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Concordia » Despertar Entrerriano
Fecha: 19/04/2026 10:13
Era un fierro oxidado, pero yo ya la veía como está hoy: la historia detrás de la Ford F100 que volvió a la vida por un sueño en marcha La restauración de vehículos suele asociarse a un hobby o a un proyecto personal ligado a lo estético. Sin embargo, detrás de una Ford F100 modelo 66 que hoy habita en nuestra ciudad, hay una historia que va mucho más allá de lo estructural. Se trata de una camioneta que atravesó generaciones, fue herramienta de trabajo y formó parte de la vida cotidiana de una familia. En ese contexto, y mientras transita la etapa final de su restauración, Despertar Entrerriano dialogó con Fernando Fonsea, su dueño, quien decidió invertir tiempo, esfuerzo y recursos para devolverla a su estado original, impulsado por el valor sentimental que la mantiene vigente. Una camioneta que fue familia, trabajo y vida La historia de esta F100 no empieza en un taller ni en una compra reciente. Inició mucho antes, incluso del nacimiento de su actual dueño. Fernando Fonsea, de 46 años, cuenta que la camioneta llegó a su familia a fines de los años 70 y desde entonces se convirtió en una pieza central en su historia: Mi viejo la compró en un campo, antes de que yo naciera. Yo nací en el 79, así que prácticamente estuve toda la vida arriba de esa camioneta. Fue el caballito de batalla: trabajó en camisería, en empaques de citrus, llevando gente al monte, en supermercados, siempre laburando, recordó. Con el tiempo, ese vehículo dejó de ser solo una herramienta de trabajo para convertirse en parte de la infancia. No teníamos auto, era la camioneta para todo. Me acuerdo que con mi hermano peleábamos por ir en la ventanilla. Íbamos y veníamos manejando el volante siendo chicos, con 8, 9, 10 años. Después aprendimos de verdad, pero ya veníamos con práctica, contó, entre anécdotas que mezclan nostalgia y humor. Incluso, esa cercanía dejó historias que hoy parecen impensadas. A los 11 años ya tenía mi primera multa. Fui a hacer un mandado acá cerca, me vio un agente de tránsito, me siguió y bueno, se armó. Era chico, pero ya andaba en la camioneta como si nada, relató. Sin embargo, todo ese recorrido se frenó abruptamente a fines de los 90. Un accidente dejó la camioneta en muy mal estado y terminó abandonada en un taller durante más de dos décadas. Quedó hecha pelota y ahí quedó, desde el 98. Pasaron 22 años, explicó. De fierro oxidado a proyecto de vida El punto de quiebre llegó el 3 de junio de 2019, una fecha que Fernando tiene grabada. Ese día logró recuperar la camioneta, aunque el panorama no era alentador. Estaba peor de lo que había quedado después del choque. Era un fierro oxidado, la cabina toda picada, sin motor, le faltaban piezas, pero yo ya la veía como está hoy, aseguró. Lejos de desanimarse, tomó una decisión clara: restaurarla completamente, respetando su esencia original. La idea siempre fue dejarla como salió de fábrica. Se hizo todo nuevo: tren delantero, frenos, motor, chapa, tapizado, todo. Lo único viejo es el chasis y quien te habla, dijo con una sonrisa. El proceso no fue fácil. Conseguir repuestos se convirtió en una tarea diaria, casi obsesiva. Tenía una planilla donde anotaba todo desde el 2019. Y hubo días que escribí: doy un paso para adelante y retrocedo dos. Porque no conseguís repuestos, no hay. Los espejos los conseguí en Neuquén, la máscara en Santa Fe, todos los días buscaba en Marketplace o Mercado Libre, detalló. A pesar de las dificultades, nunca pensó en abandonar. No iba a parar. Dije: esta la tengo que terminar como sea, afirmó. Incluso, la reacción inicial de su entorno fue de sorpresa. Cuando mi viejo la vio me dijo estás re loco, esto es una porquería. Y sí, para cualquiera era eso. Pero para mí no. Para mí es el pilar de todo lo que somos, sostuvo. Un sueño en movimiento: del pasado a la ruta Hoy, después de más de cinco años de trabajo, la camioneta está en un 95% de restauración. Ya funciona, circula y empezó a hacer sus primeros recorridos, aunque todavía en trayectos cortos para ajustar detalles: El otro día salí y me quedé porque no chupaba nafta. Pero es así, son cosas que pasan. Lo arreglás y seguís. Es parte del proceso, explicó, mostrando una mirada práctica y paciente. Lejos de quedarse en la restauración, Fernando tiene un objetivo claro que le da sentido a todo el proyecto. La meta es hacer la Ruta 40. Irme hasta el kilómetro cero y, si puedo, subir toda la ruta. Ese es el plan final, expresó. En ese camino, también hay una carga emocional fuerte. La camioneta no solo representa un proyecto personal, sino una herencia familiar. Sale más barato comprarse una camioneta nueva, sí. Pero esto es un sentimiento. Toda la vida estuvimos arriba de esta camioneta, fue la que nos dio de comer, remarcó. Hoy, con 60 años cumplidos, la F100 no solo volvió a la vida, sino que se prepara para escribir un nuevo capítulo. Uno que ya no tiene que ver solo con el trabajo, sino con cumplir un sueño pendiente: Yo la miro y me saca una sonrisa. Sé todo lo que costó, sé de dónde viene. Y verla así, es un lujo, cerró. Fuente: Despertar Entrerriano.
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