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» TN
Fecha: 19/04/2026 05:48
Sol Gari tenía 23 años cuando sufrió un accidente mientras andaba en rollers y se desfiguró la cara. No me reconocía en el espejo, contó en diálogo con TN. A partir de ese momento que le cambió la vida, empezó un largo proceso de recuperación que decidió documentar en redes sociales. Era el 28 de mayo de 2025 cuando salió a patinar por la costa de Mar del Plata como todos los días, porque es una actividad que la hace sentir viva y feliz. Sin embargo, cuando volvía a su casa, cerca de las 7 de la tarde, eligió bajar por una loma que ya conocía. En ese tramo, un auto estacionado en un lugar prohibido la tomó por sorpresa y, en cuestión de segundos, tuvo que decidir entre subirse a la vereda, con el riesgo de caer al mar, o impactar de lleno contra el vehículo. Y así fue: todo se volvió borroso, los ruidos se mezclaron, y aunque no sintió dolor, supo que algo estaba mal. Leé también: Es sordo, no conseguía trabajo y creó el primer streaming en lengua de señas de la Argentina Se me desconectaron todos los nervios de la cara, me rompí toda. No sentí ningún tipo de dolor, pero si sentía algo muy frío e hinchado que era mi labio. Sentía que tenía el ojo tapado y los dientes todos salidos, había mucha sangre, sentía todas esas cosas raras y no sabía qué partes de mi rostro eran, retrató sobre lo que fue ese momento de desesperación total. Entre el shock, la escena sangrienta y tener a varias personas rodeándola, Sol todavía no tenía noción de lo grave que había sido el accidente. Pero, en la densa vulnerabilidad que atravesaba, hubo una reacción que le cayó como un balde de agua fría. Escuché que una señora empezó a gritar se va a morir, se va a morir y dije uy, ¿qué me hice?, así que automáticamente pedí que llamaran a mi mamá, con quien no tenía vínculo hacía cuatro años". Cuando llegó al hospital y logró ser estabilizada, quiso entender que le había pasado, y la desesperación latía cada vez más ante la falta de respuestas: nadie sabía encontrar las palabras para dar una noticia así. Nadie me decía nada, no tenía espejos, no había nada. Cuando estaba en la cirugía cosiéndome la cara, pregunté si estaba muy mal, si me partí la nariz. No me contestaron tampoco. Pensé si no me están contestando es porque sí, estoy muy mal, contó. Sacarse las vendas y ver a otra persona Fue casi diez días después del accidente cuando pudo ver por primera vez cómo había quedado su cara y sacarse las vendas. Pero ese momento dolió mucho, porque la incertidumbre de pensar cómo iba a continuar la vida desconociéndose a sí misma, llegó a asustarla más que estar cerca de la muerte. Cuando salí de bañarme y me fui a mi pieza, me miré desnuda en frente del espejo. Fui subiendo la mirada muy lentamente, empezando por mis pies y mirando el cuerpo que había visto toda mi vida, expresó, y se quebró. Cuando llegué a la cara, fue muy difícil encontrarme con esa imagen, fue muy feo y muy doloroso. No entendía qué iba a hacer por el resto de mi vida para salir al mundo en ese estado, agregó. Fue complejo ver que todo lo que había conocido había desaparecido de un día a otro. Tuve que hacer el duelo porque era entender que perdí algo que me acompañó toda mi vida, entender que me había perdido y que no me iba a recuperar nunca más. Ni mis ojos, ni mi cara, ni mis labios, explicó. Con las tantas operaciones a las que tuvo que someterse, la joven contó que cada una de esas veces, verse al espejo fue tener que enfrentarse a una nueva cara y aprender a convivir con lo desconocido, intentando reconstruir su identidad en cada reflejo: Es difícil verse y no verse. Tener que entender y asumir que no vas a ser vos nunca más. A pesar de lo cruda que ya era la situación en sí, también hubo muchas opiniones ajenas que pesaban demasiado: Una cosa que me sirvió mucho para no darles bola fue pensar que nadie iba a ser más cruel conmigo que yo misma. Sobre eso, agregó: No hay nada que me hayan dicho que no me dije yo la primera semana. Yo misma me decía: Estás deforme, estás fea, estás irreconocible. Yo sola me decía las cosas más horribles. En medio del dolor físico y el impacto emocional, incluso las cosas más simples se volvieron un desafío. Comer era un suplicio, dormir sin ahogarse resultaba casi imposible y cada día implicaba volver a empezar. Con el riesgo de perder un ojo, teniendo ocho dientes menos y el alma destrozada, Sol tuvo que encontrar la forma de sostenerse en uno de los momentos más difíciles. Un nuevo propósito Sentía que me había arruinado la vida con sólo 23 años, confesó. Y aunque la angustia era insoportable, logró darse cuenta de que el mundo todavía le debía una revancha: Al segundo día me grabé diciéndome a mí misma que por más que tardara cinco años iba a volver a estar bien. Me prometí y me juré que no me iba a quedar en ese lugar, en esa tristeza, que iba a salir de ahí. Con la fortaleza que exprimió durante toda su vida para escapar de los momentos más oscuros, comenzó a dar los primeros pasos en un camino de recuperación que nunca frenó. En un intento de sentirse acompañada, la primera noche que durmió sola decidió subir un video a TikTok narrando lo que sentía. Poco tiempo después, miles de personas la abrazaron a la distancia y, en ese apoyo, encontró un espacio reconfortante que supo aliviar el miedo de esos primeros días. En esas filmaciones documentó cada operación, llanto y reflexión sobre lo que había pasado y lo que estaba por venir. Hoy acumula casi 110 mil seguidores en sus redes sociales (bajo el usuario @soysole_) y lo que en un principio fue un pedido desesperado de compañía, terminó convirtiéndose en el motor que la ayudó a seguir. Ahora ya no es compartir para sentirme acompañada, sino que es compartir para acompañar a todas las personas que están pasando por el mismo proceso que yo, afirmó. Los mensajes de gente agradeciéndole y contándole que sus videos los motivan para atravesar una situación parecida, llegaron como una catarata. En todo eso, ella encontró un nuevo propósito: Constantemente me hablan, me mandan fotos, y es como verme a mí. Me dicen que les hace bien que yo diga que de esto se sale. Esto a mi me hace sentir que mi accidente tuvo un significado. La vida no se terminó A los 29 días de ese día que la transformó como persona, Sol volvió a abrocharse los patines y enfrentó el trauma, porque decidió que nada iba a detenerla de hacer lo que le llena el corazón. Me puse los rollers por cinco o seis cuadras y me volví a tirar por la misma loma. Fue hermoso, me volví a sentir viva, me di cuenta de que la vida no se terminó, describió sobre ese momento que, aunque no pudo respirar, fue como una bocanada de aire fresco. Con el tiempo, su historia pasó de ser sólo un accidente a convertirse en una muestra de resiliencia. Entre todo lo malo que fue, fue muy bueno. Pude haberme partido la mandíbula, haber perdido la vista, me pude haber matado. Estoy muy agradecida de como se dio todo, relató. Uno no es consciente de todo lo que tiene, de tener un techo, agua caliente, comida. Yo no tengo trabajo y estoy sin un peso, sin embargo, no cambiaría nada de lo que tengo, añadió. 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