite optimizar el uso de recursos, mejorar la estabilidad de los rendimientos y reducir riesgos productivos. En ese marco, las nuevas variedades representan una herramienta concreta para los productores que apuestan por la colza como cultivo invernal. Su capacidad de respuesta a siembras tempranas, combinada con su perfil sanitario y calidad industrial, las posiciona como una opción competitiva dentro del esquema agrícola. Leé también: Una red de cooperativas santafesinas certifica prácticas laborales sostenibles en el agro Así, el trabajo del INTA vuelve a poner en evidencia el valor de la investigación pública aplicada al desarrollo productivo, aportando soluciones concretas que impactan tanto en el campo como en la industria.
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